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Actualizado: 29/11/2022 11:37

Ballet, Danza, Literatura

Testigo privilegiado y crítico riguroso

Roger Salas ha recogido en tres volúmenes parte de su labor como comentarista de ballet y danza durante más de treinta años. Dos mil páginas que constituyen un tesoro de sabiduría, inteligencia y seriedad

Esta semana reseñaré la salida de tres títulos que, en total, suman 2 mil páginas. En ellos, su autor, Roger Salas (Holguín, 1950) ha recopilado parte de su faena como crítico de ballet y danza a lo largo de más de tres décadas. Son textos que, en su mayor parte, aparecieron publicados originalmente en el diario español El País, y constituyen, como expresa Juan Cruz en la introducción a uno de los volúmenes, “un tesoro de sabiduría, inteligencia y seriedad”.

Los libros a los cuales me refiero llevan el título común de Papelería sobre la Danza (y el Ballet). Los dos primeros tomos salieron de la imprenta en 2014 y el tercero, al año siguiente. Aparecieron bajo el sello de Ediciones Cumbres, que dirige Mayda Bustamante, y cuyo catálogo acumula unos cuantos títulos sobre ballet y danza, aunque también figuran algunos sobre teatro.

Al inicio de la introducción que redactó para el primer volumen, Salas apunta: “No podemos decir que esto sea un tomo de ensayos en toda regla, aunque contenga estudios, algunos más enjundiosos que otros. No tiene esa pretensión. Se trata de papelería, y como toda ‘papelería’, es también circunstancia”. Armó los tres libros a partir de una selección personal que hizo en esa selva de trabajos sobre danza y ballet, acumulada por él durante los años en que se dedicó a cubrir como crítico estrenos, presentaciones y festivales.

Al escoger los textos, Salas explica que siguió como criterio rector el de qué podía “interesar al lector interesado”, qué textos tenían alguna vigencia y cuáles podrían ser de utilidad tanto para el estudioso como para el diletante, para el balletómano como el practicante. Al reproducir esos trabajos en cada volumen, les dio además un orden cronológico, con el fin de darles amenidad y facilitar su lectura.

En el primer tomo, reunió treinta y cuatro artículos que abarcan un variado abanico temático. Se pueden encontrar así páginas dedicadas a la Escuela Bolera, los Ballets Rusos de Sergei Diaghilev, la figura de Don Juan en el arte danzario, la danza masculina, las grandes compañías rusas de Moscú y San Petersburgo, la danza y el ballet en España y América Latina. Asimismo, hay otros trabajos en los que Salas estudia obras tan emblemáticas como La fille mal gardée, Coppélia, El lago de los cisnes, Cascanueces.

En las primeras 400 páginas del segundo volumen, Salas ha reunido los perfiles de 27 destacadas figuras. Rudolf Nureyev, Alicia Alonso, Carla Fracci, Nacho Duato, George Balnachine, Pina Bausch, Roland Petit, Joaquín Cortés, Kazuo Oono, Víctor Ullate, Carlos Acosta y Merce Cunningham, son algunos de los incluidos. A ese bloque sigue otro integrado por 138 obituarios publicados en El País. En ellos, su autor hace una concisa síntesis de la trayectoria biográfica y artística de cada uno de esos creadores. No son meras notas para dar noticia del fallecimiento, sino textos enjundiosos y bien documentados. La utilidad de esos textos es doble, pues contribuyen a llenar una carencia: en castellano no contamos con un diccionario enciclopédico del ballet y la danza que esté actualizado a nuestros días.

Hacer proezas corporales no es bailar

Ese segundo tomo también contiene un extenso bloque de trabajos que cubren asuntos muy variados. Anoto algunos de los títulos para dar una idea: “Acerca de Martha Graham”, “El Ballet de Frankfurt en el Teatro Real”, “Moda y ballet. Los grandes estilistas y la danza”, “Bailarines más allá del tiempo”, “Richard Wagner y el ballet”, “Degas entre los trajes de tul. Guerras de guerrillas en el ballet”, “Karole Armitage en la Bienal de Venecia”. El contenido de ese libro se completa con una selección de las entradas escritas por Salas para el blog Por pies, de El País.

A propósito de este último bloque, Salas redactó esas entradas con un rigor similar al de sus artículos. En el blog apareció la serie Mis retratos de verano, donde hay textos sobre Adolfo Roval, Maya Plisétskaia y William Forsythe, entre otros. Abordó también temas como el repertorio clásico, las bailarinas decorativas y la polémica sobre si se baila hoy mejor que antes. De su primera entrada, titulada “Apogeo de la técnica y línea de la bailarina”, quiero reproducir este fragmento, donde arroja luz sobre una confusión bastante extendida entre los aficionados al ballet:

“Constantemente encuentro en blogs, YouTube, Facebook y otras redes sociales fotos de bailarinas y bailarines de ballet haciendo ‘proezas’, o lo que el entusiasmo (casi siempre más balletómano que científico) entiende por proeza corporal, es decir: grandes saltos, grandes extensiones, videos de mucha acrobacia, pies de empeines prodigiosos y líneas cada vez más alargadas. Sintiéndolo mucho, tengo que ratificarme en que todo esto tiene poco que ver con el ballet como resultado artístico. Quiero decir que esas ‘proezas’ en sí mismas no reflejan nada de arte ni pueden ser consideradas como avances significativos en las formas y las maneras de bailar. Bailar es reunir sobre la música las cualidades del movimiento, cuanto más depurado mejor, pero siempre dentro de los límites y cánones que marcan el estilo y la estética propios del ballet que se representa. La técnica del ballet se ha esforzado en una loca carrera que la acerca peligrosamente a los deportes de competición, siendo cada vez más ampulosa en su exigencia y alejando los límites más allá de lo aconsejable si de arte estamos hablando”.

El tercero de los libros es el único que tiene un título adicional: ¿Por qué bailamos?, y se anuncia como la primera parte. En la solapa se aclara además que Papelería sobre la Danza (y el Ballet) es un proyecto que estará conformado por cinco títulos. Pero tras la salida de este tercero, Ediciones Cumbres canceló el proyecto y hasta la fecha no han visto la luz los dos restantes. Salas está ahora en la angustiosa búsqueda de una opción alternativa que le permita concluir la publicación de esa suma de sus trabajos y sus días.

En este último volumen se recopilan 34 entrevistas a destacadas personalidades tanto del ballet como de las expresiones modernas. Dado que su autor distribuyó el contenido en orden alfabético, esta primera entrega solo alcanza a cubrir los nombres cuyos apellidos van de la letra A a la L. Pero el libro no se reduce solo a reproducir las entrevistas. Estas van completadas con trabajos que Salas escribió sobre esos creadores. Con esto se arma una suerte de bloque monográfico sobre cada entrevistado, que combina su testimonio personal con valoraciones críticas acerca de su labor. Asimismo, y a diferencia de los tomos precedentes, este tercero lleva además un abundante material fotográfico, lo cual hace que la edición sea más atractiva.

Testigo privilegiado y hombre fiable

Leer esos artículos y entrevistas significa emprender un fascinante recorrido por los creadores, las compañías y las obras más relevantes del ballet y la danza contemporáneos. Hacemos ese viaje de la mano de quien, como crítico y cronista, ha sido testigo privilegiado de los hechos más significativos de esa manifestación artística. En ese sentido, conviene apuntar que el trabajo de Salas no se limitó a lo que se presentaba en España, sino que el prestigio internacional que pronto se ganó le permitió viajar por numerosos países y asistir a festivales y estrenos en los escenarios más selectos. A su colaboración regular en El País, se sumó además la de corresponsal de las revistas Balletto Oggi y Ballet2000.

La crítica escrita para diarios y revistas no especializadas posee a ulteriori una utilidad como fuente de consulta. Algo que en el caso de las artes escénicas resulta más evidente, dado su propio carácter de espectáculo en vivo. Esa utilidad, por supuesto, se cumplirá mejor si la crítica está bien hecha. En sus mejores textos, que son muchos, Salas demuestra profesionalismo, rigor y un gran conocimiento de la manifestación de la cual se ocupa. La ha adquirido de modo autodidacta, a través de su experiencia como espectador.

En ese sentido, se puede afirmar, cito nuevamente a Juan Cruz, que Salas es un hombre fiable, “que nunca da gato por liebre, ni artista por aprendiz, ni historia por historieta, ni le otorga grandeza a la mezquindad”. Posee además otra cualidad necesaria en el quehacer crítico: una erudición enciclopédica. Pero se trata de algo que se pone de manifiesto cuando se han leído unos cuantos trabajos suyos, pues la emplea cuando viene a cuento, no para deslumbrar ni presumir de ella.

Salas nunca pierde de vista que escribe para un diario. Por eso siempre lo hace con claridad, eficacia comunicativa y amenidad. Sigue el consejo de Jorge Mañach, quien llamaba a introducir un poco de buen humor y de agilidad juveniles en “estas faenas de iluminación”. Al respecto, el crítico y especialista en ballet italiano Alfio Agostini ha comentado que “con las crónicas y artículos de Roger Salas no solo tenemos en la mano unos textos rigurosos y fiables, sino verdaderas piezas de buena literatura”.

En un panorama en el cual la crítica de ballet y danza tenía un magro espacio en los diarios, Salas aportó una labor de un nivel de profesionalismo, hondura y conocimiento que hasta entonces se desconocía en España. En sus textos demostró con creces que entiende esas manifestaciones en profundidad y dotó de un marco más amplio y abarcador a la teoría coréutica. Este último es un término que él ha tomado del italiano y que abarca las ciencias del arte coreográfico y sus ramas. Los tres volúmenes de los que aquí he dado noticia son un espléndido compendio de una faena crítica penetrante y sensible, reflexiva y didáctica, insobornable y militante.

© cubaencuentro

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