Brasil

La esperanza que nunca fue

La visita de Lula da Silva a Cuba no salvará las diferencias entre ambos gobiernos. No pasará de un encuentro entre viejos 'colegas'.

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El anunciado y todavía extraoficial nuevo viaje de Lula a Cuba, este mes de noviembre, podría ser el marco esperado para limar las diferencias públicas que se han ido acumulando poco a poco. En su último número de octubre, Veja tildó de descabellada la idea de una nueva visita del presidente brasileño. Desde el punto de vista político y diplomático, marcaría el apoyo del gobierno federal a un régimen que encarcela a la oposición y limita todo tipo de libertades individuales.

Lula ha realizado dos visitas regionales, incluso a países cercanos, como México y República Dominicana, pero Cuba ha sido excluida. En caso de que se produjera ahora algún contacto, probablemente nada avanzaría en cuanto al incremento de la colaboración, lastrada aún más tras la negativa de La Habana a permitir que senadores brasileños se entrevistasen con los boxeadores cubanos que Brasil deportó en situaciones aún no del todo claras.

Negocios con Bush… ¿y Cuba?

El antiguo líder sindicalista ha decidido impulsar una cooperación sur-sur al estilo brasileño. Intercambio que, pese a algunas críticas, no incluye una disputa con los grandes centros del poder económico mundial, sino su inclusión y la colaboración.

El mandatario brasileño insiste en el desarrollo de una tecnología mundial para la superproducción de biocombustibles, alternativa para la gran crisis energética que ya golpea a la humanidad. Según Lula, la extensión de esta tecnología permitirá una mayor contribución para el desarrollo de los países del Tercer Mundo sin reservas de hidrocarburos y con difíciles coyunturas socioeconómicas.

Lula ha declarado públicamente ser amigo de Bush y ha asimilado correctamente el papel dado por este último a Brasil, como medida cautelar para aminorar el retrogrado impacto político en la región del presidente venezolano Hugo Chávez.

Los acuerdos económicos actuales entre EE UU y el gigante sudamericano han experimentado un notable crecimiento y, según cálculos conservadores, el récord del intercambio comercial que en 2006 llegó a 40.000 millones de dólares, podría romperse en 2007. Por el contrario, para la sociedad brasileña, incluso para los centros de investigaciones sociales y políticas, el acontecer cubano es calificado de deplorable.

El destacado politólogo brasileño Rafael Dolabella, doctor en Ciencias Políticas de la Universidad Federal de São Paulo, dijo a ENCUENTRO EN LA RED que "resulta lamentable que una nación como Cuba, un pueblo como el de Cuba, esté prendida de un presente sociopolítico que hace mucho tiempo debió ser pasado". Tan interesantes reflexiones parecen protagonizar los principales escenarios de la política brasileña, incluso en la estructura de los partidos otrora simpatizantes del régimen.

En otro sentido, la oficialidad cubana y su despliegue propagandístico han dejado de clamar por Lula y por la "esperanza" que supuestamente significó para convertir el continente en un "amador" de las ideas castristas.

En la práctica

Pese a que en la nota dada a conocer recientemente se deja claro que el objetivo de la presunta visita de Lula a Cuba sería incrementar los lazos de cooperación, poco de eso hay en la práctica. Para analistas políticos, apenas significaría un simple encuentro entre viejos "colegas".

Ni siquiera hoy es posible algo tan simple como la homologación del diploma de los brasileños graduados de Medicina en la Isla, y los convenios sobre salud y educación, que vinculaban la presencia de profesores y profesionales cubanos en Brasil, apenas han podido concretarse en unos escasos intercambios.

En el sector económico, la mayor colaboración se centra en la venta de productos tradicionales y vacunas contra la Hepatitis B, mientras Brasil exporta tecnología, azúcar y carne bovina.


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