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PENÚLTIMOSDÍAS: “Cinco cosas que un cubano debe saber sobre Corea del Norte”, por Ernesto Hernández Busto
De pronto, coinciden en el feed de mi agregador la noticia de que el gobierno cubano se opuso a condenar a Corea del Norte en la ONU por violaciones de los DD HH, y el resumen de El País sobre la hambruna, las torturas y los campos de concentración en el país comunista. Tal vez la pifian cuando dicen que se trata de “la ÚNICA dinastía comunista del planeta”, aunque a cualquier periodista le costará colocar a nuestra tropical islita, con su pedigree turístico, a la altura del infierno coreano. Hay grados, sin duda. Me pregunto, por ejemplo, por qué Mariela Castro fue capaz de defender a los homosexuales iraníes vía MINREX y no dice nada sobre Corea del Norte, donde tampoco la deben pasar muy bien. Concluyo que es cuestión de grados: allí donde no se reconoce el derecho a la existencia de seres humanos como tales, es poco probable que alcance algún relieve el derecho a la diferencia sexual. Hay, entonces, una distinción importante que el “caso Corea del Norte” nos muestra con evidencia casi insoportable: en escenarios totalitarios, ciertos derechos son más importantes que otros.
CAFÉFUERTE: “Tribunal de Miami sentencia a Fidel Castro por fraude al Medicare”
En Miami, Fidel Castro tenía que terminar condenado por algún delito. Llamándose así, era improbable esperar magnanimidad, aunque el individuo nada tuviera que ver con el anciano ex gobernante de Cuba ni con su familia.Un tribunal federal de Miami condenó este lunes a un ciudadano llamado Fidel Castro, de 49 años, a 30 meses de prisión y tres años de libertad supervisada por estafar al Medicare, el sistema de salud pública financiado por el gobierno, informó el Departamento de Justicia.
La jueza Joan Lenard también ordenó que Castro -residente de Miami- deberá restituir los $550,000 que sustrajo al Medicare mediante cuentas falsas remitidas por servicios médicos que nunca fueron prestados. El caso involucró a otros nueve administrativos y empleados de la clínica ABC Home Health Care y la estafa ascendió a los $25 millones de dólares.
La sentencia contra Castro fue dictada el lunes junto a las de otros tres acusados, entre ellos Licet Díaz, administradora de ABC y Florida Home Health Care -ambas entidades creadas con el único fin de defraudar al Medicare. Díaz recibió la más alta condena del grupo: siete años y tres meses en prisión y tres años adicionales en probatoria, además de la obligación de reponer los $7.8 millones de dólares que se robó.
ELPAÍS: “¿Acudirá Cuba al FMI?”, por Andrés Oppenheimer
Un viejo chiste que escuché por primera vez hace más de 20 años en La Habana dice que los tres logros más grandes de la revolución cubana son la salud, la educación y la baja tasa de mortalidad infantil, y que sus tres fracasos más grandes son el desayuno, el almuerzo y la cena.
BBCMUNDO: Vaclav Havel, el mentor de la Revolución de Terciopelo
Para Vaclav Havel, y para su pueblo, todo cambiaría en 1989, el año que Checoslovaquia fue testigo de la Revolución de Terciopelo.
Este intelectual y dramaturgo, fallecido este domingo tras una enfermedad respiratoria, fue quien encabezó aquella extraordinaria muestra de poder popular que derrocó al régimen comunista gobernante.
ELPAÍS: “El discreto terror de Fidel Castro”, por Václav Havel (Artículo de 2006)
Esta primavera se cumple el tercer aniversario de la oleada de represión en la que el régimen de Fidel Castro detuvo y condenó a largas sentencias de cárcel a 75 de los principales disidentes cubanos. Poco después, muchos amigos y yo creamos el Comité Internacional para la Democracia en Cuba.La valentía de quienes encontraron su conciencia social, superaron el miedo y se alzaron contra la dictadura comunista sigue fresca en mi memoria. Me recuerda el tintineo de las llaves que sonaron en la plaza Wenceslas de Praga -y después en el resto de lo que entonces era Checoslovaquia- en el otoño de 1989. Por eso hice sonar llaves durante la conferencia para solicitar la democracia en Cuba que nuestro comité organizó en Praga hace tres años. Quería llamar la atención de la comunidad internacional sobre la situación de los derechos humanos en Cuba, para apoyar a la oposición de ese país y animar a todas las fuerzas prodemocráticas. La Unión Europea introdujo entonces sanciones diplomáticas, aunque en su mayoría simbólicas, contra el régimen de Castro. Sin embargo, poco después se impuso una postura contraria. La UE inició un diálogo con el régimen cubano, suspendió condicionalmente las sanciones, e incluso varios países democráticos dejaron claro a los disidentes que no eran bien recibidos en sus embajadas. Cobardes acuerdos y coartadas políticas -como tan a menudo ocurre en la historia- derrotaron a una posición de principio. A cambio, el régimen cubano hizo un gesto falso y liberó a un pequeño número de presos de conciencia -la mayoría torturados y gravemente enfermos-, los que el régimen más temía que murieran en sus famosas prisiones.
HAVANATIMES: Ser de Izquierda en la Cuba del siglo XXI
La experiencia revolucionaria del siglo XX demostró, una vez más, el fracaso de pretender enmarcar en un cuadro estrecho la revolución o el socialismo, más allá de las generalizaciones dialécticas y clásicas de la socialización y democratización del poder económico y político, proceso que siempre tendrá particularidades de acuerdo con el nivel de desarrollo de las fuerzas productivas, la idiosincrasia, la cultura, la historia y otras peculiaridades de cada país.
En esta dirección, se puede coincidir en buena parte, con las ideas presentadas por el compañero brasileño Boaventura de Sousa Santos para una izquierda en el Siglo XXI (1), partiendo del origen del concepto político de izquierda, nacido de la revolución francesa, como expresión de los partidarios de la República en contraposición a la Monarquía y visto en su progresión posterior, como movimiento que siempre tendería a la igualdad, la libertad y la fraternidad, aunque –desgraciadamente- en su nombre, algunos hicieran todo lo contrario.
Ahora bien, desde la experiencia política de la Revolución Cubana y la evolución que sufre este proceso actualmente, para un amplio sector revolucionario en la Cuba de hoy, ser de izquierda incluiría estar a favor y luchar por:
1-Repartir y compartir, humanizar, socializar y democratizar el poder económico y político, siempre en forma transparente, por medio de la participación real y efectiva de todos los ciudadanos en los debates y decisiones que los afecten y en los presupuestos participativos a nivel local y nacional por medio de referendos.
DILETANTESINCAUSA: “La discreta insipidez de la burguesía”, por Roberto Madrigal
Los clichés y los estereotipos sociales siempre han sido el blanco del sarcasmo cinematográfico de Alexander Payne (Omaha, Nebraska, 1961). En Citizen Ruth (1996), su primer largometraje, una drogadicta ignorante e ingenua, al quedar embarazada, se convierte en el objeto de manipulación política entre los militantes pro-aborto y los del “derecho a la vida”. En Election (1999), una escaladora social adolescente, perfectamente interpretada por Reese Witherspoon, se lanza en una cruzada electoral sin ningún escrúpulo, para alcanzar el mayor puesto de la organización estudiantil de su high school. Jack Nicholson interpreta a un viudo cínico, recién retirado, que trata de reconectar con su hija para buscar sentido en un mundo que, por absurdo y esquemático ya le resulta ancho y ajeno, en About Schmidt (2002). Los lugares comunes del New Age, son cuestionados en Sideways (2004), cuando un escritor frustrado (Paul Giamatti), que se gana la vida como profesor de inglés en San Diego, decide llevarse a un amigo a punto de casarse en un último canto de cisne a la soltería y a la rebelión personal, a través de los viñedos californianos. Con esta cadena de filmes Payne elabora una consistente critica de los valores convencionales que rigen a la pequeña burguesía, burlándose mordazmente de los criterios culturales establecidos y de la corrección politica, desarticulando su lenguaje utilizando sus propios medios convencionales de expresión y poniendo de cabeza sus significados.
ELMUNDO: “Leer a Havel en La Habana”, por Luis Alemany
"En 1968, lo que nos llegó a Cuba de la primavera de Praga fue muy poco. La información hablaba de un sabotaje de los enemigos de la Revolución y sólo algunos intelectuales que ya estaban muy descontentos con el rumbo que tenían las cosas en Cuba, estoy hablando de Guillermo [Cabrera Infante] o de Heberto Padilla, supieron entender lo que estaba pasando en Checooslovaquia. Fue, muchos años después, cuando la oposición al Castrismo se hizo más visible en los años 90, cuando Vaclav Havel se volvió un referente para muchos de nosotros. Sus libros, 'Cartas a Olga' y 'El poder de los sinpoder' circulaban por todas partes".
Así recuerda Raúl Rivero, periodista, poeta, disidente cubano y colaborador de EL MUNDO, la influencia del recién fallecido Vaclav Havel en los intelectuales de su país que, igual que el poeta checo, vivieron la llegada del socialismo a su país y la corrupción de su programa político. "¿Que si siento ahora que el ideario de aquella primavera [humanizar el comunismo] era un poco naíf? No, no... Lo que siento es un respeto enorme por todos ellos".
Rivero, como Havel, pasó por la prisión perseguido por ejercer la libertad de expresión. Cuando fue liberado y llegó a España, el cubano viajó a Praga y se encontró con Havel. "Tuvimos dos entrevistas. Fue un hombre muy cariñoso que estaba muy al tanto de lo que ocurría en Cuba. Era muy reflexivo, el típico intelectual que hablaba en voz baja, con mucho poso de cultura y mucha ironía en todo lo que decían". ¿Compararon sus experiencias en las cárceles? "Sí. Él, sobre todo, insistía en el esfuerzo que había que hacer para no dejarse volver loco, no dejar de meditar ni perder el sentido de las cosas".
DESARRAIGOSPROVOCADOS: “Navidades enterradas”, por Aguaya
En la fiesta navideña del trabajo, hace un par de días, le pregunté a una colega que sé vivió en la antigua RDA (ex-Alemania comunista), si antes de la caída del Muro de Berlín, en 1989, se celebraban fiestas así en los centros laborales de entonces. Dio un brinco en su asiento y me respondió: ¡Pero claro que sí! Me explicó que, cercanos los días navideños, todos se reunían para compartir, comer, beber y cerrar el año rodeados de adornos, motivos religiosos y arbolitos, aunque los jefes y los del Partido Comunista le dieran un corte triunfalista y aglutinador a esos encuentros, tipo 1ro de Mayo.
En Cuba, ni eso, le dije. Los irresponsables que gobiernan mi país desde hace más de cinco décadas se encargaron de que heredáramos de los "hermanos" del campo ex-socialista, sólo lo que les conviniera a ellos. Y, simultáneamente, de enterrar todo lo que oliera a Navidad, hasta la palabra misma. Así fue que millones de cubanos nacidos y crecidos después de 1959 nos vinimos a enterar, bastante tarde, qué eran las Navidades y qué se celebraba con ellas. Ella arqueó sus cejas en gesto compasivo.
Yoani al menos las conoció en secreto, dicha que tuvo. A cientos de miles de cubanos nos las ocultaron totalmente durante décadas y nos inculcaron (o trataron de hacerlo) un recelo y un rechazo enfermizos hacia las verdaderas, mientras salpicaban las universales fechas con consignas revolucionarias y propaganda anticristiana.
Lo triste del asunto: nuestros padres jugaron ese juego, convencidos de que era lo mejor para nosotros y para ellos. Y, al menos mi hermano y yo, vinimos a tener en casa el primer "insulto de arbolito navideño" a mediados de diciembre de 1998. Lo he escrito entre comillas porque era una de las tantas plantas que tenía mi mamá en macetas pero que, por su tamaño y forma, podía acoger motas de algodón simulando nieve y Navidades remotas.
EBETANIA: “Reseña de 'Dos mujeres' (Magali Alabau)”, por Daniel Torres
Alabau, Magali: Dos mujeres. (Madrid: Betania, 2011. Coedición con el Centro Cultural Cubano de Nueva York, 80 páginas).
Este es un poemario perfecto. El epígrafe de la poeta rusa Ana Ajmátova (1889-1966), traducido por Lourdes Gil, sienta la pauta para el tono de Dos mujeres como un nuevo empezar:
Oirás el trueno y te acordarás de mí.
Pensarás: ella quería tormentas.
Los bordes del cielo serán de un intenso color rojo
Y tu corazón, como entonces, arderá en llamas. (12)
En sus tres partes, a saber: “I. Al espejo vuelves, II. La más heroica de las amazonas, y III. Adioses diferentes”, asistimos a la evolución de una hablante lírica que nos cuenta las peripecias de dos mujeres que oyen ese trueno que anuncia tormentas para que el corazón les arda en llamas: Tu amor de esfinge, exaltación y seguro de vida / me conduce a un pequeño infierno de piso cuadrado…” (16). La lucha de dos sensibilidades por ser una, la tregua de dos perspectivas que se acercan una a la otra para hacerse una misma, pese a todo, esto es Dos mujeres de la poeta cubana Magali Alabau. Las dos mujeres son múltiples y cambiantes, la hablante lírica se transforma frente a un espejo y usando el pronombre “tú” le habla a la otra mujer, que en realidad son muchas y se van presentando como una galería de imágenes entre esas dos mujeres del título, con una portada donde aparece la pintura de Sylvia Baldeón, Die Masken (Dos máscaras),2001. Esta imagen refuerza la idea de las hablantes múltiples enmascaradas que pueblan el poemario.
CUBANET: “¿Cabra tirando al monte?”, por José Hugo Fernández
El trovador cubano Santiago Feliú no solía hablar como un político. Mucho menos como un político de la izquierda ortodoxa. De modo que es difícil saber cómo tomamos lo que hace pocos días declaró al diario Clarín, de Buenos Aires.
Santiago ha echado garra a la palabra “resistencia”, convertida por nuestra dictadura en una suerte de mampara que le sirve para disimular su apego patológico al poder, disfrazándolo, para colmo, de patriotismo y de santurrón anticapitalismo.
Apertura no, resistencia, ya que esta es la palabra que mejor le sienta hoy a Cuba: Es lo que esencialmente declaró Santiago Feliú en Buenos Aires, adonde suele viajar con frecuencia, quizá con mayor frecuencia que aquella con que los pobres de La Habana logran comer caliente dos veces en un mismo día.
LIBROSDELCREPÚSCULO: “El momento neomarxista”, por Rafael Rojas
Así como J. G. A. Pocock, el gran historiador de la Escuela de Cambridge, habló de un momento maquiavélico en el pensamiento atlántico del siglo XVIII, hoy podría hablarse de un momento neomarxista en el pensamiento de las primeras décadas del siglo XXI. Dos marxistas británicos, el anciano historiador Eric Hobsbawm (1917) y el teórico cultural Terry Eagleton (1943), escribieron este año un par de libros que proponen una arqueología de ese momento: How to Change the World (2011) del primero y Por qué Marx tenía razón (2011) del segundo.
Ni Hobsbawm ni Eagleton son figuras que puedan asociarse plenamente a la planta más visible del neomarxismo actual (Hardt, Negri, Zizek, Badiou, Rancière, Jameson, Buck-Morss, Butler Laclau…). No se lee en estos pensadores británicos una marca clara del postestruralismo o del postmodernismo, que son las fuentes fundamentales de los neomarxistas. Hobsbawm era ya mayor cuando los franceses y la última Escuela de Frankfurt, fundamentalmente, emprendieron la crítica de la Ilustración, el estructuralismo y la modernidad en los años 70 y 80. Eagleton, por su lado, compartió algo de aquella ola teórica, pero sus nociones de ideología y cultura se mantuvieron cerca de las de su maestro, Raymond Williams, marxista del Círculo de Birmingham, contemporáneo del propio Hobsbawm.
Hobsbawm y Eagleton no citan en sus libros, prácticamente, a ninguno de los teóricos neomarxistas. El primero a ninguno y Eagleton sólo cita a Zizek para reproducir una cita de un economista contemporáneo, referida a su vez en First as Tragedy, Then as Farce (2009), y a Rancière para darle la razón en una obviedad: que hoy liberales y socialistas coinciden en que Marx había acertado cuando insistía en el carácter transnacional del capital. De manera que el repertorio teórico e ideológico de Hobsbawm y Eagleton sigue debiendo más al marxismo occidental de mediados del siglo XX que a la condición postmoderna de fines de ese mismo siglo.
NEOCLUBPRESS: “José Martí como coartada de Castro”, por Gastón Baquero
De José Martí, como de Cristo, puede afirmarse que son seres sublimes, pero indefensos. Cada cual hace con ellos lo que quiere. En nombre de Cristo se cometieron tantos horrores y felonías que se ha conseguido, al fin, empañar la imagen sagrada y alejar de ella a muchos que identifican cristianismo con hipocresía y fariseísmo. Del mismo modo, en nombre de Martí según ellos, mantienen los castristas un régimen que es, en su esencia y en sus actos, la cosa menos martiana que quepa imaginar.
Al parecer, Castro se convenció de estar haciendo exactamente lo que Martí soñaba como República. No obstante que son innumerables los textos de Martí que condenan a Castro y a su método de gobierno, textos clarísimos, salvados de interpretaciones y de matices o "maneras de entenderlos", insisten el tirano y sus secuaces en meterse bajo la sombrilla de Martí, y trasladarle a éste la autoría intelectual de las actuaciones más inhumanas y abusivas.
La pretensión de estar cumpliendo con la doctrina y con el código vivo de ética que fue la existencia de Martí es tan ridícula y falsa que puede hablarse sin exageración de insulto y aun de agravio. Pretender que el mundo vea en Castro la reencarnación de Martí es algo que produce náuseas. Ahí están los hechos, no sólo las palabras. Los hechos de uno y otro personaje. Martí no decía amar la libertad: amaba la libertad, y lo demostraba con sus actos cotidianos. No derramó jamás una gota de sangre de ningún ser humano, amigo o enemigo. Estuvo presente en un combate, pero él fue quien murió, no mató a nadie, ni aun acogiéndose a lo normal en una guerra.
ELPAÍS: “Muerto en vida” (Entrevista a Sergio Schoklender, ex convicto por parricidio y principal acusado por desvío ilegal de los fondos de las Madres de Plaza de Mayo)
sto es, sin duda, un despropósito. Es probable que no haya habido, en este sistema bloguero, muchas entradas/posts de este tamaño. Pero su largo –unas 25 carillas– es una de las razones por las cuales decidí publicar esta entrevista en este lugar. Solemos creer que internet exige textos cortos; no nos paramos a pensar que internet permite, entre tantas otras cosas, textos del tamaño que cada cual decida. Quizás éste sea un exceso, o quizás haya lectores todavía, gente a la que no le asusten unas cuantas páginas si les cuentan algo que les interese.
Por otro lado, no quería publicar este relato de una larga tarde con quien es, para muchos argentinos, la encarnación del Mal, en un medio argentino: su sentido habría cambiado mucho. Virtuales, extraterritoriales, estas líneas son un intento de presentar a uno de los personajes más y menos conocidos de mi país: Sergio Schoklender, el parricida, el preso, el extremista, ahora el estafador. Para los argentinos es un modo de profundizar en una historia muy cercana; para españoles y otros latinoamericanos, una buena aproximación al paisaje de la Argentina actual.
A lo largo de esa tarde Schoklender me dijo muchas cosas que me sorprendieron. Aquí están sus relatos de cómo roba el Estado argentino, de cómo las Madres de Plaza de Mayo se financiaron con asaltos, de cómo los medios se venden a los políticos, de cómo Cristina Fernández abandonó el proyecto Sueños Compartidos, entre otros. Si alguien –algún medio o persona– quiere reproducirlos es libre de hacerlo; solo le pido que cite la fuente, o sea: que diga de dónde los sacó.
GENERACIÓNY: “La FMC y su imposibilidad de reformarse”, por Yoani Sánchez
Llegaste a los seis años y ya estaba esperándote la pañoleta, la consigna de “Pioneros por el comunismo, seremos como el Che”. Después, fue tu entrada al preuniversitario y en automático, sin que nadie te preguntara, formabas parte de la Federación de Estudiantes de la Enseñanza Media (FEEM). Seguías creciendo, la saya te apretaba y bajo la blusa del uniforme un par de brotes comenzaban a notársete. Cuando arribaste a la pubertad, formabas parte ya de los Comités de Defensa de la Revolución y también fuiste a parar de cabeza a la Federación de Mujeres Cubanas (FMC). Tediosas reuniones, señoras que vigilaban si llegabas tarde a casa, lenguas listas para delatar cualquier frase irreverente que se te escapara.
Te impartieron una docena de cursos sobre el papel de la féminas en la Revolución, pero nadie vino a detener la mano del marido que te golpeaba en casa. Eras sólo un número en las listas de federadas y –más de una vez- desviaste dinero de la recaudación de la FMC para poder llegar a fin de mes. No te fue difícil aprender a separar el lenguaje de los comunicados que leías con voz arrobada, de aquellas frases domésticas en las que sí mostrabas tu disgusto. Desarrollaste varias técnicas para controlar los bostezos en esas asambleas donde te exigían “más sacrificio, mayor entrega”. Y en un momento, todo aquello comenzó a parecerte tan inútil, tan despegado de la realidad, tan distante de la pensión ridícula que te entregaba el padre de tus hijos y del jefe que te exigía “favores” para mantener tu empleo. Te percataste que el verdadero discurso de tus días era el que salía de aquella olla semivacía -como una boca abierta- en mitad de tu cocina.