Actualizado: 17/10/2017 10:31
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México

Crisis en el PRD por posible debate con el presidente Calderón

El sector crítico con López Obrador logró aprobar el debate parlamentario, en medio de una autocrítica sobre las causas de la derrota electoral.

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La posibilidad de reconocer a Felipe Calderón como presidente de México, aunque sólo sea tácitamente, provocó la víspera una crisis al interior del izquierdista Partido de la Revolución Democrática (PRD) de Andrés Manuel López Obrador, informó AFP.

Tras mantener un frágil consenso en los debates sobre la línea política del PRD durante los tres primeros días de su X Congreso Extraordinario, celebrado desde el jueves en Ciudad de México, en la última jornada los incondicionales de López Obrador abandonaron indignados el encuentro.

La razón fue la decisión de los críticos del ex candidato presidencial, que eran mayoritarios entre los delegados, de aceptar modificar el formato del informe de gobierno que se celebra cada 1 de septiembre para, en próximos años, poder debatir entre los legisladores y el presidente, como ha propuesto Calderón para dentro de dos semanas.

El PRD, cuya fragmentación en diversas corrientes parece ya crónica, se enfrentaba en el inicio del Congreso Extraordinario a una compleja encrucijada tras considerar fraudulentas las elecciones de 2006. O marginarse definitivamente de una institucionalidad que considera ilegítima o pasar página y mantenerse en el juego político mexicano.

Críticos e incondicionales de López Obrador habían conseguido hasta el domingo mantener un frágil equilibrio entre ambas opciones.

En líneas generales optaron por permitir a los legisladores participar en "todas las discusiones en el Congreso, pero sin reconocer" al gobierno del derechista Felipe Calderón, que se impuso a López Obrador el año pasado por un estrechísimo margen del 0,56%.

Si bien el documento pactado concede que el Congreso, donde el PRD consiguió ubicarse como segunda mayor fuerza, es "un espacio para la denuncia, para el debate de las ideas y los programas", adelanta que el partido, sin matices, buscará "impedir que prosperen las propuestas de la derecha".

Sin embargo, la decisión de aceptar un debate con Calderón fue considerada una traición por los obradoristas, al ver en ello un reconocimiento implícito de la legitimidad del presidente. Esta opción fue aprobada por una mayoría de 660 votos a favor por 447, lo que provocó que los adeptos del ex alcalde de Ciudad de México abandonaran desairados el Congreso entre gritos a favor del carismático líder.

Los delegados perredistas también consiguieron ponerse de acuerdo para realizar una autocrítica sobre las causas que llevaron a su candidato, en las elecciones de 2006, a perder la amplia ventaja con que contaba al inicio de la campaña.

Los adeptos a López Obrador, liderados por el que fue su sustituto en la alcaldía capitalina cuando renunció para ser candidato, Alejandro Encinas, se opusieron a admitir cualquier error al considerar que eso significaría un reconocimiento de la derrota electoral.

Los críticos, con el ex senador Jesús Ortega a la cabeza, consiguieron que en el documento final se reconocieran algunas equivocaciones durante la campaña electoral y que hubo "un exceso de confianza generalizado".