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Retratos de Delio Regueral

14/11/2007 17:15
Sí

Fotografía

El retrato simula una manera del canibalismo místico de ciertas comunidades primigenias: en cada imagen, el artista roba para sí parte de los atributos de su modelo-presa y los transfigura en una alegoría llamada a vencer la prueba implacable del tiempo. Delio Regueral, artista cubano residente en Miami, tiene un apetito insaciable por revelar los enigmas que alberga el género rey del arte de la foto cuando afronta sus desafiantes inspiraciones.

Si el rostro es el espejo del alma, sus retratos son una suerte de pantalla viva fragmentada en múltiples lentes quiméricos. Cada tragaluz nos devuelve un reto que hace reflexionar sobre la suma de experiencia vital acumulada en una mirada, un desplante, un gesto, un reclamo, una dádiva. Es la gramática de la luz en momentos privilegiados.

El lente de Regueral escudriña más allá de las apariencias, su pupila ensaya la calma que antecede las tormentas. Los ojos de sus retratos son inquisitivos, infidentes, canónicos. En los contados casos donde el artista los elude, discurre una broma o un apunte de buen gusto. Puede ser el enfático puño de un boxeador o las prístinas sandalias doradas de una famosa escritora.

Incluso en los momentos de cierta puesta en escena, como corresponde a la modalidad, los retratos de Regueral exudan un instinto casi animal en su exploración del azar. Son poses sin guión, como si hubieran acontecido de una sentada.

Porque el desplazamiento y la fuga son hechos consustanciales a la insularidad, los retratos de Delio Regueral trazan un viaje de la imaginación por distintas estaciones de la idiosincrasia cubana en busca de respuestas apropiadas a ingentes interrogantes. En medio de la diáspora involuntaria es la manera más sutil de retornar, como un hijo pródigo, al hogar de sus ancestros y explorar su capacidad de pertenencia.

Estos retratos son como huellas dactilares que se resisten al desvanecimiento del olvido. Hablan de la necesidad de perdurar. Los miramos y nos devuelven el cumplido con un donaire parejero. El don de Delio los ha marcado para siempre, son pasajeros infinitos de una aventura fascinante.

Cundo Bermúdez

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