PENULTIMOSDIAS: “Playas del pueblo, pueblo con dueño”, por Henry Constantin
En Cuba, contrariamente a lo que pudiera pensarse, hasta las playas son lugares donde el cubano que vive aquí puede sufrir. Pregúntenles a los habitantes de la camagüeyana playa de Santa Lucía. A ellos, la gente del gobierno les dijo hace poco que de allí tenían que irse. Y todavía hay quien fantasea con los cambios de algodón de nuestro auto-electo gobierno. Alguna prensa cerró el año poniendo fe en la lentitud, cuando la lentitud es la misma prueba de que no se desea cambiar lo esencial. Pero cuando más hundido en la ensoñación está un cubano, el vozarrón del capataz recuerda que mover la superficie y dejar tranquilo el fondo, desde los tiempos de España, es inútil. Que el capataz, por más que se cuelgue un traje y lea discursos, nos sigue mirando con ojos de capataz.
Eso lo están comprendiendo los cientos de habitantes de la playa Santa Lucía. Casa por casa, indiferentes funcionarios les avisan que sus vidas allí deben terminar: un plan de desarrollo turístico, consultado con cualquiera menos con la gente del lugar, va a plantarse sobre las ruinas buldoceadas de sus viviendas. Lo irónico es que ya hay hoteles en otras áreas de la playa menos vistosas que el arenal de Residencial, y ni siquiera se llenan en el periodo alto del turismo extranjero.