Opinión

Una expulsión anunciada

Petróleo y soberanía: ¿Hasta dónde puede llegar el régimen en un tema tan sensible para el futuro de Cuba?

No conozco el trasfondo de la llamada expulsión hace unos días de los "empresarios" cubanos del hotel María Isabel Sheraton, en la Ciudad de México. Pero todo el asunto me impulsa, acaso me expulsa, a hacerme numerosas preguntas. En primer lugar, como se sabe, se ha hablado de la aplicación extraterritorial en México de la Ley Helms-Burtons. Ese es un tema al que no necesito referirme en esta nota, dedicada solamente a formular algunas preguntas.

La primera interrogación es muy sencilla: ¿qué hacían unos funcionarios cubanos —eufemísticamente llamados empresarios— reunidos con los representantes de muy importantes grupos y empresas norteamericanas de alcance mundial, como la Exxon, en un hotel de la Ciudad de México, sin que la población cubana supiera que se iban a juntar para no se sabe qué, con respecto a quién sabe qué del petróleo que nadie sabe qué?

Todo se hacía a espaldas de la casi totalidad de los cubanos, que son los únicos y legítimos dueños de cuanta riqueza exista o pueda existir en la tierra, bajo tierra, en el mar, el aire o el espacio de la nación. Y que no nos digan, una vez más, que "en secreto tenía que ser", porque hay que ser muy inocente, menso o estúpido para creerse que una delegación tan importante de empresarios norteamericanos se iba a reunir con funcionarios cubanos a unos pocos metros de la embajada norteamericana en la Ciudad de México, sin que se enterara el más simple de los empleados del gobierno estadounidense.

El secreto y la falta de transparencia es, como siempre, para el cubano de a pie, que nunca se entera de lo que traman o acuerdan en la cúpula del sistema autocrático de Fidel Castro. ¿O es que todo era un paripé destinado a tenderle una trampa a los mexicanos o, como se dice aquí, a medirle el agua a los camotes?

La soberanía nacional

Por otra parte, y desde el punto de vista de un ciudadano mexicano, debe recordarse que en 1938 el presidente Lázaro Cárdenas nacionalizó la industria petrolera del país. A partir de entonces, y hasta nuestros días, no hay la menor posibilidad constitucional de que ese recurso natural sea negociado, en sentido alguno, con ninguna empresa extranjera. Para muchos mexicanos, hablar de privatización, coparticipación, colaboración o cualquier otra forma de intervención del capital extranjero en la industria petrolera es vender, poner en duda o arriesgar la soberanía nacional.

La llamada Reforma Energética, que por otra parte pudiera significar una apertura al futuro, está congelada, por no decir muerta, en los órganos legislativos mexicanos. Si alguna vez se filtrara que PEMEX, la empresa estatal encargada del petróleo, entra en conversaciones de negocios con Exxon, o con cualquiera de los grupos norteamericanos representados en la famosa junta del hotel Sheraton, inmediatamente se rasgarían las vestiduras los más conspicuos legisladores, funcionarios, analistas políticos, periodistas y líderes locales: ¡está en peligro la soberanía nacional!

Un puñado de vendepatrias

Me encuentro así ante un nuevo asedio de interrogaciones. ¿Los cubanos "empresarios", que obviamente representan a Fidel Castro, son más pragmáticos que los mexicanos? ¿Están más dispuestos a vender, ceder, involucrar o empeñar una parte de la supuesta soberanía nacional al mejor postor, en este caso las empresas norteamericanas? ¿O están simplemente jugando una partida de ajedrez a ciegas?

La pregunta más importante es, sin embargo, mucho más simple: ¿por qué los cubanos tienen que soportar que una banda de mercachifles, sin legitimidad alguna, se apreste a negociar lo que ni siquiera sabemos a ciencia si existe, o al menos no se conoce lo suficiente? ¿Quién le ha dado a un tal Pérez, viceministro de no sé qué, y a sus quince canchanchanes, entre los cuales deben figurar varios oligofrénicos miembros de la llamada Seguridad del Estado; quién les ha dado, repito, la facultad de hablar por nosotros y, por lo tanto, ser objeto de una expulsión cuya crónica debió estar debidamente anunciada?

¿Pueden reunirse y eventualmente acordar cuanto quieran, en nombre del pueblo y de los recursos naturales de la nación cubana, un puñado de funcionarios designados de dedo para hablar con empresas que, por su parte, debían estar muy bien asesoradas por sus abogados acerca de las consecuencias de ese encuentro?

Pueden, lo hemos visto, en éste y en otros muchos casos de los que ni siquiera hemos tenido noticias. Pero es necesario hacer una aclaración: ellos no nos representan, no son nuestros expulsados, han sido expulsados porque en realidad son un puñado de vendepatrias para beneficio de un Patriarca en su otoño senil.

Lo primero que debe exigirse es que todo lo de Cuba, en particular un recurso como el petróleo —una riqueza natural no renovable, producto de la descomposición orgánica a lo largo de millones de años y cuyo agotamiento a nivel planetario es previsible en un futuro no muy lejano—, se haga a la luz del sol, sin excluir desde luego las negociaciones pertinentes con el capital extranjero.

Es necesario reclamar, con toda firmeza, que todo cuanto comprometa el mañana de la nación sea del conocimiento amplio y cuente con la anuencia democrática de quienes viven y sufren allá en la Isla o en la inmensa patria del amor y la solidaridad dondequiera que estemos.

© cubaencuentro

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