TVCAMAGÜEY: “Sida: nuevas confesiones a un médico. Historias para luchar contra el silencio”, por Norge Espinosa.
En su famosa intervención pública titulada “Por qué luchamos”, el activista gay norteamericano Vito Russo afirmaba, el 9 de mayo de 1988: “Si estoy muriendo de algo, estoy muriendo de homofobia. Si estoy muriendo de algo, estoy muriendo de racismo. (…) Vivir con sida —continuaba el autor de El closet de celuloide, en aquellos días en los que aún la pandemia era más que un asunto médico un auténtico y aterrador fantasma—, es como vivir durante una guerra que está ocurriendo solo para aquellos que están en las trincheras. Cada vez que explota una granada, miras a tu alrededor y descubres que has perdido a más amigos, pero nadie más parece advertirlo. No les está ocurriendo a los otros, esos que siguen caminando por las calles como si no estuviéramos viviendo esta especie de pesadilla. Y solo puedes escuchar los gritos de la gente que está muriendo y sus voces pidiendo ayuda. Nadie más parece darse cuenta.”
Más de 25 años han pasado desde que las primeras noticias sobre el VIH/sida empezaron a difuminarse. Recuerdo las primeras noticias que hablaban de un “cáncer homosexual”, y las imágenes de hombres que alguna vez fueron hermosos deformados por los efectos horribles de la epidemia.
En abril de 1986 se creó el Sanatorio de Santiago de las Vegas, y allí fueron enviados los primeros pacientes detectados en Cuba, coartándoseles las relaciones de aquello que hasta ese momento habían sido sus vidas, convirtiéndolos en parte de ese fantasmal peligro que no solo dañaba sus cuerpos, sino que además parecía dispuesto a borrar sus nombres y presencias del paisaje que parecía incontaminado.