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Actualizado: 07/08/2020 16:54

D’Rivera, Coronavirus, Pandemia

Entrevista a Paquito D’Rivera

“Vamos a salir de esta pandemia más fortalecidos, mejores seres humanos y más visionarios”

En estos días de pandemia con un repunte significativo de contagios por la covid-19 vemos en las redes sociales a Francisco de Jesús Rivera Figueras (Marianao, La Habana, Cuba, 1948), mejor conocido como Paquito D’Rivera —The Paq-Man— en ajetreo sincopado: grabaciones, desde su casa en New Jersey, de temas de jazz, danzas cubanas, boleros, piezas brasileñas, valses venezolanos y fragmentos de obras clásicas. Cada día con un sombrero distinto: una sesión con el sax alto; y otra, con el clarinete.

Paquito D’Rivera, músico de compañía para nostalgias imprevistas. Andamos desorientados, confusos, entramos temprano en la mañana a Facebook: la presencia del sax alto, clarinetista, compositor, arreglista, director de orquesta y ganador de quince Premios Grammy arropado en una extravagante cofia, camisa colorida y clarinete en alto nos alivia el desconsuelo.

Más de 45 álbumes y múltiples reconocimientos en diferentes países: uno de los músicos cubanos de mayor prestigio en los espacios del jazz, la música de cámara y clásica. Estudió clarinete, composición y armonía en el conservatorio de La Habana. Fundador de la Orquesta Cubana de Música Moderna y protagonista clave del legendario Grupo Irakere. Sax alto de impresionante ataque, improvisación nerviosa y cuidadoso acatamiento melódico. En los últimos años ha regresado al clarinete con laudable técnica ejecutoria: la revista Downbeat lo nombró durante tres años consecutivos “Clarinetista del Año” (2007, 2008, 2009).

“Nunca he trabajado más en mi vida: este encierro por el horrible virus hace que, desde las 9 de la mañana hasta altas horas de la madrugada, me ponga a escribir y a componer. Pruebo accesorios (cañas, boquillas…) para el sax y el clarinete. Hago arreglos de piezas musicales. Aprendo a usar el Internet para mantener la comunicación en estos momentos de aislamiento. Afortunadamente, tengo un patio donde puedo solearme y mecaniquear con mis automóviles antiguos, los cuales son, después de la música y la lectura, mis grandes pasiones”, expresó, en conversación telefónica desde su casa en New Jersey para CUBAENCUENTRO, Paquito D’Rivera.

¿Se vio obligado a cancelar presentaciones previstas para estas fechas?

Tenía una ilusión tremenda por asistir en San Diego a la premier americana del Concierto Venezolano para Trompeta y Orquesta Sinfónica que se grabó recientemente en México con la Orquesta Sinfónica de Minería bajo batuta de nuestro querido amigo Carlos Miguel Prieto. Obra que escribí por encargo del extraordinario trompetista venezolano Pacho Flores; pero, la presentación con la San Diego Symphony se ha pospuesto indefinidamente. De las actividades que tenía en Miami y otros sitios, no tengo nada confirmado; quizá, hasta junio en Nueva York y España. Pero a decir verdad, no creo que en junio estemos listos para andar por el mundo todavía.

Varios jazzistas amigos suyos han perdido la vida por la covid-19. ¿Cómo se siente?

Hemos perdido a músicos valiosos: Ellis Marsalis, Mike Longo, Wallace Roney, Bucky Pizzarelli, Onaje Allen Gumbs y otros colegas. Eso nos llena de dolor: eran además, grandes seres humanos. Me acaban de avisar que murió el sax Lee Konitz, quien fue una de mis primeras influencias. Lo lamento, me da tristeza todo esto. En fin que hay que cuidarse y seguir echando pa’lante mientras se pueda

Ha estado usted grabando piezas desde su casa, vemos que las sube a las redes…

Aprendo más sobre las redes: el encierro nos obliga a reinventarnos. En esto me ayuda mi esposa Brenda y Juan Ruiz —un joven clarinetista colombiano que conoce muy bien los caminos de la cibernética—, quienes me han motivado a utilizar la tecnología para seguir dando a conocer mi música a través de las redes sociales. De las desgracias a veces salen cosas positivas: fijémonos en esa monstruosa institución que fue la esclavitud africana: con sangre, dolor y muerte, produjo la maravilla que es hoy la música del Nuevo Mundo. Por lo general el ser humano se crece ante las dificultades. Ejemplos hay de sobra.

¿El jazz sobreviene con más fluidez en el encierro?

No, el Jazz es esencialmente un ‘arte de pandillas’, que se alimenta del contacto e intercambio entre improvisadores: un gran porciento de la creación jazzística se sustenta en la improvisación. En el caso de la composición, que es como escribir una novela o el guión de una película, aislarse es una forma de concentración, evitando distracciones ajenas. A veces, me aíslo cuando compongo alguna obra orquestal o de cámara; pero, para improvisar me encanta tener una buena sección rítmica que me inspire y un público entusiasta y participativo que me incite a volar.

Gran tragedia en Nueva York, ciudad del jazz. ¿Cree usted en su recuperación?

Claro que sí. Una urbe con muchos compatriotas músicos que se ganan el pan en los diferentes sitios de jazz por todas las calles. Nueva York es un sitio de asombros inquebrantables, es un pueblo de ‘guerreros’ y sobrevivientes que se recuperarían hasta del mismísimo Armagedón.

¿Planes para después de esta epidemia?

Retomar mis giras por Europa y conciertos pendientes en Colombia con mi quinteto; y, asimismo, en Nueva York con la guitarrista Berta Rojas. Quiero presentarme por cuarta o quinta vez en el maravilloso Festival de Música de Cámara de Moab, en medio de las montañas rojas de Utah.

¿Proyectos con amigos y músicos cubanos?

Retomaré el proyecto Cariberia por España con el pianista cubano Pepe Rivero. El estreno de mi pieza Dalí en el Trópico, para Corno, Trio de Jazz y Orquesta con Chris Komer y la New Jersey Symphony. Espero ansioso el estreno con National Symphony Orchestra de mi Concierto Arroz con Frijoles, para Violoncello, Clarinete y Orquesta que escribí para tocarlo con mi amigo Yo Yo Ma en el Kennedy Center de Washington. Espero poder organizar y dirigir, como todos los años, el Festival Internacional de Jazz en Punta del Este, Uruguay.

¿Algún deseo personal para celebrar después que pase la zozobra?

Quiero irme a comer un buen arroz con frijoles, camarones enchilados, platanitos maduros fritos y ensalada de aguacate con berro en el Victor’s Café de Manhattan, lugar donde por muchos años tocaba el piano Julio Gutiérrez, tan inolvidable como el título de su bolero. Qué mejor manera de aclamar la victoria sobre el virus. Saldremos fortalecidos, de eso estoy seguro.

© cubaencuentro

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