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Actualizado: 18/04/2024 23:36

Rusia, Putin, URSS

Tránsito de la colonización soviética al Estado mafioso de Putin

Antes nos colonizó la URSS, ¿ahora el Estado mafioso de Putin?

A mediados del mes de enero de este 2023 una delegación de oligarcas rusos visitó Cuba con el fin de crear un programa de reformas de la economía cubana. Este programa estaría dirigido por el instituto Stolypin de la Economía de Crecimiento basado en el desarrollo de la empresa privada, según dieron a conocer agencias rusas de noticias.

La iniciativa fue anunciada durante la reunión del presidente cubano Miguel Diaz Canel con el oligarca Boris Titov, político y empresario ruso, uno de los principales colaboradores del dictador Vladimir Putin.

El gobernante ruso convirtió a Titov —mediante decreto presidencial en 2012— encargado de proteger los “derechos de los empresarios que lo apoyan”. Por lo que entró a formar parte del cerrado circulo de los llamados “Silovikis” que significa en ruso “Los Hombres Duros” de Putin.

Esta colaboración entre los “Silovikis” rusos de Putin y los nuevos oligarcas cubanos ha dejado claro que el poder mafioso en Cuba necesitaba “modernizarse” para salir de su colapso actual. La fórmula aceptada por La Habana para salvar su poder antes que aumente la probabilidad de una revolución popular es seguir la pauta del modelo mafioso ruso que los oligarcas de ese país invitan a copiar. Los “dirigentes” cubanos del PCC antes copiaron el régimen totalitario de la URSS y ahora sus sucesores de GAESA copiarán el modelo ruso de Estado mafioso. Somos “continuidad”, ¿no es así?

Los militares vinculados a GAESA —que son una ínfima minoría oligárquica— quieren aprender de los Silovikis, esos “hombres duros” que están perdiendo la guerra en Ucrania. Ellos son el corazón del círculo íntimo del presidente Vladimir Putin. Incondicionales al dictador ruso y leales a la línea del Kremlin. Sus asesores más confiables en un mundo en que el dictador no puede confiar plenamente en nadie, ni siquiera en ellos. Muchos, como Putin, tienen experiencia en organizaciones de seguridad nacional como el FSB, el sucesor de la infame KGB de la Unión Soviética.

Los observadores de Rusia creen firmemente que, si Putin alguna vez entrega el poder (para evitar ser derrocado), probablemente intentara hacerlo en favor de alguien de este grupo. Veamos entonces quiénes son esos “Silovikis” más destacados.

Sergey Shoigu, 66 años, General del Ejército y Ministro de Defensa

El general Shoigu, jefe de las fuerzas armadas. Nacido en Chavan, una ciudad en el sur de Siberia vecina de Mongolia, su padre era de etnia tuvana, indígena de la región.

Fue ascendiendo para convertirse en ministro de Situaciones de Emergencia en la década de 1990, fue declarado héroe de la Federación Rusa antes de ser nombrado ministro de Defensa en 2012. Fue reelegido en 2018 y 2020.

Uno de los arquitectos de la intervención de Rusia en Siria, su estrella puede subir o bajar dependiendo de lo que suceda en Ucrania. Todo indica que con el desastre e incapacidad que han demostrado las fuerzas armadas rusas de las que es responsable, sea de los primeros chivos expiatorios que utilizará Putin para salvar su pellejo.

Igor Sechin, 61 años, presidente y director ejecutivo de Rosneft

Un cable filtrado de la embajada de Estados Unidos lo llamó “el cardenal gris del Kremlin”, el jefe de la compañía petrolera estatal es uno de los oligarcas “Silovikis” más cercanos a Vladimir Putin.

Como es el caso de muchos de los lugartenientes del presidente, Sechin proviene de Leningrado, ahora San Petersburgo, y fue viceprimer ministro de 2008 a 2012, después de servir como subjefe de gabinete de Putin en 2000.

A veces descrito como la mano derecha del presidente y un confidente desde principios de la década de 1990, su papel en Rosneft también lo ha hecho extremadamente rico.

Sechin fue objeto de sanciones de la UE después de la invasión de Ucrania, y las autoridades francesas confiscaron su yate Amore Vero, de $120 millones, cuando intentaba zarpar.

Nikolai Patrushev, 70 años, secretario del Consejo de Seguridad de Rusia

El halcón de los halcones políticos, Patrushev ha declarado que el objetivo de Occidente en Ucrania es “destruir la Federación Rusa”. A veces descrito como el segundo hombre más poderoso de Rusia, nació en Leningrado y comenzó su ascenso al poder bajo la antigua Unión Soviética.

Se unió a la KGB en la década de 1970, se convirtió en subdirector del FSB en 1998 y director un año después. En 2008 fue nombrado secretario del Consejo de Seguridad de Rusia, que asesora a Putin.

Los informes dicen que conoce a Putin, que también nació en Leningrado, desde hace unos 50 años.

Alexander Bortnikov, 70 años, director del FSB

Bortnikov es otro graduado de la KGB en Leningrado, donde quizás trabajó por primera vez con Putin.

Fue nombrado director del FSB en 2008, responsable de una enorme red de agentes que controlan todos los aspectos de la vida en Rusia, fortaleciendo efectivamente el control de Putin.

Su hijo, Dennis, es presidente del banco estatal VTB, que fue sancionado por el presidente estadounidense Joe Biden, junto con su padre.

Sergey Naryshkin, 67 años, director del Servicio de Inteligencia Exterior

Economista e ingeniero de formación, Naryshkin estudió en la Escuela Superior de la KGB junto a Putin y fue nombrado jefe de inteligencia extranjera en 2016.

En vísperas de la invasión de Ucrania, Naryshkin fue ridiculizado públicamente por Putin durante una sesión televisada del Consejo de Seguridad Nacional después de tartamudear y embarajar la línea oficial sobre el reconocimiento de Rusia de los enclaves ucranianos de Donetsk y Lugansk, con Putin diciéndole que “hablara claramente”.

Se desprestigió como jefe de espionaje al afirmarle a Putin que los soldados rusos serían bienvenidos como libertadores por el pueblo de Ucrania.

Sergey Ivanov, 69 años, representante especial del presidente

Más importante que su papel actual es la estrecha amistad de Ivanov con Putin, forjada en la KGB, donde finalmente se convirtió en el segundo del presidente ruso.

Asumió el mismo papel con el FSB, convirtiéndose en ministro de Defensa en 2001.

Un halcón se negó a descartar un primer ataque nuclear si era en interés de Rusia, y argumentó fuertemente a favor de la intervención militar en Siria. También desestimó el envenenamiento fatal del desertor del FSB Alexander Litvinenko en 2006, diciendo que no era “nada”. “No nos importaba lo que dijera y lo que escribiera en su lecho de muerte”.

Fue puesto bajo sanciones por Estados Unidos después de la invasión de Ucrania.

Dmitry Rogozin, 58 años, director de la agencia espacial rusa Roscosmos

Exviceprimer ministro y embajador ante la OTAN, Rogozin fue nombrado jefe de Roscosmos en 2018.

Un firme defensor de las minorías rusas en varios países exsoviéticos, es franco sobre la intervención, diciendo en 2015 que “los tanques no necesitan visas”.

Amenazó públicamente con separar la sección rusa que proporciona propulsión a la Estación Espacial Internacional, lo que generó preocupaciones de que Moscú permitirá que la estación se estrelle contra la Tierra y abandonar a un astronauta de la NASA en el espacio como resultado de la oposición de Estados Unidos a la invasión de Ucrania.

Vyacheslav Volodin, 58 años, presidente de la Duma Estatal

Volodin es un político de la cámara baja del parlamento ruso y exviceprimer ministro. Uno de una nueva generación de “Silovikis” más jóvenes, es un exasesor de Putin y trabajó en su última campaña electoral.

Ha sido considerado como un posible sucesor si Putin renuncia en el futuro.

Acuerdos entre mafiosos, no entre marxistas ni comunistas.

Es necesario señalar, especialmente para aquellos ciudadanos de a pie que aun abrazan con beata fidelidad la religión comunista en Cuba que los acuerdos anunciados son con una institución cercana al corazón de la dictadura del Kremlin. Estos no son expertos en “salvar el socialismo” ni tienen nada que ver con Marx o Engels u otros clásicos de aquella ideología fracasada. Los acuerdos suscritos por la dictadura cubana han sido con la cleptocracia rusa en el que —al igual que entre los novatos oligarcas de GAESA— prima el interés por el enriquecimiento propio a costa de los bienes públicos.

A los “Silovikis” rusos no les interesa para nada su propio pueblo, ni siquiera sus propias fuerzas armadas. Basta analizar el desastre que le han creado a su ejército con la invasión a la vecina Ucrania que ya en el momento que escribo este trabajo les ha ocasionado más de 150.000 muertos y decenas de miles de heridos y mutilados.

Para poner solo un ejemplo de tantos que vemos a diario, La cleptocracia rusa ha llegado al extremo de dañar de tal manera a su propio ejército, que este ha sido incapaz de tomar la pequeña ciudad de Bakhmut de unos 70.000 habitantes (antes de la guerra) en un año de guerra. Comparativamente, sería interesante conocer las opiniones de los actuales académicos militares cubanos sobre cómo es posible que el ejército que se vanagloriaba de ser el segundo del mundo no haya podido tomar una ciudad comparable a Perico en la provincia de Matanzas en tantos meses de hostilidades.

Tampoco se entiende que los movilizados de las reservas de las fuerzas armadas hayan tenido que pagar de sus bolsillos el costo de los chalecos protectores antibalas al ser obligados a ir a una guerra que rechazan. O que los cleptócratas del Ministerio de Defensa —los “Silovikis” que expuse más arriba— se hayan robado millones de dólares adquiriendo los neumáticos de los camiones de logística que se quedaron varados en carreteras y caminos destruidos por los ucranianos al no tener la resistencia requerida porque los chinos se los vendieron a mitad del precio, pero sin tener las especificaciones necesarias para esos medios de transporte. La otra mitad no fue a parar muy lejos, se quedó en yates de $600 millones, varios de ellos confiscados alrededor del mundo.

Los “Silovikis” indudablemente le ofrecerán a la dictadura cubana créditos por millones de dólares para la compra de armamentos desfasados y obsoletos comparados con los armamentos de cuarta generación que Occidente ha puesto en las manos de los ucranianos. Lo mejor que pueden ofrecer desde Moscú es el perfeccionamiento de las técnicas represivas en las que el dictador ruso si tiene buena experiencia de sus andadas por la extinta KGB.

Pero esta vez no se podrán “anotar las deudas en el hielo” como orientó hacer Fidel Castro cuando ordeñaba a la URSS. Esta vez los “Silovikis” sí van a cobrar, pero lo van a hacer con bienes raíces. “Te vendo 100 tanques de guerra T-72 iguales a los tres mil doscientos que los ucranianos han destruido y me pagas el valor de los mismos con terrenos en las cayerías del norte para nosotros construir hoteles”. “Te actualizo en los métodos más efectivos de represión y violación de los derechos humanos y me das carta blanca en los futuros casinos de GAESA”.

Detrás de los hoteles, a no dudarlo, vendrán nuevas inversiones como los casinos. ¿No le regaló Fidel Castro a Erich Honecker (con papeles y derecho de propiedad) el cayo “Ernst Thälmann” en la costa sur de la provincia de Matanzas? ¿Por qué no lo va a hacer la oligarquía de GAESA con Putin? Por lo pronto ya enviaron a Díaz-Canel a pedir limosna a Putin, en medio de la agresión más brutal y despiadada desde la Segunda Guerra Mundial contra una nación europea que ha decidido no rendirse al neozarismo del siglo 21.

GAESA, que ya estaba bastante adelantada en el arte de la cleptocracia, con esta asesoría rusa adelantaría la modernización y consolidación de su Estado mafioso en la Isla.

© cubaencuentro

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