Religión
«La visita del Papa desinhibió a la gente»
José Félix Pérez, secretario ejecutivo de la Conferencia de Obispos Católicos, resume el significado del viaje de Juan Pablo II a Cuba, hace ahora diez años.
El día 21 de enero se cumplen diez años de la llegada a Cuba del papa Juan Pablo II. Además de recordar al finado pontífice, la Iglesia Católica local aprovecha la celebración para reanimar sus objetivos en clave interna.
Monseñor José Félix Pérez, secretario ejecutivo de la Conferencia de Obispos Católicos de Cuba (COCC), dialoga con ENCUENTRO EN LA RED sobre la impronta de aquella visita y el futuro de la Iglesia en la Isla.
En su opinión, ¿cuál ha sido el mayor aporte de la visita de Juan Pablo II a Cuba?
En el orden de la vida interior de la Iglesia, ha sido un impulso dinamizador de la evangelización. El Papa, con su presencia y con su mensaje, imprimió un nuevo entusiasmo apostólico, porque las comunidades se vitalizaron a partir de esta presencia pública. Otro aspecto que debemos tener en cuenta, para poder percibir todo lo que significó para la Iglesia, es que era la primera vez que la Iglesia se encontraba ella misma como sujeto con capacidad de convocatoria para el pueblo en lugares públicos.
De alguna manera, la visita del Papa significó un salir del templo hacia la calle. La Iglesia convocó al pueblo a través de sus limitados medios. La gente acudió, hubo una comunicación de empatía muy fuerte con el Papa. No sólo la simpatía de su persona, sino yo diría también una inteligencia de su mensaje. De modo que el primer efecto positivo, y el fruto mayor para la vida de la Iglesia, fue la dinamización del espíritu apostólico y misionero y el poder que la Iglesia experimentó al reunir al pueblo en torno a un mensajero de Dios.
Días después de aquella visita, muchos afirmaron haber visto un documento del Partido Comunista que orientaba 'despapizar Cuba'…
Realmente se comentó la existencia de este documento. Es probable que en algún sector de las autoridades, la impresión que causó la comunicación del pueblo con el Papa llevara a esta frase tan desafortunada, si es que se dijo. Muy desafortunada, porque era la contradicción de todo lo que se había dicho por parte del pueblo y las autoridades en cuanto a benevolencia y facilidades dadas para que la visita transcurriera tan exitosamente como ocurrió.
Pienso que eso va más a un nivel ideológico en algunos sectores, pero evidentemente queda como muy marginal dentro de lo que significó la visita del Papa.
¿Ayudó la visita de Juan Pablo II a destrabar las autorizaciones para realizar procesiones públicas y mensajes en los medios de comunicación del régimen?
Creo que sí, que ha tenido que ver, porque estuvo presente en los mensajes del Papa el hacer ver al pueblo y a las autoridades el derecho de la Iglesia a acceder a los medios de comunicación. Y un acceso que se desea cada vez más normal, más fluido y amplio. Concomitantemente, para muchas personas la visita significó una desinhibición de temores acumulados para expresar públicamente su fe. Eso se vio la semana siguiente, cuando muchas personas acudieron a los templos; no de una manera espectacular, pero sí notable. Mucha gente volvió y pidió el bautismo para sus hijos. En 1998 aumentaron los bautismos de niños y adultos.
Algunos se preguntan, sin embargo, si la Iglesia cubana ha recibido dichas autorizaciones como contraprestación por reducir el perfil político…
El planteamiento mismo de esta pregunta coloca a la Iglesia donde no debe. La misión de la Iglesia es evangelizadora. Creo que sería una trampa, tanto para la Iglesia como para el Estado, colocarse en una política de "te doy para que me des".
La Iglesia sigue el camino que Cristo le marca, que es anunciar el Evangelio, celebrar los sacramentos, socorrer a los pobres… Esta es nuestra misión, y eso se hace independientemente de ventajas que se puedan obtener, sea con silencios o con acciones. La naturaleza y misión de la Iglesia no pueden estar entrampadas en una política de premios y castigos. Ni esperar esto, ni ella misma favorecerlo.
Hubo muchos mensajes y discursos durante la visita del Papa, pero el del arzobispo de Santiago de Cuba, monseñor Meurice, fue de los que tuvo una mayor repercusión mediática. ¿Rompió este mensaje la 'armonía' del viaje?
Pienso que para algunas personas fue sorprendente, por el tono y el contenido; pero tampoco es algo que impidió el desarrollo —ya se vio después— de todo lo que estaba programado, de manera normal y armoniosa. Fue un momento de la visita, pero no el único.
¿Está vigente el mensaje de Meurice?
Ese es su pensamiento. En algunos aspectos, yo diría que sí, que permanece vigente. Quizás el modo de tratarlo, cómo enfocarlo, la oportunidad de hacerlo, bueno, eso ya supone, al cabo de los años, otra contextualización. Estamos en otro contexto y, evidentemente, repetir diez años después las mismas palabras supondría, me parece, algo mecánico. Habría que hacer matices y contextualizar lo que fue su pensamiento. Y además, no tomarlo en bloque, viendo la vigencia de cada aspecto para no caer en simplismos.
¿Cómo ve la influencia de la Iglesia —en el futuro— en un sociedad cubana muy desprejuiciada en temas como el sexo y el aborto, donde lo moral es cada vez más relativo y muchos practican religiones más 'flexibles', como las afrocubanas?
Una influencia que es la propia del Evangelio. Es decir, es la levadura en la masa. La Iglesia no va a influir de manera masiva, porque no cuenta con los medios para hacerlo. El valor del mensaje que predica, el proyecto que propone el Evangelio, atraerá y fecundará en la mente y en las buenas voluntades de quienes se acerquen a recibirlo y lo acojan con responsabilidad.
Pienso que hay un papel importante y la Iglesia lo cumplirá, con la gracia de Dios, en la reconstrucción del hombre cubano, en la recuperación o adquisición de los valores que hacen digna a la persona en su conducta, tanto sexual como en todo comportamiento moral. Hay que trabajar mucho en una especie de rehabilitación ética. Y no sólo en Cuba, sino en cualquier parte del mundo la Iglesia enfrenta retos extraordinarios. No creo que estemos en desventaja con respecto a Europa, en este campo, sobre los desenfoques que hay respecto a la sexualidad, el valor sagrado de la familia, la vida…
¿Significa la visita del secretario de Estado del Vaticano un primer paso en un futuro viaje de Benedicto XVI a la Isla?
No lo creo. El papa Benedicto XVI ojalá pudiera venir, pero hay que recordar que ya es un hombre mayor y que su proyecto de pontificado —él mismo lo ha dicho— no es hacer lo que hizo Juan Pablo II en cuanto a viajes por el mundo. De modo que no hay nada previsto con respecto a una futura visita del papa Benedicto XVI a Cuba. La del cardenal [Tarsicio] Bertone no se vincula para nada con eso.
© cubaencuentro
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