Enfoque latinoamericano
“Con esa tradición debemos saldar cuentas…”
Cubaencuentro inicia una serie en que especialistas responderán preguntas sobre los desafíos de la región, formuladas por el historiador Armando Chaguaceda
Cubana orgullosa de serlo, animadora de tertulias domingueras y amante del buen arte, su vida es digna de la novela que acaba de terminar. Los pasos la han llevado a vivir en Moscú y la Habana, París y México, a trabajar como inmigrante lejos de las labores académicas y a apasionarse por conocer (y comparar) las diversas culturas y patrones de integración social. Tiene en su haber un doctorado trunco en la Universidad de la Habana (1996) cuya tozuda y gallarda defensa no la libró de la sentencia inquisitorial pero sí la convirtió —a despecho de sus censores— en un ejemplo de civismo y una suerte de leyenda urbana para sucesivas generaciones de estudiantes e interesados en el “modelo cubano”. Candidata a doctora en Sociología en la Universidad de París VIII (Saint Denis, Francia), ha sido docente en dicha universidad, así como en la Universidad de La Habana (Cuba) y la Universidad Anáhuac (México) y sus análisis han aparecido en publicaciones de la Isla, España, Francia y México. Son sus áreas de especialización, entre otras, la teoría sociológica, la sociología política y la relación entre ciencias sociales e historia. Hoy comparte miradas con los lectores de CE la colega Marlene Azor Hernández.
¿Podrías señalar, desde tu experiencia, la importancia, potencialidades y retos de vincular historia y ciencias sociales para comprender el devenir y problemáticas sociales?
Marlene Azor Hernández (MAH): La mejor manera de responder a tu pregunta es comentarte mi experiencia en un coloquio reciente sobre las revoluciones realizado en Veracruz, a propósito del centenario de la Revolución Mexicana, en el cual tuve el privilegio de participar y compartir con muchos investigadores con itinerarios de formación disímiles y de diferentes países: mexicanos, norteamericanos, franceses e italianos.
Lo primero que constaté es que cada investigador contaba la historia desde un enfoque diferente: unos desde la actuación de los grandes líderes y figuras históricas, revisitando una vez más si esas figuras habían sido todo lo malo que estaba consensuado en la historiografía de la revolución mexicana o si por nuevas fuentes se constataba que se la había hecho un juicio errado a esa figura histórica. Sobre la llamada Revolución de Independencia de las Trece Colonias, resaltó una mirada simpática para constatar que el concepto de Revolución aplicado a ese proceso no tenía ninguna conveniencia, porque salvo un levantamiento puntual había sido un proceso de negociaciones pactos y alianzas. Respecto a la visión de la Revolución francesa de 1789 un colega ofreció un enfoque cartográfico, desde el cual a partir de las transformaciones en los mapas de las divisiones políticas y administrativas de Francia, se pretendía comprobar cuánto quedó de la división del Ancien Regime y qué poco cambió, a nivel cartográfico, la organización político-administrativa francesa.
Otra visión abordó la Revolución francesa de 1848 desde un punto de vista demográfico, como un proceso concentrado en París, y una investigadora francesa enfocó la misma revolución del 48 a partir de las subjetividades de los actores parisinos de la Revolución a través de los manifiestos, documentos, la literatura y las estrategias de lucha.
Me llamó la atención esta diversidad de enfoques y la ausencia en cada expositor por clarificar qué entendía por Revolución y qué conceptos bases iba a utilizar para leer la realidad sobre la cual iba a producir un determinado conocimiento.
En conversaciones sucesivas constaté un menosprecio casi alérgico a todo tipo de teoría explicativa y hasta alguna comprensión de la teoría social en términos iguales a una teoría física, con el consiguiente desdén por cualquier propuesta de conceptos y enfoques teóricos sociales que organizaran y estructuraran un conocimiento a compartir por la comunidad de investigadores, en el entendido de que ninguna llegaba a la altura de la solidez de la teoría física. Muy interesante, porque yo suponía la existencia de consensos en el mundo académico occidental, en torno a la discusión de hace más de un siglo sobre las diferencias entre las ciencias naturales y exactas y las sociales y humanistas y más reciente la discusión de modernidad y postmodernidad con toda su crítica a los metarrelatos y sus implicaciones epistemológicas para la producción intelectual académica a partir de la década de los ochentas del siglo pasado. Y descubrí que para la mayoría de los presentes estas dos discusiones habían pasado de lado sin dejar ninguna reflexión nutricia para su propio trabajo intelectual.
¿Cuales son a tu juicio los elementos que permiten diferenciar una forma tradicional de entender (y hacer) la ciencia y discurso históricos de otros enfoques más novedosos?
MAH: Yo creo que la manera de narrar la historia desde las grandes personalidades y sus gestas heroicas es una manera muy decimonónica de hacer la historia, y para ello es mejor hacer biografías. Pero pretender entender un proceso histórico a través de las figuras sobresalientes es analizar sólo unas pocas subjetividades y dejar de lado la inmensa riqueza del resto de los actores involucrados y de sus estrategias de lucha, resistencia y de sus expectativas. Es una manera de quedarnos casi ciegos frente a la profundidad de la realidad que pretendemos investigar. Ya desde la década de los 20 con la Escuela de los Annales, el surgimiento de la Historia social, pero también con los aportes de los investigadores ingleses agrupados en la New Left Review y luego, los Estudios Culturales, la manera de hacer la historia ha cambiado de manera radical para permitir un conocimiento de las sociedades a partir de las subjetividades de los que viven los procesos históricos y no solo de las figuras relevantes y esto tiene implicaciones políticas. En la actualidad latinoamericana cuando se discute el fortalecimiento de la sociedad civil, de la diversidad de actores sociales con fuerza reivindicativa para combatir los caudillismos, los autoritarismos y las democracias vacuas, el estudio de las expectativas y estrategias de los subordinados tiene toda la relevancia y pertinencia.
¿Cómo han influido las formas de entender la historia sobre las estrategias y procesos de los actores políticos en el mundo y, más particularmente, en nuestra región?
MAH: Yo te podría decir que en la historiografía en general pero también en las ciencias políticas, la sociología y la economía durante todo el siglo XX primó un enfoque de la totalidad social que no es negativo per se, pero que dejaba la diversidad de los actores sociales olvidada. Si revisas la historia de los países latinoamericanos es con frecuencia la historia de los gobiernos de turno o de las políticas públicas de esos gobiernos o de los movimientos nacionales leídos en clave de sus líderes. Esta visión desde el Estado o desde los líderes también afectó a todo el discurso académico y político de la izquierda.
Desde la expansión de los partidos políticos en la segunda mitad del siglo XIX, los partidos de izquierda emergieron con varias tendencias que luego cristalizarían en los socialdemócratas y los comunistas. Estos últimos, imbuidos de la estrategia de un cambio total radical de la sociedad, tuvieron un ejemplo fáctico en el partido bolchevique, el cual en las condiciones históricas que surge y que se propone enfrentar, es un partido militarizado, vertical, jerárquico, centralizado en su toma de decisiones por un reducido número de personas. Esto que fue una realidad histórica no tenía nada que ver con Marx.
Y esta excepción histórica, en la medida en que el proceso soviético avanzó y se consolidó, se impuso como la única manera de hacer un partido de izquierda si se proponía un cambio radical de la sociedad. Así se pretendió convertir una experiencia histórica en ciencia social universal. Y en Latinoamérica, en la década de los sesenta, sean los partidos comunistas o los nuevos partidos y movimientos guerrilleros, la izquierda le atribuye a la vanguardia organizada una visión de sabiduría esclarecida, una posesión de la verdad absoluta que condiciona movimientos y partidos verticalistas, autoritarios, igualmente centralizados y jerárquicos, para los cuales “las masas” y el pueblo son individuos a los que hay que disciplinar y educar como en cualquier institución militar y de los cuales solo se espera la obediencia.
¿Puedes señalar, con algún ejemplo concreto, cómo influyen o perviven estos enfoques que has mencionado, en el análisis y posicionamiento de personalidades de la región en torno a la realidad cubana?
MAH: Aún en la actualidad, los intelectuales y militantes de izquierda que defienden la revolución cubana tienen estos mismos defectos del enfoque tradicional del siglo pasado sobre los cuales te comentaba. Es una solidaridad con los líderes históricos de la revolución y un olvido total del resto de los actores sociales de la realidad cubana. El pueblo cubano sigue siendo un telón de fondo para rellenar el espacio, y sus expectativas, estrategias de sobrevivencia, desesperanzas y luchas cotidianas no merecen para estos autores ninguna atención. Todo el enfoque se centra en un culto a la personalidad de la élite dirigente cubana y una lectura de la realidad cubana a partir del discurso oficial de la élite en el poder.
Por supuesto, con esta lectura no se enteran de nada de la realidad interna, ni creo que tampoco les interese planteárselo. Y esto no es más que la prolongación de una tradición verticalista y autoritaria en una parte importante de la izquierda en general y en particular en la que aún defiende un proceso que hace demasiado tiempo dejó de ser una revolución y mucho menos un proceso emancipatorio. Hay muchos autores con ese enfoque pero te puedo mencionar al menos tres: Atilio Borón, James Petras y Heinz Dieterich Steffan. Con esa tradición debemos saldar cuentas porque representan exactamente lo contrario a un pensamiento de izquierda liberador, pensamiento que ha existido soterrado y reprimido por y en las experiencias históricas autoritarias, verticalistas y totalitarias de socialismo de estado del siglo XX, con secuelas y fuerte presencia hasta la actualidad.
© cubaencuentro
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5 Comentarios
5 by Esopo (Usuario no autenticado) 14/01/2011 20:00
El amigo Mario Faz ha hecho un excelente análisis comparativo entre el proceso histórico de USA y de Latinoamérica, a partir de ese análisis el proceso histórico de Cuba podría encuadrarse, de forma general, dentro de los procesos históricos latinoamericanos, dije de forma general porque no podemos pasar por alto el proceso histórico iniciado en Cuba en 1959, que es inédito con relación a A L, que ya lleva 52 años, y aunque tengo la plena seguridad que va a cambiar, lo que no se sabe es cuando y como van a ser esos cambios. Ningún país de America ha pasado por un sistema comunista, llámese estalinista, llámese castrista etc. A partir del análisis de Mario y estas premisas que he tratado de expresar, el proceso de democratización de Cuba no puede estar fundamentado ni en la experiencia de USA ni de Latinoamérica, independientemente que se puedan tomar experiencias de ambos para instaurar la democracia y el modelo económico. Porque lo que los demócratas cubanos debemos de acabar de entender es que los cambios en Cuba deben partir de la situación política y social existente en la Cuba actual, su devenir histórico y no a partir de la experiencia de Sudáfrica, del derrumbe del Campo Socialista y la Unión Soviética, ni tampoco de la Independencia America y del desmonte del colonialismo en Latinoamérica.
4 by Esopo (Usuario no autenticado) 14/01/2011 19:40
Este es un excelente análisis de Marlene, pienso que el ultimo párrafo es la clave para caracterizar a la izquierda cavernícola, que como bien dice Marlene, “Todo el enfoque se centra en un culto a la personalidad de la élite dirigente cubana y una lectura de la realidad cubana a partir del discurso oficial de la élite en el poder. Por supuesto, con esta lectura no se enteran de nada de la realidad interna, ni creo que tampoco les interese planteárselo. Y esto no es más que la prolongación de una tradición verticalista y autoritaria en una parte importante de la izquierda en general y en particular en la que aún defiende un proceso que hace demasiado tiempo dejó de ser una revolución y mucho menos un proceso emancipatorio”.
3 by Mario Faz (Usuario no autenticado) 13/01/2011 21:40
Me inmiscuyo en el tema tratado en esta entrevista para al hacer varias preguntas y asi dar pie a lo que considero el intríngulis de lo que significa el concepto de "revolución" tanto para el pasado como para el presente. Porque en los Estados Unidos de America a diferencia del resto de los países de Latinoamérica, a pesar de que ambos surgieron de “revoluciones” que defenestraron el poder de las metrópolis coloniales europeas, han tenido la suficiente estabilidad politica para avanzar económica y políticamente de la manera que ha sucedido lo contrario de Latinoamérica? Porque los Estados Unidos de America no ha tenido ni un solo dictador ni caudillo militar en su historia de casi tantos anos a diferencia de Latinoamérica? Podemos enfocar el fenomeno desde un punto de vista racial? Lo enfocaríamos por razón de filosofía politica de la clase burguesa de una u otra región geográfica? A estas alturas muchas, demasiadas preguntas, quedan sin respuesta para buscar una razón valida para que al menos encontremos soluciones a nuestros problemas. El estudio comparativo desde muchos puntos de vista no se ha hecho o al menos nadie ha tenido el valor para encararlo objetivamente. Se reúnen congresos, seminarios y coloquios y nada! Vamos por puntos: Primero: los emigrantes de la America del Norte vinieron al Nuevo Mundo buscando libertad de conciencia y religión al contrario de los de America del Sur que surgieron de la emigracion, del mestizaje o de la procreación de aventureros o buscadores de fortuna en las nuevas tierras. Segundo: la Declaración de Independencia de los colonos norteamericanos se debió a que la metrópoli quiso imponer nuevos impuestos y restricciones que menoscababan su desarrollo económico de libre mercado. Las declaraciones de independencia de Latinoamérica, a pesar de ser casi por las mismas causas, se vieron imbuidos por las ideas libertarias de la Ilustración que en el vago concepto de “Liberte, Egalite y Fraternite” de la Revolución Francesa desemboco en una lucha fraticida entre girondinos y jacobinos, entre “izquierda y derecha”; o sea caudillismos personalistas hasta que Napoleón institucionalizo el estado pero como todo caudillo militarista se dedico a expandir el imperio mas allá de sus fronteras. Ese fue el fracaso de la revolución francesa hasta el fin de la segunda Guerra Mundial y Charles De Gaulle y su paneuropeismo del mercado comun y la UE El paradigma de la revolución francesa fue el motor de las revoluciones latinoamericanas, el de las tierras anglosajonas fue el libre mercado y plenas libertades económicas. Tercero: la falta de recursos no puede esgrimirse pues tanto en riquezas minerales como agrícolas, como de tecnologías modernas son muy similares las dos primeras. El conocimiento moderno y las tecnologías a veces no eran aceptados por la clase burguesa criolla pues ella en esencia estaba acostumbrada a vivir del trabajo del negro esclavo o del indio explotado parasitándose y/o anquilosándose en una sociedad muerta. La politica era la mejor industria para la burguesía criolla y el precio el poder político absoluto compartido con una iglesia casi en 100% colonial con contadas excepciones. Cuarto: la emigración a las trece colonias, a pesar de haber sido rechazada en ocasiones, introdujo sangre nueva que creo el impulso decisivo a la colonización hacia el oeste, expulsando a los nativos es cierto, absorbiendo tierras de su vecino al sur pero ese era un factor incontrolable que los norteamericanos han sabido asimilar y manejar. Como lo es ahora la emigración mejicana que poco a poco es absorbida, al igual a la de otros países y que integra dándoles plenos derechos y oportunidades a pesar de que alguien diga lo contrario. Quinto: la emigración a los países latinoamericanos no es absorbida con la misma celeridad con lo que es en el norte y es más oportunista al sentirse mas atada a su país de origen. Se sigue mencionando “la madre patria” a España y se buscan en Europa las respuestas a sus preguntas sin tratar de encontrarlas en sus propias tierras y conciencias. Los yanquis se volcaron a salvar a Inglaterra y Europa en dos ocasiones con el ímpetu de su industria y su fuerza militar, reconstruyeron a los países europeos después de la devastación e incluso al enemigo del Pacifico a pesar de haberles bombardeado con armas atómicas puso todo su esfuerzo para modernizar politica y económicamente al Japón. Sexto: en momentos que el libre mercado degenero en una economía de tipo monopólico hubo presidentes norteamericanos, de claro origen burgués elitista que desmoronaron esa economia bastarda: Theodore Roosevelt ideo el “Square Deal” y Franklyn D. Roosevelt con el “New Deal”. La economía de nuevogravito al libre mercado permitiendo al país alcanzar la estabilidad politica. En Latinoamérica la economía ha estado controlada por familias y grupos de intereses que a menudo han ligado sus supervivencias con países extranjeros sin desarrollar una conciencia nacional burguesa. Séptimo: la politica norteamericana estando dominada por dos partidos que toman el poder en una u otra oportunidad permite tendencias a extremos pero después de un tiempo vuelven a un nivel de moderación expresado en el consenso y la negociación al legislar. En Latinoamérica el partido de la posición tiende a aislarse y torpedear las acciones del que esta en el gobierno, por lo general crea un estado de crispación y sectarismo social lesivo. Octavo: puede estar la ideología del partido en el poder inclinada a derecha o izquierda pero el sistema eleccionario en los Estados Unidos, cada 4 anos presidente y cada 4 anos intercalado las cámaras legislativas duplican la oportunidad del partido de oposición de retomar o alcanzar una mejor cuota del poder. No se monopoliza el poder. En Latinoamérica el partido tal o más cual es representado por un individuo más que en una ideología o programa de gobierno. Sea de izquierda o de derechas la figura del presidente la mayor parte de las veces cansa y para mantenerse crea una prensa politizada en extremo que desorienta a la población.El caudillismo politico extremo es lesivo a toda sociedad. Noveno: el control de la prensa por grupos de intereses en Latinoamérica que, a pesar de ser igual en los Estados Unidos, la Constitución norteamericana garantiza plenamente la libertad de expresión al poder un grupo de individuos de cualquier tendencia politica de organizarse y expresar su opinión libremente de forma oral o escrita. En Latinoamérica ha sucedido y sucede en la actualidad que periodistas o medios escritos son asesinados, censurados o suprimidos. Es deber de todo estado es garantizar la libertad de expresión y proteger esta y los que la expresan es esencial. Décimo: la intelectualidad en ciencias sociales y políticas en Latinoamérica esta políticamente parcializada fundamentalmente a la izquierda, en vez de ser imparcial para que al mismo tiempo ofrecezca soluciones políticas y económicas de acuerdo a las realidades en que viven. A menudo se alían al poder político para servir de aval intelectual al mismo. La intelectualidad norteamericana solo funciona en el plano académico o en los medios de difusión, esta sujeta al debate y no es considerada como una clase separada de la sociedad ni superior a esta. Es cuestionada tanto como el poder político. He presentado aquí una decena de aspectos que en mi opinión pueden ser tomados en consideración por muchos de los que aquí escriben o comentan. No parto de un concepto abstracto creo, si no de realidades que he vivido o aprendido de las historias de los Estados Unidos y de los países Latinoamericanos en su paralelo a veces desarrollo. Encontrar soluciones como dije al principio machacando en frío solo nos retrasa. En experiencia de otros conjugadas con las nuestras están las soluciones. Hallémoslas. Dejemos un poco lecturas de manuales y paremos querer probar hasta la saciedad argumentos y soluciones pasadas de moda. Las soluciones deben ser novedosas e inteligentes.
2 by Amado Pino (Usuario no autenticado) 13/01/2011 21:40
Un excelente post, felicidades al auto, la entrevistada y CE
1 by Haroldo Dilla (Usuario no autenticado) 13/01/2011 21:40
Excelente trabajo de Chaguaceda y brillantes analisis los de Marlene Azor. Los felicito a ambos y a CE por montar esta seccion que nos permitira pensar los problemas de nuestra cultura desde una dimension mas universal.