TUMIAMIBLOG: “La memorable desmemoria de Ela Calvo”, por Ernesto González
El sitio queda por la Plaza Vieja (remozadamente nueva), y está repleto de cubanos y extranjeros. Llegamos cuando el espectáculo iba por la mitad, es parte del proyecto Tradicionales de los 50 con el Conjunto Roberto Faz y voces setentonas que suenan como acabadas de estrenar.
Nos envían a una especie de ático (o BBcoa cubana), donde tampoco quedan mesas, y al instante nos llama la atención una voz que canta abajo.
Es Ela Calvo, ochentona, desgranando un bolero con idéntica fuerza a la que desplegaba tres décadas atrás en el Patio del Habana Libre (y quién sabe en cuántos patios más), y con la cual nos volcó los tragos a mi acompañante y a mí durante una de esas noches habaneras descargosas.
No recuerdo bien con quién estaba, creo que era un gran amigo ya fallecido, pero hubiera podido ser algún amante reciente, uno permanente o alguno ocasional. No importa. Algo nos vio aquella Ela, que la atrajo hasta nuestra mesa de dos a cantarnos y a agacharse hasta estar perfectamente a nuestro alcance, a decirnos la letra de cualquiera de esas canciones que hacía suyas.
Y parte de esa fuerza cantadora nos viró los vasos de tom o roncolen, tragos de moda que mi acompañante y yo habíamos relegado para inclinarnos hacia una Ela visitadora. El gesto de la intérprete al disolver nuestra triada cómplice e inesperada, removió la mesa y volcó los tragos, colocando un sello de infinito recuerdo a ese instante en que la cantante nos susurró tanto de lo que no podía decirse.