Sociedad
Navidades sin rebajas
Abolida ayer y vendida hoy, la festividad cristiana aporta al PIB socialista.
Bajo la mirada de un Fidel Castro inquisitorio, pegado en el cristal, la tendera vende artículos navideños: bolas, rabos, guirnaldas, bibelots. "La gente se los lleva, es lo más barato", dice detrás de un mostrador improvisado a la salida de la tienda. Los Santa Claus, de diverso tamaño, se amontonan. Resultan más caros.
Si buscan señales de la Navidad en Cuba, lo mejor es dirigir la mirada hacia los comercios y establecimientos del Estado, el mismo que la prohibió en 1970 y luego la "rehabilitó" en 1998, en una parábola que describe los excesos del dogma y el oportunismo del mercado.
"No tenemos derecho a la educación religiosa, ni a prensa, ni a programas sociales de envergadura, pero el Estado nos vende arbolitos de Navidad".
La queja es de Juan Martín, un funcionario de la Iglesia Católica cubana. "Hubiera querido que mis hijos se educaran en escuelas religiosas o que simplemente permanecieran dentro de la familia y sus valores. Uno se fue y el otro es ateo", narra con pesadumbre.
Agarradas a la tradición, muchas familias cubanas se resienten de los vaivenes de la política. Otras observan simplemente cambios.
"Es dialéctica, amigo mío", refuta uno de los clientes. Se lleva un arbolito por 25 convertibles, equivalentes a 650 pesos, poco más de dos veces el salario promedio en la Isla.
"No creo en ninguna religión, pero mi hija me insistió en comprarlo para adornar la casa. Ella consiguió el dinero. Me parece más una tradición que una religión", explica.
Sincretismo y comercio
La religiosidad en Cuba es un turbión de corrientes, credos e interinfluencias venidas del África animista y la España católica, sus aportadores principales. Esta amalgama evita en muchos la ortodoxia y facilita las ambigüedades espirituales.
"Existe una religiosidad privada en la que el individuo conforma su sistema a partir de la integración de componentes de diversos complejos religiosos", opina el especialista René Cárdenas.
Integrante del Departamento de Estudios Sociorreligiosos del Centro de Investigaciones Psicológicas y Sociológicas, el experto admite que resultaría "imposible desconocer que en la conformación de la religiosidad más extendida" existe una importante presencia de símbolos y referentes católicos.
Sin embargo, Cárdenas da cabida a otros sistemas religiosos. Se cuentan el espiritismo y animismo africanos, creencias y prácticas paganas europeas y canarias, entre otros, los que "han llegado a conformar un producto nuevo, diverso, que (…) no puede reducirse en exclusiva a uno u otro de sus elementos fundantes sin afectar el resultado mismo".
Tampoco la mixtura ha faltado en los espacios comerciales estatales. Ornamentos navideños cohabitan en puertas y escaparates junto a posters de Fidel Castro alusivos al aniversario 48 de la revolución. La empresa CIMEX, uno de los pilares de la economía en moneda dura, los hizo estampar por miles.
"No me explico cómo lo permiten. Hace unos años, MachadoVentura prohibió todo este tipo de cosas navideñas en las vidrieras. Imagínese que yo me llevé las bolas para el arbolito de mi casa", recuerda una dependiente a la salida del centro comercial por departamentos Carlos III.
Se trata más de una estética de fin de año que de una espiritualidad combinatoria de símbolos religiosos y políticos.
Quita y pon navideño
El mensaje ya no sonroja a nadie: Castro llevó el quita y pon navideño en una agenda de notas discordantes, pero convenientes, que únicamente él, con su "carisma", ha podido hacerle tragar a los cubanos.
La esgrima entre la revolución y la Iglesia Católica comenzó desde el mismo 1959. El clero, en línea con la oligarquía desplazada pero también representando a cubanos de otros sectores, lanzó rápidamente sus primeros sablazos contra el nuevo régimen. Los privilegios de clase habían quedado dañados o abolidos.
El contragolpe no tardó. Fidel Castro hizo reembarcar a los curas falangistas de vuelta a la madre patria, cerró algunas iglesias, pero respetó la tradición navideña. Es más, hasta 1969 incluyó en la cartilla de racionamiento una canasta que ahora se recuerda con nostalgia.
Nueces, turrones españoles y vinos búlgaros, uvas de no se sabe dónde, mermeladas, membrillo, vita nouva, queso y enlatados con jamón, entre otros, eran esperados con ansiedad por los agradecidos cubanos de los sesenta.
El timonazo vino en el año 1970. Entonces Cuba, en maridaje cerrado con los soviéticos, afianzaba la educación ateísta y los creyentes, de cualquier confesión, eran mal vistos y relegados. Otros, como los santeros o paleros, podían terminar en la cárcel.
Las requisitorias planillas laborales tenían casillas para marcar el tipo de religión o creencia del solicitante. La inmensa mayoría callaba y se declaraba atea.
La cosecha de azúcar, planificada para diez millones de toneladas, movilizó a centenares de miles de ciudadanos como cortadores de caña. Castro, maestro de oportunidades, explicó que el regreso navideño de tales fuerzas comprometía la meta en el momento de mejor rendimiento.
La meta fue imposible de cumplir, el país se traumatizó y las navidades no volvieron. Fueron disimuladas por las fiestas de fin de año. Hacia el interior de las familias cubanas la tradición cayó en desgracia.
Veintiocho años después, con la visita papal, resultaron restituidas como regalo a Juan Pablo II. Desde entonces el 25 de diciembre es feriado en la Isla. Pero llegar al feriado navideño fue parte de una evolución del sistema cubano, obligada más por las circunstancias externas que por la madurez de una visión política.
Más de lo mismo
El colapso del llamado socialismo real en Europa y la Unión Soviética implicó una reforma indeseada de algunos presupuestos intocables y el Partido Comunista admitió en sus filas a creyentes, en un intento por ampliar sus bases en momentos de deserciones, renuncias y fuertes cuestionamientos.
La pluralidad religiosa cobró explosividad en los años noventa y hasta hubo lugar para una comunidad musulmana. Los turistas metían sus narices en los toques de santería y en su plan maestro de la Habana Vieja, el historiador de la ciudad, Eusebio Leal, concibió templos para las religiones monoteístas en el afán de tener una capital ecuménica. Sus detractores hablan de parque temático.
Las navidades de este año son más de lo mismo: la libra de carne porcina se mantiene por encima de los veinte pesos, los plátanos para freír cuestan más de dos pesos y los frijoles negros, si se encuentran a cinco pesos, es porque se está en manos de la suerte.
"De qué navidades hablan, si no hay siquiera rebajas", se queja una anciana a la salida de un comercio habanero.
Lo diferente es que el líder Fidel Castro continúa sin dar fe de vida y sólo Chávez habla por él. Pocos saben la mala noticia del diario británico The Independent, el cual afirma que el gobernante no sobrepasará las navidades. Especulaciones aparte, muchos no querrán darse por enterados. Por esta vez, dicen, bienvenida la censura.
© cubaencuentro
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