PENÚLTIMOSDÍAS: “Réquiem por Humberto Arenal”, por Orlando Luis Pardo
Me lo señaló el escritor cubano Jorge Alberto Aguiar Díaz (JAAD). Humberto Arenal acababa de premiar un libro mío de narrativa (Collage Karaoke) en el Concurso “Pinos Nuevos” del año cero o 2000. JAAD me dijo: “Ve y preséntate tú mismo. Ese viejito es el último testigo de otra época”.
En verdad se veía muy viejito, enflaquecido, con su garbo un tanto anglo y ciertos dejos de lord. Un hombre con estilo, en medio del patio central amorfo del Instituto Cubano del Libro.
Me le acerqué. Hablamos. Fui varias veces a su apartamento en el edificio de Infanta y Manglar. Él siempre cordial para con un principiante tardío, como era yo, elogiando mis “condiciones para contar”. Luego hasta fuimos jurados juntos de otro certamen literario (sus criterios eran demasiados aburguesados a esas alturas de su vida: detestaba el realismo sucio por causas extra-literarias que él consideraba literarias). Todo fue acelerado. Todo consumido en el transcurso de un año. Entonces escribí mi cuento “Réquiem por Humberto Arenal”, ganador de una Mención en el concurso de “La Gaceta de Cuba” (diciembre 2001), y nunca publicado a petición mía.
Fui y se lo dejé a Humberto Arenal tan pronto como se hizo público el anuncio de mi Mención. Y ese fue el fin.