Daína Chaviano: un panorama de la ciencia ficción cubana

Daína Chaviano entrevistada por Yolanda Molina-Gavilán

Yolanda Molina-Gavilán

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La última novela Daína Chaviano, La isla de los amores infinitos (2007), ha sido traducida a veinticinco idiomas y galardonada con la medalla de oro en la categoría Mejor Libro en Lengua Española de los Florida Book Awards. Esta novela cierra la tetralogía «La Habana Oculta» compuesta, además, por El hombre, la hembra y el hambre (1998), que recibiera el Premio Azorín ese año, Casa de juegos (1999) y Gata encerrada (2001), en la que Chaviano demuestra sus dotes de narradora dentro de la literatura tradicional. Si bien su producción más reciente, aunque no privada de elementos fantásticos, no es de ciencia ficción, Chaviano es considerada una de las grandes exponentes de ese género que ha cultivado desde sus comienzos, en 1980, con Los mundos que amo (reeditada por Alfaguara en 2004). A esta colección de cuentos siguieron: Amoroso planeta (1983), El abrevadero de los dinosaurios (1990, 2005), y País de dragones (2001); el guión cinematográfico La anunciación (1989), y las novelas Historias de hadas para adultos (1986, 2007) y Fábulas de una abuela extraterrestre (1988, 2003). Su cuento «La anunciación» fue incluido en la antología Cosmos Latinos: Science Fiction from Latin America and Spain (2003), junto al veterano Ángel Arango y el más joven Michel Encinosa. En 2004, asistió como Invitada  de  Honor al 25° Congreso Internacional del Arte Fantástico (Fort  Lauderdale, Florida). Su novela Fábulas de una abuela extraterrestre recibió los premios Anna Seghers (Alemania 1990), otorgado por la Academia de Artes de Berlín; y el Premio de Fantasía Goliardos (México, 2003), entregado por la asociación homónima de críticos y escritores de CF y fantasía de ese país. Es su calidad de autora cubana de éxito, esta entrevista profundizará en las opiniones de Daína Chaviano sobre la ciencia ficción (CF) en Cuba, su evolución, su presente y su futuro.

 

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Después de Fábulas de una abuela extraterrestre (1988), usted ha publicado otras cuatro novelas y, aunque en ellas la fantasía es un componente esencial, ninguna puede inscribirse dentro del género de la CF. ¿Eso significa que ha dejado de interesarle como creadora?
 
No, nunca me he alejado del género. Después que salí de Cuba, la mayoría de los libros de cf que publiqué en la Isla volvieron a salir en editoriales de España, Colombia, México y otros países. Incluso amplié el relato «Los mundos que amo», que publicó Alfaguara como novela juvenil. He participado en eventos de cf en Estados Unidos y estoy en contacto con escritores e investigadores que se dedican a estudiar el tema. Y si bien es cierto que, hasta el momento, no he publicado títulos nuevos de cf, eso no significa que no vuelva a hacerlo en el futuro.

 
¿Cómo vincula usted su obra anterior de CF con su obra posterior, publicada después que salió de Cuba?
 
Mis últimas novelas, pertenecientes al ciclo «La Habana oculta», nacen de una búsqueda personal. En todas he intentado sondear temas relacionados con el origen de la nación cubana, las vivencias de varias generaciones y mis propios vínculos ¿históricos, biográficos, genéticos y espirituales? con ese país. Sin embargo, el elemento fantástico ha sido primordial en cada trama. Ninguna existiría sin esa carga de fantasía que para mí constituye una herramienta vital de creación y exploración.

Por otra parte, cualquiera que haya leído mis cuentos o novelas conoce de mi obsesión por mezclar géneros. Es algo que nunca he dejado de hacer. Todos mis libros, publicados dentro y fuera de Cuba, son una continuidad en ese sentido. Y el denominador común es el componente fantástico, que en mi universo va de la mano con lo mágico, lo paranormal, lo mítico e incluso lo erótico. Nada ha cambiado, excepto que he ampliado las fronteras de la hibridación. Por eso a nadie debería extrañarle si, en cualquier momento, vuelvo a usar las herramientas de la CF.

 

En 1982, usted fundó y dirigió el primer taller literario de CF en Cuba, el Oscar Hurtado. ¿Cuál cree que fue el papel que tuvo ese taller en el desarrollo de la CF cubana y en la formación de muchos de los actuales escritores?
 
Fundé el taller Oscar Hurtado poco después de graduarme de la universidad. Allí tuve el placer de apoyar a muchachos tan o más jóvenes que yo. En ese momento tenía un libro publicado ?que había recibido el Premio David de CF? y un segundo a punto de salir. Aún era una escritora en formación, pero mi entusiasmo por estudiar tendencias y técnicas narrativas me sirvió de mucho en la práctica de ese taller. También aprendí sobre la marcha. Y ten en cuenta que, por la edad, algunos de los miembros de ese taller podrían haber sido mis hermanos mayores. La verdad es que todos éramos muy jóvenes, pero yo me sentía feliz cuando me enteraba que uno de sus cuentos había recibido un premio o iba a ser publicado.

En aquella época estaba en contacto con Juan Carlos Reloba, quien trabajaba en la editorial Gente Nueva a cargo de las publicaciones para lectores juveniles y siempre me dejaba saber cuando preparaba alguna antología o selección de cf. Entonces le avisaba a los miembros del taller, y seleccionábamos los mejores cuentos que ya habían sido analizados para que los presentaran al editor… Ahí están, en las antologías de esa época, los relatos de esos jóvenes que se convirtieron en escritores cuando publicaron sus cuentos, salidos de aquel taller.

Sin embargo, el Oscar Hurtado fue más que un grupo al que acudíamos para discutir sobre literatura. También creó una especie de vínculo que aún subsiste entre algunos de sus miembros. En teoría, cada sesión debía durar una hora y media, pero a veces nos extendíamos hasta tres. Y eso ocurría porque realmente amábamos lo que hacíamos. Estábamos literalmente enamorados del género y sentíamos pasión por aquellas discusiones… En esas sesiones no sólo analizábamos obras de los talleristas, sino también de autores extranjeros y de clásicos cubanos. Invitamos a algunos para que visitaran el taller y nos dieran sus puntos de vista sobre el oficio de escribir. Por allí pasaron escritores como Ángel Arango y Miguel Collazo. Siempre me pareció importante establecer y reconocer la continuidad generacional. Actividades de este tipo permitieron que aquellos jóvenes respetaran la obra de quienes los habían precedido. De una generación a otra se producen rupturas, pero éstas jamás ocurrirían si antes no existieran vínculos comunes… Creo que el taller Oscar Hurtado marcó una época. Muchos de sus fundadores vivimos ahora en países diferentes. Pero no deja de ser significativo que, cuando leo las fichas biográficas de sus antiguos miembros, nunca dejan de mencionar que pertenecieron al mismo. Creo que eso habla del impacto que tuvo en su formación.

 
¿Cómo ha visto la evolución del género en la Isla? ¿Cuáles cree que son las diferencias entre las diferentes generaciones de escritores de CF en Cuba?
 
La CF cubana tuvo su más temprano antecesor en 1920, al publicarse la novela La corriente del golfo, de Juan Manuel Planas. Pero el verdadero nacimiento del género ocurre en 1964, con la aparición de tres títulos: ¿Adónde van los cefalomos?, de Ángel Arango; La ciudad muerta de Korad, de Oscar Hurtado, y Cuentos de ciencia ficción, con relatos de tres autores (C. Cabada, Juan L. Herrero y A. Martí). A partir de ahí, comenzaron a sucederse obras y escritores casi sin interrupción.

Hasta ahora, la historia del género en Cuba puede dividirse en tres etapas. La primera transcurre entre 1964 y 1979, cuando los escritores comienzan a asimilar elementos de la CF extranjera (especialmente anglosajona) y, al mismo tiempo, amplían la búsqueda de temas «cubanos». Fue una época protagonizada por el cuento, donde se escribieron relatos que siguen siendo antológicos, como «No me acaricies, venusino», de Juan Luis Herrero, o el escalofriante «Las montañas, los barcos y los ríos del cielo», de Germán Piniella. No había gran énfasis en el componente tecnológico ?que, de todos modos, nunca ha sido un elemento importante en la cf hispanoamericana—. El entorno familiar o social parecía ser el eje de muchas historias. También surgieron intentos por reinterpretar la historia y el mito desde otra perspectiva. Recordemos los relatos «Un inesperado visitante», de Ángel Arango, y «De Tulán la lejana», de Giordano Rodríguez, de temática bíblica y precolombina.

En 1979, con la instauración del Premio David de cf, comienza la segunda etapa que llegó hasta 1990, y que sigue siendo la más prolífica en cuanto a publicaciones. En sólo diez años se publicaron 35 títulos (comparado con 15 títulos de la primera etapa, que duró quince años; y unos 20 títulos en la tercera, que aún no ha concluido). Surge una generación de nuevos escritores, incluyendo mujeres que comienzan a publicar por primera vez dentro del género. Casi todos eran graduados universitarios ?egresados de facultades de letras, ciencias o ingeniería?, lo cual posiblemente contribuyó a la diversificación de estilos y temas.

Dentro de esta etapa hubo dos vertientes. Una de ellas se hallaba más apegada a la cf ortodoxa, con un compromiso social y político que algunos confundieron con cf «dura» porque varios de sus títulos podrían definirse así. Pero esa clasificación es engañosa. En realidad, debió denominársele «pro-soviética» pues todos sus autores desarrollaron esas historias dentro de sociedades con ambientes caribeño-soviéticos. La otra vertiente intentaba romper los moldes tradicionales del género, fundiéndose con lo fantástico y desarrollando tramas de corte sicológico, parasicológico o mágico-mítico. Esta variante podría catalogarse como «híbrida» debido a sus características.

El segundo período concluyó en 1990 por varias razones. Por un lado, el Premio David de CF dejó de existir. Además, varios de los autores más prolíficos o representativos de esa etapa decidieron abandonar definitivamente el país, lo cual produjo un vacío momentáneo en las publicaciones. Por último, comenzaba la, hasta ese momento, mayor crisis económica en la historia de la Isla con el llamado Período Especial, que paralizó casi por completo el país, incluyendo la industria editorial.

Desde 1990 hasta 1999 se produjo un atasco editorial de casi diez años en que sólo vieron la luz dos títulos de CF, ambos en 1994. No obstante, a partir de ese año empieza una profusión de eventos dedicados al tema. Algunos de esos encuentros anuales continúan hasta la fecha. Además, en pleno período especial surge la primera revista de cf que, debido a la ausencia de papel, comienza a circular en formato digital, pasando de computadora en computadora a través de centros de trabajo, y llegando al extranjero mediante correos electrónicos.

Yo diría que la tercera etapa comienza en 1999 cuando se publican simultáneamente cuatro libros, tres de los cuales fueron antologías. Este detalle marcará el resto del período, que se ha caracterizado por la escasez de novelas y la proliferación de antologías. Debido a la extrema pobreza material, no es de extrañar que los autores hayan optado por el cuento, que les da mayores oportunidades de publicación.

La temática en esta tercera etapa también ha variado. Se produjo un auge del cyberpunk. Esta vertiente de la CF que se distingue por describir mundos marginales en un ambiente tecno-futurista deshumanizado y cargado de violencia ha sido el ingrediente básico del que se han nutrido muchos de estos escritores que subsisten en un medio social cada vez más enrarecido. No es casual que ahora proliferen allí temas como la prostitución y el apartheid social junto con una buena dosis de cinismo y amoralidad.

Otros autores cultivan la «fantasía heroica», de la que he leído relatos interesantes. Y los hay que no siguen una línea temática definida y se mueven con más independencia.

Debo aclarar que ninguno de esos períodos ha sido más importante que otro. Cada uno ha hecho aportes al género y son parte de un proceso evolutivo donde han intervenido diferentes generaciones.

 
Según lo que ha podido conocer, y juzgando desde su experiencia como escritora avezada y gran lectora de narrativa y de crítica literaria, ¿cuáles serían los principales aciertos y desaciertos que detecta dentro de la actual CF cubana?
 
Hay escritores y escritoras realmente originales. Otros que no lo son tanto. Y algunos que hacen difícil entender por qué se han publicado. Por otra parte, los autores con un mayor número de publicaciones no son siempre los mejores. En algunos casos, la producción literaria excesiva podría explicar la calidad irregular de su obra.

Uno de los principales problemas radica en que algunos de ellos parecen haber olvidado que el vocablo narrativa viene del verbo narrar, es decir, contar una historia. Así de simple. En lugar de buscar un buen tema, construir un conflicto interesante y hallar un desenlace satisfactorio, estos autores tratan de descubrir el Mediterráneo y acuden a la experimentación trasnochada. Abusan indiscriminadamente de neologismos y retruécanos, dando la impresión de que estamos ante uno de esos viejos textos vanguardistas ya obsoletos. Es como si el autor intentara buscar elementos «originales» (léase «extravagantes») que no hacen más que enredar la trama.

También he visto una especie de posmodernismo gráfico donde se mezclan estructuras del guión cinematográfico a lo Blade Runner o situaciones propias de videojuegos y hasta de comics que, cuando son mal manejadas, producen un caos tan absoluto que ni siquiera un lector asiduo del género logra seguir la historia. Sospecho que esa tendencia a complicar innecesariamente un texto se debe a un intento inconsciente por camuflar ideas. Creo que aún existe el temor a ser demasiado explícito… y no porque los relatos sean subversivos, sino por simple reflejo.

Por si fuera poco, he leído relatos que piden a gritos un corrector de estilo. Cuando descubrimos faltas de ortografía, palabras repetidas o mala redacción, hay que preguntarse si los editores han perdido las pautas de su oficio o simplemente la vergüenza. En este caso, no creo que haya que culpar sólo a los autores, sino también a la editorial, aunque es obvio que un escritor que no sabe manejar las herramientas básicas de su idioma queda automáticamente descalificado.

Pese a todo, han aparecido autores sorprendentes, entre ellos varias mujeres, que logran aportar situaciones originales y personajes sólidamente construidos. Hay abundantes muestras de talento a las que quizás no se les preste mucha atención, pero están ahí y algún día serán el rostro de la cf cubana.

 
A su juicio, ¿en qué medida influyó la literatura de CF soviética en los pioneros de la CF cubana y en los creadores que siguen sus pasos en el decenio de 1980? ¿Qué otras influencias o modelos considera significativos?
 
La influencia soviética comienza y termina en la segunda etapa, es decir, apenas abarca diez años. Ya mencioné que durante ese período hubo dos vertientes, una de las cuales se mantuvo fiel al modelo soviético, con una fuerte proyección sociopolítica donde la ideología comunista marcaba el ambiente y la ética de los personajes. En cambio, los autores de la vertiente «híbrida», que al principio pudieron tener alguna influencia soviética, pronto se separaron de ese modelo. Cada uno halló métodos para eludir la censura, dedicándose a explorar cánones filosóficos y estéticos cercanos al tabú, a riesgo de ser considerados «herejes» u oscurantistas.

En un artículo publicado en la revista Science Fiction Studies, titulado «From Socialist Realism to Anarchist-Capitalism: Cuban Cyberpunk» («Del realismo socialista al capitalismo anarquista: el cyberpunk cubano»), Juan Carlos Toledano, un académico hispano-norteamericano que ha estudiado a fondo el desarrollo de la CF cubana, también nota la existencia de estos dos grupos. El académico se refiere al dramático caso de Agustín de Rojas, el escritor más representativo de la primera vertiente, a quien él llama «el campeón del realismo socialista». Rojas es el autor de una trilogía de novelas (Espiral, Una leyenda del futuro y El año 200). Toledano señala que su compromiso literario con la ideología socialista era tan fuerte que, al desaparecer la realidad social que la sustentaba, abandonó de golpe la cf y desde entonces sólo ha publicado una novela que no se relaciona con el género.

De esta influencia soviética, pues, no queda nada. Pero existen otras. En antologías recientes he encontrado la huella de clásicos ineludibles como Ray Bradbury, J. R. R. Tolkien, Isaac Asímov, William Gibson, el gurú del cyberpunk, e incluso de escritores nacionales, exiliados o no. En algunos casos, la semejanza es tan evidente que uno esperaría que, al menos, su autor citara o dedicara el cuento a su «modelo», como ocurre tantas veces en el mundo literario, pero esto nunca sucede. Pareciera como si se avergonzaran de reconocer a quienes admiran, cuando semejante actitud no es un estigma, sino una saludable señal de aprendizaje.

Por otra parte, para hablar de influencias también se necesita que éstas lleguen de alguna parte. Los escritores de la primera y segunda etapa tuvieron acceso a traducciones de obras extranjeras, pero éstas han desaparecido con el tiempo y hoy son reliquias difíciles de hallar. Las nuevas generaciones apenas conocen los nombres contemporáneos que han renovado el género. En la Isla no se publica a Ted Chiang, Serguei Luknayenko o Andreas Eschbach, por citar sólo tres. Hasta donde sé, tampoco se consiguen novelas de clásicos ineludibles como Larry Niven o Ursula K. LeGuin. Y si un escritor no tiene puntos de comparación o desconoce lo que se hace en el resto del mundo, es difícil que pueda salir del círculo vicioso al que lo condena ese apartheid informativo.

Pese a todo, muchos hacen esfuerzos ingentes por mantenerse al día. Hay blogs, boletines y revistas digitales (elaboradas por los propios escritores o por los fans) que intentan difundir obras contemporáneas. Y si alguno de ellos ha tenido la suerte de leer uno de esos libros, lo reseña para los menos afortunados. También se han formado peñas culturales dedicadas a temáticas relacionados con la literatura fantástica, como la cultura celta, y aprovechan sus eventos anuales para ofrecer charlas y mostrar películas o videos musicales que no se ven en el cine o la televisión. Pero estos chispazos de información no son suficientes. Más que influencias, sería mejor hablar de avidez por recibir influencias.

 
¿Qué opina sobre el nivel de la crítica acerca de la CF y la fantasía cubanas, dentro y fuera de la Isla?
 
Lamentablemente, la crítica es la Cenicienta de esos géneros en Cuba. En otros países existen congresos y revistas especializadas donde participan académicos que no son escritores ni aspiran a serlo. En Cuba, sin embargo, la mayoría de los artículos son elaborados por los propios creadores, algunos de los cuales tienen poca o ninguna formación académica y no poseen, por tanto, las herramientas adecuadas para el análisis de una obra literaria. Desconocen que criticar, en términos académicos, no significa imponer adjetivos a diestro y siniestro. Por otro lado, hay quienes creen que hacer crítica o ensayo es elaborar un listado de títulos que han leído, y luego afirmar festinadamente que tal libro es superior a otro, o que su generación es mejor que la anterior; por no mencionar a quienes escriben sobre el género para terminar alabándose a sí mismos y mostrarse como los paladines de la mejor cf que se ha hecho en la Isla. Hay una falta de modestia casi aterradora.

Por supuesto, algunos escritores escapan a esto y son capaces de mostrar mesura en sus prólogos y artículos, explorando el género sin pretensiones protagónicas. Pero, en términos generales, no existen voces académicas independientes que estudien el fenómeno con el rigor que merece.

Aunque resulte paradójico, los mejores estudios que he leído sobre cf cubana provienen de Estados Unidos y no están hechos por cubanos. En muchas universidades norteamericanas hay cátedras especializadas en cf que cuentan con cursos y currículos dedicados al género. Estos académicos celebran anualmente congresos donde se leen y analizan centenares de ponencias. Entre ellos, conozco a varios investigadores que estudian la evolución del género en la Isla. Además del profesor Juan C. Toledano, quien hizo su tesis de grado universitario sobre la CF en Cuba, está tu tesis sobre la cf en España e Hispanoamérica y tu libro Ciencia Ficción en español: una mitología moderna ante el cambio, en el cual hay varios capítulos dedicados a obras cubanas de CF. Otra importante investigadora es Andrea Bell, con numerosas publicaciones, y que, junto contigo, editó y tradujo varios cuentos de la primera antología de cf hispanoamericana publicada en Estados Unidos. La colaboración entre ambas, junto a otros investigadores del género en español y portugués, de dentro y fuera de ee. uu. (Miguel Ángel Fernández Delgado, Elizabeth Ginway y Luis Pestarini), ha producido, además, una cronología de textos de cf publicados en Latinoamérica entre 1775 y 2005, dividida por países y en la que figuran títulos cubanos desde 1885 hasta 2004, con un apartado que resume la historia y evolución del género en Cuba. También académicos como Robin McAllister, Dale Knickerbocker y Sharon Sieber han publicado trabajos, presentado ponencias, traducido textos o participado en congresos donde se han estudiado obras y autores cubanos.

Un caso significativo es el del profesor de física Daniel W. Koon, de St. Lawrence University (Nueva York), que mantiene, dentro de su propio sitio web, otro de consulta bilingüe dedicado a la CF cubana. No sólo ofrece información detallada y actualizada sobre obras y autores, sino que presenta fragmentos de novelas y cuentos traducidos al inglés, entrevistas, enlaces a sitios web de revistas digitales y de autores cubanos, y mucha más información.

Cuando los investigadores cubanos se decidan a estudiar esa zona de la literatura, tendrán necesariamente que contar con la bibliografía y los análisis publicados antes por sus colegas extranjeros. Pero esa interacción tan saludable es parte de la vida académica.

 
¿Cómo ve el futuro de la CF en Cuba?
 
Si a pesar del encierro y las dificultades materiales de los últimos años se siguen produciendo obras de calidad atendible, es de esperar que ese proceso se multiplique cuando los escritores —y el país, en general— puedan interactuar libremente con el resto del mundo. Cuba siempre ha sido un caldo de cultivo para la creación. Los cubanos se han especializado en absorber lo que llega desde el exterior para transformarlo en un producto sui géneris. Espero que algo parecido ocurra con la cf de la Isla en un futuro bastante cercano.

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