Andrés Lacau: viaje al centro de sí mismo

Jesús Rosado

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...la pintura es la luz y la palabra su sombra...

Leonardo Da Vinci

Andrés Lacau realizó estudios de artes plásticas en la Academia de San Alejandro y de música en el Conservatorio Nacional Amadeo Roldán, graduándose posteriormente en la especialidad de Lingüística Francesa en la Universidad de La Habana (1978). Debutó como pintor con una primera muestra personal de su obra en 1968. Radicado en España desde 1981, trabaja en la corriente informalista hasta mediados de los 90. Representativa de esta etapa fue la muestra Música y Materia (C. M. H. N. S. de Guadalupe, Madrid, 1993). Su currículum recoge más de cuarenta exposiciones, entre las que se destacan Mitología Taurina II (Galería Yázigi International, Brasil, 1999); 2da. Bienal de Arte Latinoamericano Contemporáneo (Cornell Museum of Art and History, Delray Beach, Miami, 2002); L`art et la magie (La Bohème Fine Art Gallery, Miami, 2002); Creadores cubanos en España (Palacio de Benacazón, Toledo, 2003 ); America Perpetuus Mobile (Galería Barradas, Barcelona, 2003); Texaureos Collection I (Universidad de Miami & La Bohème Fine Art Gallery, Coral Gables, Miami, 2004), la cual marcaría un giro expresivo en su trayectoria; Artexpo New York (Jacob K. Javits Convention Center, Nueva York, 2005); WIZO Miami Art Auction (Bay Harbor Islands, Miami, 2005); Art Miami (Miami Beach Convention Center, 2006), y, recientemente, Auction 06 Contemporary Latin American Art of MoLAA (Museo de Arte Latinoamericano de Los Ángeles, California, 2006).

El destino estético en Andrés Lacau se reformula dolorosamente a partir de aquella idea propugnada por Émile Cioran de que “no tener nacionalidad es el mejor status de un intelectual”. Y no es que Lacau haya extraviado su sentido de pertenencia o se haya resignado a la orfandad patria, sino que ha asumido la desterritorialización con estoicismo diogénico. La Isla puede llegar a ser un tonel en cualquier coordenada, como para que sea menos costoso consumar el transvase físico a la par que la reorientación diaspórica mental.

Detrás han ido quedando las aventuras de los 80 con la pintura informalista, aquel arte de sustancias primarias del Lacau recién llegado a Madrid, que bajo el influjo de Feito, Lucio, Tápies, Millares, etc., se hizo un generador de sinestesias a través de materiales como la arena, la madera y el hierro, cuyas texturas insólitas representaron, quizás, las primeras manifestaciones del principio sanador de su creatividad. La posibilidad de hacer una obra táctil, casi auscultable, con ingredientes tan víctimas del tiempo como la propia vida humana, y que amasara, fusionara y moldeara con fruición terapéutica, puede que haya marcado el punto de partida hacia el autoconocimiento en el autor y el ingreso a la dinámica resignificación que aprovecha el artista desplazado en los últimos movimientos migratorios para ubicarse en la denominada “cultura de frontera”, la zona franca de hibridación y conciliación del proceso metacultural.

Una década después, sobrevendría el inevitable aporte que se espera del legítimo talento en su nueva circunstancia. Entre las manos de Lacau cayó un ejemplar de El toro en el Mediterráneo (1996), obra de la historiadora Cristina Delgado Linacero, que constituye un análisis integral del mito taurino en las culturas mediterráneas y su importancia dentro del contexto económico, social y religioso de las antiguas civilizaciones. Lacau abandonó los experimentos informalistas y sobre lienzo extendido emprendió un ensayo derivativo que alcanzaría impactante valor visual en la medida en que se distanció de los lugares comunes de la iconografía tauromáquica. La levedad voluptuosa del legado taurofílico de Lacau, con sus claves delicadas e insinuantes y su simbolismo de alusiones lamianas, está más interesado en la historicidad de la zoolatría que en la confrontación brutal en el ruedo.

A tono con el texto de Delgado, el pintor intelectualizó su interpretación de la sacralización taurina a través de una gráfica sugestiva, por momentos críptica. Más tarde, Lacau emprendió una obra comprometida en integrar poética e imagen para concebir vigorosas visiones de la accidentada existencia humana y la brusquedad pendular de su destino. Textos de Borges, Heberto Padilla, Gastón Baquero, Cruz Varela y otros gestores sublimes se someten a la recreación que una mano deudora de Velázquez, Ribera y a cierta dosis de Tanguy convierte, más allá del literalismo, en una ideografía de estética conmovedora y meditativa.

He aquí a este último Lacau, además de pintor, filósofo —una condición en la que reinciden los utopistas empecinados— que ha ido adjudicando al cuerpo desnudo la simultánea posibilidad de vehículo y escenario, dualidad espléndida en asociaciones, con tan convincentes sugerencias que pudiera prescindir de las referencias literarias. El hombre y sus claustrofobias, sus fugas y sus destierros. El hombre fragmentado. La memoria sombría y las distancias. El naufragio íntimo, el desasosiego. Y en algún punto incierto del laberinto, la posibilidad de redención: el rescate, la emancipación, la cartografía de los sueños. Todo ello condensado ingeniosamente en el meditado discurso gestual, fruto de la acuciosa contemplación anatómica y de los ritos de la introspección, esa incursión dramática al norte y sur de la epidermis en busca de la Meca interior, uniendo, como recomendaría el polémico Michel Onfray, “la emocionalidad corporal a la reflexión”.

Pero Lacau ha continuado más allá en ese peregrinaje ontológico. El ejercicio visual en la serie Wisdom Collection, ocho cuadros que integraron la exposición Black & White, se concibe en torno a aquella fórmula matemática enunciada por fray Paciolo di Borgo en 1509, cuya aplicación dio una constante a la que denominó Divina Proporción, un concepto conocido en el mundo moderno como regla áurea y que posibilita a pintores y diseñadores una forma armoniosa de composición para lograr un efecto estético atractivo y eficaz. Recurso a partir del cual, Lacau articuló un complejo de imagen, empirismo y poética sobre la relación hombre-divinidad. Un viaje para aproximarse al punto que ocupa la humanidad en la gesta de la creación.

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Revista Encuentro de la Cultura Cubana, 48/49, primavera/ verano de 2008