Opinión

Los nuevos cardenales

Fidelito, Mariela, los Lage Codorniú: ¿Adónde nos llevarán las genealogías patrilineales de la Revolución?

Según la enciclopedia en la red, Wikipedia, el nepotismo es la preferencia que algunos dan a sus parientes a la hora de obtener un empleo público.

Es conocido, por ejemplo, que los jefes católicos ejercieron repetidas veces su voluntad y su fuerza para favorecer a sus familiares en la jerarquía eclesiástica. Le repartían los títulos de "cardenales" a sus sobrinos (nepotismo viene del latín nepos, que significa sobrino), que no eran más que sus hijos ilegítimos.

Uno de los casos más famosos de nepotismo, dice Wikipedia, fue el de Alejandro I, quien promovió al hermano de su esposa como cardenal, Alessandro Farnese, quien llegaría con el tiempo a ser el papa Pablo III.

En el ámbito de los negocios, casi puede decirse que el nepotismo es una práctica común. El padre entrena al hijo desde pequeño para que un día sea el gerente de su empresa. Le encomienda vigilar y aumentar la ganancia que heredó de su familia.

En la política, sin embargo, el nepotismo suele criticarse duramente, ya que instaura el personalismo en el sistema, supuestamente democrático, y desmoraliza con ello a aquellas personas que teniendo muchas más aptitudes para ocupar el puesto del "heredero", tienen que soportar su arbitrariedad y su mandato. En tal sentido, la política y los puestos públicos se entienden como cosa privada, como cosa-nostra, que este grupo maneja a su conveniencia y beneficio.

'Busca el padre'

¿Cómo se relaciona todo esto con Cuba? Muy sencillo. La política, la economía y la cultura de la revolución es incomprensible sin esta institución que heredamos de la colonia. Hay tantos que si en Francia se dice comúnmente "¡busca la mujer!", en Cuba debería decirse "¡busca el padre!".

Tal es así que, a medida que pasan los años, uno más se da cuenta que quienes llevan el poder en Cuba en muchos sectores de la vida pública son los hijos de antiguos dirigentes de la Revolución, ministros, comandantes, e incluso del mismo presidente de la República. Ellos son los directivos "de la Comisión de Energía Atómica de Cuba" (Fidel Castro Díaz-Balart), o del "Centro Nacional de Educación Sexual de Cuba" (Mariela Castro Espín).

Nadie puede decir, sin embargo, si estos señores llegaron a obtener tales puestos por sus propios méritos. Nadie podría convencer a nadie de que el padre no influyó en su investidura, en conseguirle una beca en el extranjero para que se especializara; que la madre, o el tío, no llamó por teléfono a tal o más cual subordinado para decirle que su hija quería estar al frente de tal o más cual organismo y que, por lo tanto, así tenía que ser.

Tal es la fuerza inmoral del nepotismo y el grado de falsedad que debe provocar una persona como ésta entre quienes le conocen, valoran el talento y creen realmente en una sociedad transparente y democrática.

¿Por qué nos sorprendemos entonces cuando oímos que uno de los hijos de Carlos Lage es el nuevo presidente de la Federación de Estudiantes Universitarios (FEU) y otro el máximo dirigente de la juventud comunista en la Universidad de las Ciencias Informáticas?

En Cuba, como en el resto de Latinoamérica, el nepotismo está emparentado con el padrinazgo, con las relaciones que no siendo "consanguíneas" sí mantienen un fuerte contenido de "lealtad". Tal lealtad, en la Isla, proviene da la política, y en muchos casos se forjó en la guerra a través de antiguos camaradas de lucha.

¿Por qué se piensa entonces que Abel Enrique Prieto es el ministro de Cultura, sino porque fue antes y ahora el protegido de Enrique Hart Dávalos, íntimo amigo de su padre, antiguo funcionario del Ministerio de Educación?

Las redes del poder

Lógicamente, es difícil decir si estas personas que ocupan hoy importantes cargos en la Isla, o se han beneficiado directamente del prestigio de sus padres, habrían podido llegar a ser "alguien" en una sociedad democrática, cuya jerarquía no se haga en vista de la política. De lo que sí debemos estar convencidos es que estas son personas entrenadas por el poder y se han apoyado en las mismas redes que crearon sus padres para seguir ejerciéndolo o beneficiarse de ellas.

¡Cuántos de ellos no forman parte hoy en día del aparato de la Seguridad del Estado! ¡Cuántos no controlan las empresas mixtas! ¡Cuántos no siguen moviendo los hilos de la política y la cultura cubana!

Para ningún ciudadano es un secreto, por ejemplo, que las empresas mixtas en Cuba están llenas de "hijos" legítimos e ilegítimos de papá. Ellos saben perfectamente dónde está el dinero. Y no por casualidad está en manos casi exclusivamente de los blancos.

Quien desconozca, por ejemplo, que el antiguo presidente de Cubanacán (la corporación más lucrativa de Cuba) era Juan José Vega, hijo del antiguo asesor jurídico de los Consejos de Estado y de Ministros, Juan Vega Vega, presidente de la Asociación de Abogados del país, autor de las principales leyes (como la de la vivienda) y gestor de la política de empresas mixtas en los noventa, no sabe el poder ni el alcance que tiene esta institución en la Isla.

Que Juan José Vega haya sido "tronado" seis meses después de haber muerto su padre, no es tampoco algo fortuito e indica que el nepotismo también tiene sus límites y está sujeto a los altibajos de la política de turno.

A juzgar, sin embargo, por el modelo de "desmoronamiento" soviético, es cierto que los cambios vinieron de arriba y que alguno de los que hoy ocupan de forma vitalicia puestos importantes del país podrían ser los que en el futuro promuevan políticas de cambio más democráticas.

Es cierto, por ejemplo, que algunos de estos "niños de papá" han introducido "ruidos" en el sistema y, gracias a los "contactos" de sus progenitores, han salido ilesos de lo que podía costarle a cualquier hijo de vecino años de cárceles.

Las preguntas son: ¿Hasta dónde algunos de estos "reformistas" pueden cambiar las estructuras de poder en Cuba?, y ¿cuánto cambiarlas lo suficiente como para seguir ellos mismos gobernando? ¿Adónde nos llevarán estas genealogías patrilineales de la Revolución?

Son preguntas que seguramente podremos responder en el futuro.

© cubaencuentro

Subir