Gramática de noviembre

Pablo De Cuba Soria

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hoy he vuelto a escuchar esa canción de un día de noviembre, las estaciones que es una al manotazo de mis mayores – la destreza en tales laberintos de las provincias del Este cuando aún su padre el tuyo vivía: pescadores réprobos de una insular extrañeza, cierta antigüedad que no pretendas (a riesgo) cuchicheando rabiando con las vecinas de
enfrente – yo (me) fui arzobispo de Cracovia y el lechero cada mañana a mi puerta los litros cambiaba (mismo el juego de cartas españolas que guardaba la abuela mi crianza mudanza las tantas veces): reparto de bienes – sí, he oído esa canción siglos antes pero dónde: sabes que ya ni en notas un discurso que articulas, tales frases rases cortadas a paso lento para que no entiendas – por ejemplo: la palabra flamboyán escrita a dos modos, éste y aquel que escuchado en el barrio: estación de perdidas el mes que nos antecede –
principiemos, qué más: sobre los pies de amigo las malanguitas que quería mi madre – el estómago vació repleto de lecturas, y lo intentas repites: como quien no quiere las cosas dejadas en casas que creíste amueblar con taburetes y demás
andariveles – la misma opereta de jarra en mano y chancleta chancleteando que afinar la voz – el intento de alcanzar un espacio donde sólo él tú sin ademán al reflejo una nota en mi menor lograran – qué cosas dices mijo, qué chiveta esa fraseología confusa que tu madre no entiendo ni ellos tampoco qué le vamos qué le hacemos suelta jarra y cierra la ducha que definas desafinas y es el mes los floripones fúnebres que nos anteceden –
¿qué islas los cafetos del Oriente van quedando después del bullicio? – tocayo en veladura ponte el sombrero la llovizna noviembrina que anticipa el mes de mis funerales – las buganvilias de aquel navegante francés que trajo mi apellido o el pseudónimo de tantos réprobos a la torcida estación a la que pertenezco: gramática de un país inexistente –
vaya diablo, alabao, tales muchachas que tientan mi túnica Cracovia su plaza y él me persigno – con fogaje las entradas al diccionario y el mataperreo en las lindes del vecindario de atrás – hoy he vuelto a escuchar a las lavanderas desbarrando en el atrio, sus andanzas nocturnas en la pocilga de los contentos – todos los eventos que nos anteceden el día después – los sonidos que no pudo puedo retener por patón de oídas – y mira que lo digo afínate las entendederas abrígate que noviembre entra con sus cantos fúnebres las islas habitadas por mataperreos de altas horas y el matajíbaro antes del baño – Cracovia y sus muchachas en la misa nocturna los pescadores litros de leche por abastecimiento hasta los siete las estaciones que es una al noviembre de mi incineración, las madréporas

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Revista Encuentro de la Cultura Cubana, 48/49, primavera/ verano de 2008