Un hasta luego

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La Asociación Encuentro de la Cultura Cubana, fundada en 1995 con el propósito inicial de publicar esta revista, se ha visto forzada a suspender todas sus actividades. Debido a la crisis financiera internacional, tanto agencias gubernamentales como fundaciones han perdido capacidad de financiación y han suspendido o recortado sustancialmente sus subvenciones.

En octubre de 2009, la Asociación, por razones de liquidez, se vio obligada a despedir a casi todo su personal. Tras varios meses de incertidumbre sobre la posibilidad de reactivar el proyecto, la realidad ha sido más poderosa que los deseos. De modo que este número 53/54 será el último de una larga etapa.

Cerramos este ciclo tocando temas medulares, como el problema racial en Cuba, a través de un excelente dossier preparado por Alejandro de la Fuente. Se rinde homenaje a una voz que es ya parte de las esencias de lo cubano: Olga Guillot. Además, tenemos el privilegio de contar con inéditos de clásicos como Lorenzo García Vega, y jóvenes como Duanel Díaz, textos sobre la manipulación de la novela policial, la enseñanza de la Filosofía en Cuba, la producción estética y la política cultural, el turismo revolucionario, así como anticipos de novelas, dos cuentos inéditos y los textos de cuatro excelentes poetas, entre otros. El gran pintor Agustín Fernández completa esta entrega.

Lo milagroso no es que Encuentro cierre sus puertas, sino que haya durado 54 números y casi catorce años con una calidad sostenida. Sobrevivir sin apoyos institucionales del país de origen es un deporte de riesgo para cualquier revista cultural. La Revista de Avance publicó el 15 de septiembre de 1930 su último número, el 50, a los tres años de su nacimiento. Orígenes alcanzó los 40 números entre 1944 y 1956. (Más los dos números apócrifos, el 35 y el 36, que publicó en paralelo José Rodríguez Feo). Ciclón circuló entre 1955 y 1957, con un número epigonal aparecido en 1959, tras lo cual «dejó de existir […] muerta de cansancio», como diría en Lunes de Revolución Virgilio Piñera. Y se trataba de revistas hechas en la Isla, cerca de su público natural.

Desde su nacimiento, Encuentro ha sido una revista sin territorio, o destinada a ese país virtual que es la diáspora y al país real que le cierra sus puertas y donde casi la mitad de su tirada ha debido circular por vías informales durante todos estos años. Era natural que así ocurriera. Encuentro nació y creció con una voluntad de diálogo entre la Cuba insular y la diaspórica, entre diversas generaciones, estéticas, tendencias políticas, entre poetas, narradores y ensayistas, entre la academia y la creación. Y el gobierno cubano ha insistido durante medio siglo en el monólogo, según la noción de que cualquier diálogo es perverso, salvo que sea monitoreado desde la Plaza de la Revolución. Mediante el viejo sistema del palo y la zanahoria ese gobierno ha intentado que los creadores de la Isla y algunos del exilio eviten nuestras páginas. No contaron con que muchos de sus súbditos se proclamarían ciudadanos. Basta recorrer nuestra nómina de colaboradores.

La diáspora cubana ha visto nacer y extinguirse a decenas, cientos de proyectos, muchos de los cuales habrían merecido mejor suerte. La revista Encuentro ha sido muy afortunada al contar con medios procedentes de instituciones políticas y culturales del más diverso signo, interesadas en apoyar una iniciativa basada en el debate democrático y el respeto al otro y no en la descalificación y el enfrentamiento sistemáticos. Si los patrocinadores han persistido en su apoyo ha sido gracias, no sólo al empeño de sus fundadores y del reducido grupo editorial, sino, y sobre todo, gracias a la maestría y la generosidad de cientos de colaboradores que han alimentado el proyecto de más largo aliento durante estos cincuenta años de exilio, un espacio de referencia de la cultura cubana, y a la fidelidad de los lectores cubanos y no cubanos que nos han acompañado. A ambos debe Encuentro su gratitud.

Decir adiós es siempre difícil. Preferimos decir «hasta luego». Hoy, como siempre, y quizás más que antes, los cubanos necesitamos no uno, sino muchos encuentros. Sean bienvenidos.

Página de inicio: 4

Número de páginas: 2 páginas

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