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Actualizado: 26/06/2019 9:43

Turismo, EEUU, Trump

Política de Trump hacia Cuba daña más al sector privado que al Gobierno

Cifras oficiales cubanas muestran que el arribo de estadounidenses creció de 618.000 en 2017 a 630.000 en 2018, pero la mayoría lo hizo en cruceros

A pesar de las restricciones del presidente estadounidense Donald Trump hacia Cuba, cientos de millones de dólares de ciudadanos de ese país siguen fluyendo al estratégico sector del turismo en la nación caribeña, buena parte de él gestionado por los militares, informa la AP.

Y al contrario de lo que la Casa Blanca aseguró que buscaba como objetivo —beneficiar al sector privado—, los emprendedores emergentes como arrendadores de viviendas o los restaurantes particulares están entre los más perjudicados.

Trump anunció a mediados de 2017 la reimposición de límites para que sus connacionales viajaran a Cuba a fin de asfixiar a las empresas estatales, entre ellas algunas bajo el control de las Fuerzas Armadas.

La administración estadounidense incluso hizo listas negras de hoteles y firmas con las cuales no se podían realizar ningún tipo de operaciones financieras. La meta expresada por la Casa Blanca era presionar un cambio de modelo político en la Isla y canalizar el dinero hacia los pequeños empresarios que surgieron al calor de las reformas impulsadas en la isla por el expresidente Raúl Castro y estimulada por la afluencia de turistas.

Pero al mismo tiempo autorizó a los cruceros de líneas de Estados Unidos a realizar giras de pocas horas a la Isla. Ahora miles de estadounidenses prefieren venir en esos barcos cuyos itinerarios son coordinados por agencias de viajes estatales cubanas a fin de no transgredir las leyes de su país.

“La aproximación de Estados Unidos a Cuba… inspiró a muchas personas que consideraron que esta era una actividad atractiva para invertir sus ahorros”, dijo David Pajón, un profesor de economía y arrendador de 33 años. “Y de repente tienes al Gobierno de Estados Unidos creando una situación que impacta sobre la cantidad de personas que vienen”.

En diciembre de 2016 el apartamento que Pajón había comprado en La Habana Vieja para alquilar a turistas estaba completamente lleno. Visitantes estadounidenses arribaban en masa a la Isla por primera vez y el auge se extendía a otras nacionalidades.

Este diciembre —temporada alta en Cuba—, Pajón tuvo su apartamento vacío 10 noches, trabajó el doble para conseguir clientes y hasta en un momento del año debió rebajar los precios. Sus ingresos disminuyeron un 40 %.

Sin embargo, cifras oficiales cubanas muestran que el arribo de estadounidenses creció de 618.000 en 2017 a 630.000 en 2018, pero la mayoría lo hizo en cruceros, una modalidad no sancionada y que les evita las confusas reglas de su Gobierno.

En 2015, el año en que los presidentes Barack Obama y Raúl Castro anunciaron una histórica distención tras cinco décadas de congelamiento en la relación bilateral, viajaron a la Isla 162.000 estadounidenses. La novedad —que no implicaba el levantamiento de las sanciones, pero las flexibilizaba— arrastró también a turistas de otros países: Cuba recibió ese año unos 3,5 millones pasajeros de todo el mundo y la cantidad subió paulatinamente hasta los 4,7 millones al cierre de 2018.

Pero, cifras suministradas a The Associated Press por el director comercial del Ministerio de Turismo, Michael Bernal, indicaron que la ocupación en las casas particulares estuvo en 2018 apenas en el 44 %. En contrapartida, el crecimiento de los arribos de cruceros fue de 49 %, la mayoría con visitantes procedentes de Estados Unidos.

Aunque no hay información oficial disponible sobre la ocupación de las viviendas privadas en los años precedentes, el economista experto en turismo, José Luis Perello, estimó que fue del 90 % en 2016 y bajó en los dos años posteriores.

Actualmente hay 24.185 habitaciones y 2.170 restaurantes con licencia en el sector privado.

Al Estado cubano ingresaron el año pasado unos $3.000 millones por el turismo, uno de los motores de la economía, y se estima que otros $1.000 millones más fueron a manos del sector privado: arrendadores, taxistas, guías turísticos, meseros y vendedores.

Según Perello, el turismo de estancia —las personas que pernoctan en la Isla— disminuyó un 9 % en 2018, a lo que se suma una baja en la estadía media de los estadounidenses que en 2017 se quedaban un promedio de seis días en el país y ahora lo hacen solo tres.

Enrique Núñez, dueño de La Guarida —un restaurante particular de primer nivel en La Habana que fue visitado por figuras como Madonna, Beyonce, Jack Nicholson o Benicio del Toro— aseguró que el impacto de la mayor cantidad de cruceros es “palpable”.

© cubaencuentro

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