(crónica)

Pedro Marqués de Armas

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el chino que colgaron de un pie
en las Caletas de Sán Lázaro
el que se metió de cabeza
en los filtros de Carlos III
el empalado de la loma
del burro el trucidado
del camino de hierro
el último peón
toda esa gente en aprieto
toda esa gente a la sombra
de qué
el que bebió la flor (pública) de los urinarios
el que degolló al Conde y lo dieron por loco
y después inventó un aparato para matarse
(Engranaje-Sin-Fin)
el verdugo que entraba por el boquete
el que le cortó la cara al Padre Claret
en un raptus luego de misa
el embozado que le pasó
la chaveta el que empleó
el veneno que no deja
traza (Rosa francesa)
toda esa gente en aprieto
toda esa gente a la sombra
de qué
el amante de la Bompart
apresado en el Hotel Roma
a 30 yardas de la Iglesia de Cristo
el que gritó —ante la trigueñita de los doce años
y el padre enloquecido colgado de un gancho—
ansias de aniquilarme siento el que soportó
el giro del tórculo pero no a las legionellas
el que arrojó vitriolo al negrero Gómez
junto al altar el que prendió yesca
el que echó la mora al agua
atada al cepo —dicen—
desde la eternidad
toda esa gente en aprieto
toda esa gente a la sombra
de qué

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