Gramática de la inclusión y del consenso

Dagoberto Valdés

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El debate, la polémica, la discusión acalorada, de esquina o de salón, es un ambiente inseparable de la cultura cubana. Allí donde hay dos cubanos, o cubanas, hay tres partidos, cinco temas a la vez y cien opiniones pugilateando por ganar. Esto no es exclusivo de los cubanos, pero tiene el bemol caribeño. De ese talante ha salido Cuba, tal cual es y no como se presenta o se presentó para la escena de una historia con cirugía plástica y maquillaje.

Hubo, en esas discusiones, callejón sin salida, caudillismo patético y regionalismos cerrados. Pero la polémica, nacida de la sana diversidad, del respeto y la tolerancia, engendró pensamiento fundacional, virtud cívica. Los cubanos debemos y podemos, ahora más que nunca, aprender la gramática de la inclusión. Desde hace mucho tiempo hemos conjugado nuestra existencia, sobre todo, en las tres personas del singular: Yo, tú, él… cuando más, nos atrevemos a hablar de “ellos”, de los “otros”. Cuba necesita con urgencia la gramática incluyente de un “nosotros” en el que quepamos todos. El segundo pensamiento que me acicatea es: los cubanos debemos y podemos, ahora más que nunca, mejorar la ortografía del consenso. A lo largo de la historia de Cuba hemos sufrido no sólo de exclusiones gramaticales, sino, también, de frecuentes errores ortográficos, creo que fruto del analfabetismo cívico.

Consensuar los contenidos del debate público

Éste es un camino largo y difícil, pero estimo que hay señales que nos muestran la voluntad de un número significativo de cubanos y cubanas, de la Isla y de la diáspora, que desean transitar por estos derroteros. Hay algunos elementos que considero esenciales para ponernos de acuerdo en el significado, las actitudes, el alcance y los métodos de lo que considero debate público:

a] Lo primero sería sanear la semántica del término, no sea que estemos hablando de contenidos distintos.

b] Releer a Martí: “Con el dolor de toda la Patria padecemos, y para el bien de toda la Patria edificamos, y no queremos revolución de exclusiones ni de banderías... ni nos ofuscamos ni nos acobardamos. (…) Y esto hacemos aquí (…) un porvenir en que quepamos todos...”. (Martí, José; Discurso el 10 de octubre de 1881).

c] No es el debate por el debate. Es el debate con objetivos. Es el debate como camino, instrumento para alcanzar un fin.

d] El debate público auténtico debe proscribir explícitamente los ataques personales y las ofensas públicas. La diferencia entre debate público y campaña difamatoria o ataque para descalificar a los otros debe ser enseñada, aprendida y entrenada por todos los cubanos.

e] El debate público es una técnica que hay que aprender, pero es, también, y sobre todo, un espíritu, una atmósfera, que hay que crear.

f] Su carácter público supone una extensión en el contenido y otra extensión en los participantes. Ni autocensurado ni reductivo, sino incluyente, plural e independiente.

g] La presencia de los espacios de debate público debe ser absoluta y cotidiana. El debate público es la forma de relacionarse normalmente en una sociedad democrática.

h] La esfera pública será una parte estructural de la sociedad civil. Víctor Pérez Díaz, en su libro La primacía de la sociedad civil (Alianza Editorial, Madrid, 1994, p.140), rechaza “la pretensión del estado de monopolizar la esfera pública (...) manteniendo, por el contrario, que la sociedad civil era responsable, y capaz, (…) y estaba en mejor condición que el estado para resolver los problemas del crecimiento, la integración social, e, incluso, la identidad nacional”.

Reconstrucción de los espacios y el debate en Cuba

Casi imperceptiblemente, como ocurren las cosas más importantes en los sistemas totalitarios, porque si no, no pueden ocurrir; las personas independientes, los que han despertado a la soberanía ciudadana, los grupos que han aprendido (haciendo) cómo organizarse en sociedad civil, empujan de noche, como los campesinos de antes, las cercas del único dueño, para ampliar milímetro a milímetro los espacios de disenso público. Incluso, algunos sectores ofrecen a la oficialidad una fidelidad formal y expresa mientras abren todo lo que pueden el rango del debate permitido. Son nuestros “respiraderos”, como dice Pérez Díaz. El desmonte de la maleza totalitaria para dejar avanzar gradual y pacíficamente la vía de la comunicación.

En los 70 comenzaron los llamados diálogos entre cubanos de la diáspora y de la Isla, con presencia del Gobierno. En los 80, la Carta de los Diez. La década de los 90 vio aparecer Concilio Cubano y aquella Convocatoria al IV Congreso del PCC que invitaba a todos a expresar sus opiniones y propuestas. Marta Beatriz Roque, Félix Bonne, Vladimiro Roca y René Gómez respondieron con el documento La Patria es de todos. Recibieron cinco años de condena por opinar. Surgen en 1991 las Semanas Sociales Católicas; en 1993 se funda el Centro de Formación Cívica y Religiosa de la Diócesis de Pinar del Río y, al año siguiente, la revista Vitral (1994-2007). Ya en los años 2000, aparecen los llamados Itinerarios de Reflexión para el futuro de Cuba.

Surgirían también el Centro de Estudios Sociales y el proyecto de Bibliotecas Independientes; así como los Talleres Sociales de la Diócesis de Cienfuegos, la Cátedra del Instituto Pastoral Enrique Pérez Serantes, de Santiago de Cuba, los servicios de Consultoría Jurídica, Psicológica y Familiar que llegaría a tener su primer encuentro nacional en El Cobre, auspiciado por la entonces activa Comisión Nacional de Justicia y Paz.

A finales de los 90 y principios del nuevo siglo, se produce en Cuba lo que puede ser considerado la mayor experiencia cívica de debate público surgida de la disidencia: el Proyecto Varela, ideado y promovido por el Movimiento Cristiano Liberación, y asumido por Todos Unidos, que le brindó apoyo en toda Cuba junto a otros sectores de la sociedad cubana, y hasta por el ex presidente James Carter, quien mencionó y elogió el Proyecto Varela frente a la máxima dirección del país. Le siguió el Diálogo Nacional para conformar propuestas concretas con el aporte de todos los que desearon participar, y, ahora, se viene convocando y realizando la Campaña Cívica de Foro Cubano. Eso es también debate público.

Al mismo tiempo, se organizaban otros espacios de debate como la Propuesta de Medidas para salir de la crisis, de Todos Unidos, y Marta Beatriz Roque, la Asamblea para promover la Sociedad Civil aquel inolvidable 20 de mayo de 2005, culminación pública de un debate que venía haciendo el movimiento del mismo nombre.

La primera década del siglo XXI nos presenta nuevos intentos y nuevas represiones. Ese ir y venir de la puja de la libertad de expresión y de asociación y un sistema que pierde gota a gota el control totalitario en la base y ve nacer y crecer delante de sus manos; el sistema que ya no abarca un sinnúmero de pequeños espacios de debate y creatividad: las revistas De Cuba, Temas, Criterio, Consenso y sus blogs y carpetas, Bifronte, Espacios, otras publicaciones católicas, evangélicas, locales, nacionales y del exilio, como Encuentro de la Cultura Cubana, Revista Hispano Cubana, Ideal, En Comunión, Palabra, NPC, CUBANET, Disidente, y otras. El Movimiento de Periodistas Independientes de Cuba con sus agencias de prensa; la Mesa de Reflexión Moderada del Arco Progresista; espacios informales como el Té literario de las Damas de Blanco, las nuevas Tertulias de Pinar, después del desmantelamiento del Centro Cívico en la primavera de 2007, y una red de espacios pequeños esparcidos por la Isla, útiles todos para el entrenamiento de las bases ciudadanas con vistas al debate público. Ésta es la señal menos visible pero, en mi opinión, más valiosa por su impacto en las partes más vulnerables y menos entrenadas de la sociedad cubana. Existe también una plural y multiforme red de sindicatos independientes, colegios de profesionales como el Colegio de Pedagogos, y hay esfuerzos muy serios de unir y consensuar. El documento Unidos por la libertad es una muestra de lo mucho que se puede hacer. Por su parte, los diversos partidos de orientación ideológica liberal se organizan en la Unidad Liberal de la República de Cuba. Mención especial merece, por la esperanza que nos trae, el Movimiento Cubano de Jóvenes por la Democracia, y la reapertura de la Universidad Católica Santo Tomás de Villanueva de los Padres Agustinos, que fue intervenida y clausurada por el Gobierno a principios de la década del 60.

Dos eventos importantes y señeros del debate público en Cuba, ocurridos ambos en 2007, cierran estos ejemplos. Me refiero al debate de numerosos intelectuales cubanos contra la reaparición de Pavón y Serguera, inquisidores culturales de los 70, y al debate del discurso de Raúl Castro el 26 de julio de 2007, convocado por el propio Gobierno y Partido en todas las instancias oficiales. Son dos muestras diferentes de emergencia del debate público. El de los intelectuales: nace de una o varias personas, por correo electrónico, de modo informal, sin saber su alcance y su impacto; no es promovido por autoridad alguna.

El debate del discurso del vicepresidente nace del mismo Gobierno, cuenta con todos los recursos para su implementación, se hace en toda Cuba, aunque estas mismas características inducidas, que “permiten y solicitan” que “se pueden plantear todas las preocupaciones” de los participantes, limiten, por otra parte, su carácter de debate público, y hablan por sí solas del tipo de sociedad en la que aún vivimos, donde es necesario “permitir” esa participación, aclarar que “se puede plantear todo, sin miedo” y, además, el método es “recoger” todos los “planteamientos” y “elevarlos” a quien corresponda. A esta forma peculiar de debate la llamo la cultura del elevador: suben los planteamientos, bajan las respuestas. Si acaso funciona el elevador. En el de los intelectuales participan menos, pero se publica todo. En éste participan muchos, pero se publica poco. Otra especificidad que reduce su carácter como debate público. Pero ambos entrenan para una auténtica sociedad civil en Cuba.

Del silencio a la esperanza

Parece que disminuye el nivel de miedo social, aumenta la necesidad de expresión abierta, plural y honesta de cubanos y cubanas, van creciendo los pequeños espacios en que se puede entrenar la capacidad de debate respetuoso y propositivo, algunas experiencias llegan a alcanzar el pleno significado del debate público con todos sus requerimientos; otras, sin embargo, se ven lastradas aún por las inercias, manías e inexperiencias de más de un siglo de monólogo autoritario y totalitario. No es fácil desde una cultura del asentir, disimular, cuidarse, responder con lo que se quiere escuchar, pasar a una cultura del respeto a lo diferente y a los diferentes, una cultura del disentir, de la franqueza ciudadana, de proponer, de no tenerse que cuidar más que del ofender. Sin embargo, el diagnóstico, en general, es esperanzador. Sólo dando a conocer y tomando conciencia de las experiencias vividas nos aproximaremos al estado del debate público en la Cuba actual.

Por otro lado, el analfabetismo cívico de que hemos hablado ( Vitral; n.º 73, mayo, 2006, en www.vitral.org) hace cada vez más urgente una educación ciudadana que familiarice a todos con el verdadero concepto de debate público, con sus métodos y estilos, con sus fines y proyecciones.

Es obra que lleva años de empeño perseverante y capilar, pero merece la pena dedicar la vida entera a esta obra de educación ética y cívica. Creo que el futuro democrático, el progreso y la felicidad de Cuba, es decir, de todos los cubanos de aquí y de la diáspora, dependerán, en gran medida, del cultivo de la cultura del debate público: esencia, dinamo y parte estructural de una sociedad civil sana y creativa. Éste es el nuevo nombre de la democracia.

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