Opinión

De la sombra a los flashes

¿Qué será del protagonismo de Raúl Castro tras sus quince minutos de fama en la pasada Cumbre de los No Alineados?

El segundo hombre de Cuba pisa las alfombras rojas, posa para las fotos junto a mandatarios y hasta bromea sobre su estado de conservación. El presidente panameño Martín Torrijos consideró que debía felicitársele por manejar exitosamente el encuentro de más de cien países.

Primero se le vio tironeado por una hosca timidez, con las horas, ya sonriente, pareció disfrutar de la ocasión. Ese fue Raúl Castro, de general a la sombra a anfitrión de líderes mundiales en la recién concluida Cumbre de los No Alineados.

Pero luego de los flashes, ¿qué? La pregunta está en boca de muchos, que observan un país gobernado a cuatro manos o tal vez más.

En elegante batín y calzando zapatillas Adidas, Fidel Castro recibió en sus habitaciones a diez amigos y personalidades invitadas a la Cumbre. A veces se le vio algo trémulo, todavía frágil, pero las más vivaz y ocurrente.

Las apariciones del actual presidente en funciones —primer vicepresidente, general de Ejército, ministro de las Fuerzas Armadas Revolucionarias o segundo secretario del Partido Comunista, según la nomenclatura de la prensa oficial— continúan en ascenso, siempre discretamente.

Aunque las salidas de Raúl reportadas por la prensa crecen, su número por sí solo no ofrece un peso crítico a las funciones que transitoriamente le han sido transferidas por el propio jefe de Estado durante su convalecencia.

"Una cosa es que él dé la cara y otra lo que realmente pueda hacer", opinó un taxista privado que me observaba leyendo el periódico Granma. "Y habría que ver, finalmente, si en realidad quiere hacer algo por sí solo o si lo dejan", especuló mientras esperaba la verde del semáforo.

Todas las impresiones de allegados y visitantes del jefe de la revolución son casi unánimes: Mantiene la lucidez y no es un paciente ocioso. Hay mucho interés en recalcar eso último. Infunde respetabilidad y cierra el paso a rumores de decrepitud. "El caguairán (…) sigue cada vez mejor y no crean que está tirado en una cama", dijo Raúl Castro en el congreso del Sindicato Nacional de Trabajadores Civiles de la Defensa, citado por el diario oficialista Granma.

"Tiene un teléfono al lado y si los otros días dije que lo usaba, ahora digo que cada día lo usa más", afirmó. Las declaraciones de Raúl Castro parecen confirmar la reasunción progresiva del control por Fidel, al menos en las cuestiones estratégicas. Si tal cosa es como se dice que es, entonces el país es dirigido por una suerte de gobierno bicéfalo o compartido que todavía no entrega un perfil definitivo.

"Si te detienes en la gestualidad de Raúl durante la Cumbre, te percatas de que estaba asumiendo un papel con un toque de irónica teatralidad", resuelve decirme un crítico de arte dramático. "No soy experto en política, pero creo que lo hacía para cumplir con su hermano y nada más. Aquello de ser el centro, el anfitrión, lo tomaba como un juego que por fortuna para él demoró sólo un par de días".

'El segundón'

Se sabe que Raúl Castro es un hombre que detesta los reflectores sobre él. Hasta se rumoraba que a fines de los años ochenta ya planificaba su retiro al frente de las Fuerzas Armadas y que soñaba con una vida familiar en el Segundo Frente, una frondosa área de la Sierra Maestra que en 1958 estuvo bajo su mando de comandante en la guerra contra la tiranía de Batista.

El caso Ochoa en 1989 y luego el desastre soviético esfumaron los planes de la familia Castro-Espín, compuesta por cuatro hijos y ocho nietos. El país entraba en una crisis sin precedentes y el futuro se barruntaba más incierto que nunca.

"Él es distinto de Fidel. No padece de vanidad política y creo que le importa poco un lugar en las enciclopedias. En la Edad Media no hubiera tenido problemas con ser el segundón", hace ver el experto en teatro. La propia Alina Fernández, hija natural del comandante con Naty Revuelta, defendió ese carácter familiar de su tío Raúl en un libro vehemente publicado en el exilio: La hija rebelde de Fidel. Sus consideraciones de entonces las reiteró en una reciente entrevista en Santiago de Chile para la CNN.

Una de sus hijas, Mariela Castro, está al frente del Centro Nacional de Educación Sexual y promueve un código de tolerancia hacia los homosexuales. En agosto último viajó a Montreal para participar como ponente en las Olimpiadas Gays, un foro en que expuso logros y también retos de la comunidad homosexual en la Isla. A las virtudes hogareñas de Raúl se le suma su visión pragmática, cuyos límites todavía están por ver. Valen más los frijoles que los cañones, llegó a decir públicamente en pleno "período especial", una frase más propia de un iconoclasta, que de un ministro de las FAR. El momento era sumamente tenso, de supervivencia.

Durante la recesión de los noventa, con urgencia instrumentó para las Fuerzas Armadas un sistema de oxigenación financiera, creando el grupo hotelero Gaviota, además de almacenes, flotas de taxis terrestres y aéreas, y cadenas de tiendas llamadas por sus siglas TDR Caribe (Tiendas de Recaudación de Divisas.) Su férreo ejercicio de mando ha puesto a raya a toda su burocracia en contacto con el dinero y las comodidades que para cualquier cubano de a pie resultan lujos. Los casos de corrupción han sido inmediatamente corregidos.

Raúl Castro ha estudiado in situ el experimento chino de socialismo liberal y en 1994 anunció la vuelta de los mercados libres agropecuarios, una medida por la que Fidel siente aversión.

Sin embargo, para muchos está claro que las diferencias entre los dos hermanos son más tácticas que estratégicas y que en última instancia sólo un desquiciado apostaría a un cisma.

Washington llama a Raúl, no sin sorna, un "Fidel light", acusando ese perfil pragmático, menos romántico y atento a los tirones de la realidad. Para el canciller Felipe Pérez Roque esas son bobadas. "No hay en el pensamiento político de Fidel y Raúl un alfiler de diferencia… No cabe un alfiler entre esos dos pensamientos, entre esos dos compromisos", afirmó tajante el diplomático y ex secretario personal del gobernante cubano.

En una crónica publicada por Granma, el periodista y diputado argentino Miguel Bonasso se pregunta si Fidel Castro, una vez restablecido, "volverá a ser el de antes, el infatigable, o se concentrará exclusivamente en algunas tareas estratégicas… Es una pregunta difícil de contestar", que el propio ex militante montonero no se atrevió a formularle.

Si ese alfiler llega a ser encontrado, tendríamos, quizá, una parte de la respuesta. La otra, ya la sabemos. Granma no publica preguntas inocentes.

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