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Actualizado: 12/12/2018 10:27

Pintura, Pintura cubana, Umberto Peña

La belleza de lo que no se pinta

En esta entrevista, el pintor Umberto Peña habla sobre sus obras más recientes. Comenta su descubrimiento del acrílico, descubierto por él hace unos años, y cómo el hecho de vivir en España ha agrisado su pintura y la ha despojado de la agresividad y la violencia del trópico

Cualquier motivo es oportuno para tomar un tren e ir a Salamanca. Es una ciudad preciosa, que respira cultura e historia por todos sus rincones. Este cronista tenía además una magnífica razón para hacerlo: conocer de primera mano la labor como pintor realizada por Umberto Peña en los últimos años. Se trata de un artista por el cual siento una gran admiración, algo que se une a mi gran afecto por él como ser humano. Fue, pues, muy gratificante comprobar lo activo que está como creador, y también encontrarlo en unas condiciones físicas que desmienten los ochenta años que cumplirá este diciembre.

Justo el día de mi visita había recibido un ejemplar del voluminoso catálogo (404 páginas) de Adiós utopía: Dreams and Deceptions in Cuban Artes since 1950. Hablo de la exposición que se pudo ver esta primavera en el Museum of Fine Arts de Houston y que, de noviembre a marzo del año próximo, será albergada por el Walker Center, de Minneapolis. Entre las piezas que la integran hay dos cuadros de Peña, correspondientes a su trabajo en Cuba y que provienen de la colección de Ella Cisneros. Peña me comenta que “Ella se los compró a otras personas. En la época a la cual pertenecen los cuadros, los pintores cubanos no vendíamos nuestras obras. La mayoría de los cuadros que entonces yo pinté, que no fueron muchos —veintitantos o treinta, no más—, están desperdigados en las casas de los amigos”.

Respecto a Adiós utopía, expresa que “es una exposición controversial. Es presentada como el final de un proyecto político, a través de las manifestaciones artísticas que entonces se produjeron. Pero viendo el catálogo y mirando algunas obras en Internet, me doy cuenta de que también es una manera de hacer el elogio de toda una época de la cultura cubana. Pienso que los curadores han querido decir: esta obra tan compleja y tan dinámica se pudo hacer dentro de una realidad tan difícil de cuestionar. Porque tú sabes que a la realidad cubana era muy difícil abrirle fisuras”.

En la casa en el centro de Salamanca, donde vive con Ángeles Monte, su encantadora esposa, hay colgadas algunas obras suyas. En la sala tiene un óleo de grandes dimensiones, perteneciente a su etapa en Cuba. En otra pared hay un trapiz, una de aquellas piezas que expuso en 1980, en el vasto Salón de los Pasos Perdidos del Capitolio Nacional. Me aclara que este no es de aquellos años, sino que lo elaboró cuando residía en Estados Unidos.

Me muestra un grabado de gran tamaño, titulado Las dictaduras en América. “Lo hice en 1960, cuando todos estábamos enamorados de la revolución. Yo sabía que lo había hecho. La Imprenta Nacional tiró 500 ejemplares para distribuirlos en las escuelas. Pero el grabado no aparecía por ninguna parte. Entonces yo le escribí a Lesbia Vent Dumois, que guarda el archivo de la Asociación de Grabadores de Cuba, y le pedí si ella tenía alguna copia que me pudiera mandar para poder así recuperar esa pieza. Hacía 50 años que yo no la veía ni siquiera fotografiada. No tenía nada de ella, ninguna referencia. Lesbia me dijo que iba a buscar en los archivos, encontró una copia y me la mandó con un español. Me llegó hace unos veinte días y Ángeles y yo la montamos para ponerla aquí. Es una obra que cuando ahora yo la veo, descubro que hay muchas constantes de mi obra posterior”.

Me señala otro grabado: “Esta es otra obra mía, un grabado muy picassiano”. Ángeles interviene y comenta: “Yo la adquirí cuando aún no conocía a Umberto”. Y respecto a otra pieza, Peña me explica: “Este grabado es una ilustración para un poema de Belkis Cuza Malé, y es una de las copias de aquella edición. Ella tenía que escribir el texto en ese espacio en blanco. Es un pescador con un niño que están en el malecón, y pertenece también a la misma época del grabado”.

Peña me lleva después a ver su trabajo más reciente. A medida que me va mostrando las piezas, me va hablando sobre ellas. El diálogo que reproduzco a continuación tuvo lugar a medida que yo las veía.

En estas obras hay cierto despojamiento y un uso diferente del color. Los colores que predominan ahora son azul, gris, negro. Casi no hay rojo.

Bueno, también hay rojos, en otras piezas encontrarás algunos rojos. No creas que todo es gris o negro. Yo pienso que estas obras tienen un poco del trabajo de Kandinski. Quise tomar cosas de su pintura y aquí están recreadas. De ahí proviene esa serie de elementos que están como flotando.

¿Kandinski era también una referencia en la parte de tu obra que conocemos en Cuba?

Yo creo que sí, que siempre ha habido un poquito de él en mi obra.

¿No has dado título a estas obras?

No, son piezas que no tienen título. En ellas yo he querido partir un poco del gesto, del dibujo, de la acción, del expresionismo y de formas un poco novedosas dentro de mi trabajo.

Tienes ya unas muchas piezas.

Sí, hay unas cuantas.

En total, ¿cuántas obras tienes ya?

Huy, no sé. Pienso que ciento y pico.

¿Trabajas más o menos diariamente, tienes una rutina?

Rutina como tal, no. Trabajo por lo general por la mañana. Me gusta trabajar a esa hora. Es el momento que encuentro mejor para hacerlo. Me siento más fresco, más despojado. Las ideas me vienen mejor. Entiendo que es un momento muy bonito para trabajar. La tarde ya la dedico a leer, a escribir, hacer otras cosas, pero no a pintar.

¿En Cuba también acostumbrabas pintar por la mañana?

Sí, en Cuba también trabajaba por la mañana.

¿Tú piensas que el hecho de llevar varios años viviendo en España se refleja de alguna manera en las obras que has pintado en los últimos años?

A mí me hicieron una entrevista cuando expuse en Ibiza en 2012, y la periodista me preguntó si había influencia española en aquellos cuadros. Yo le contesté que el color se había agrisado, que había perdido la agresividad y la violencia del trópico. Los colores demasiado llenos de esplendor se habían europeizado. Creo que de alguna manera eso se ve en los trabajos que he hecho aquí.

También estoy usando colores poco usados por mí antes. Por ejemplo, esta gama apastelada yo no la había usado. Pero de pronto descubrí el color más suave, el color más pastel, y me gustó explorarlo para ver si era capaz de dominarlo. Yo siempre estuve acostumbrado a colores más fuertes. Esta pieza tiene muchos dorados. Un día descubrí que el dorado es un color más y que como tal se puede utilizar. Tiene además la propiedad de que por momentos es dorado, pero por momentos parece otro color. Aquí, por ejemplo, no se ve dorado, se ve naranja.

Muchas de estas obras están hechas con elementos exóticos que tienen que ver con el mundo asiático. Por ejemplo, aquí hay un uso del dorado, ¿ves? Es algo que yo no había experimentado antes, poner elementos dorados. Es posible que algunas obras pueden tener reminiscencias sensualmente cubanas; no lo sé. Son obras un poco siderales, espaciales, con formas que pueden tener un lugar en la fauna o en la flora cubanas, pero también hay algo de microbiología, de un mundo microscópico.

Volviendo a la cantidad, ya tienes suficientes obras para una exposición. ¿Existe alguna posibilidad de que puedas exponer tus nuevas obras, ya sea aquí en alguna galería en Salamanca o en alguna otra ciudad?

Mira, te voy a explicar. Eso es bastante difícil. Las exposiciones hoy están manejadas y estructuradas por los curadores. Los curadores son los que pueden interesar a galerías, a instituciones y fundaciones sobre una posible exposición de un artista. O sea, un artista por sí mismo no puede encontrar espacio y convencer a alguien para que su obra se exhiba. En Salamanca, en 2012, yo hice una exposición con 18 cuadros y 18 dibujos, en la galería del Banco Caja España-Duero. Después, esa exposición la llevé a Ibiza. El diario Ibiza tiene una galería y allí expuse la misma muestra de Salamanca. Después de eso, ya no me he interesado en buscar galería, porque como te dije, tú no puedes tocar puertas por ti mismo e interesar a alguien en mi obra. Mucho menos con la edad que yo tengo. Si tu obra no tiene una posibilidad de venta, no interesa. Y en las instituciones, tienes que tener muy buenas relaciones para que te abran las puertas. Así que yo me he dedicado a trabajar y no me he interesado en buscar lugar donde pueda exponer. Para mí lo importante es el trabajo.

Si te invitaran a exponer estas obras en Cuba, ¿aceptarías?

No. Por el momento no aceptaría, y te voy a explicar por qué. Yo creo que, de regresar a Cuba con mi obra, sería bien acogido, no tendría problemas. En Cuba hay personas amigas que estarían encantadas de que yo fuera a Cuba y exhibiera mi obra. Pero yo no me sentiría del todo gratificado porque mi obra se exponga allí. Lo digo porque yo creo que en Cuba hay cosas que no han cambiado, y yo no me fui por gusto. Me fui porque ya estaba saturado de una realidad que pensaba que tenía que ser modificada. Actualmente yo no veo que se hayan hecho cambios esenciales en la sociedad cubana. Por eso te contesto que, si me invitaran, yo no expondría en Cuba. No creo que existan las condiciones para que yo lo haga. Ahora bien, si las cosas cambiaran tal vez yo me lo pensarían.

Volviendo a estas obras, en algunas yo veo reminiscencias de los intestinos de tus cuadros de los 70.

Yo creo que sí, que hay un poco de reciclaje. En ellas quise partir de un principio de búsqueda. Pero de igual modo, pueden recordar algunas cosas ya hechas por mí. Creo que es una obra cuya esencia fundamental es retornar al pasado y repetirlo con una visión más actual. Yo siento que esta obra tiene mucho de la gestualidad de mi pintura inicial, pero al mismo tiempo le siento un toque asiático, un toque japonés, para decirlo de una manera más precisa, porque asiático es un término muy amplio.

¿Y ese toque asiático de dónde proviene?

Proviene de que yo siempre he sentido una gran admiración por el uso del espacio y de la línea de la pintura y el grabado japoneses. Creo que eso me ha servido para explorar la belleza de lo que no se pinta, la belleza del papel, la belleza del espacio que queda vacío. Yo pienso que es un logro de la pintura japonesa saber que el vacío es parte de la forma, es parte del trabajo. No solamente lo que tú agregas, sino lo que tú no pones, lo que se queda fuera. Y de eso, como te digo, la pintura japonesa tiene mucho.

Estos son acrílicos sobre papel. A mí me gusta mucho el papel. Me gusta el contraste del blanco con los colores. Hay piezas en las que dejo parte del papel sin pintar, aunque a veces lo cubro casi todo, como en este, por ejemplo, en que no hay espacio para el blanco. En esta obra, en cambio, hay más uso del blanco. Hay una belleza que yo creo que no debe ser tocada. Quizás por contraste, el blanco tiene una fuerza plástica tan importante como las mismas formas de color. A veces sucede que me puedo sentir saturado del color y quiero pintar algo menos colorido.

Esas formas que aparecen, ¿qué son?

Son formas anamórficas, que si tú quieres pueden recrear mundos ocultos. Ahora, qué son en sí, no te puedo dar una explicación precisa. Estas obras que te estoy mostrado un poco derivan de los elementos figurativos de mis cuadros del año 2008, donde existen formas un poco surreales. A veces son más evidentes, a veces están más ocultas.

Volviendo a tu obra más reciente, aunque tiene una unidad indudable, dentro de esa unidad tú has logrado cierta variedad.

Sí, yo creo que la obra se mueve. No es estática, no es repetitiva. Cada pieza posee distinciones. Hay piezas un poco más dramáticas, otras son un poco más líricas o en las que el color no es tan estridente o no toma protagonismo. Yo siento que esta obra tiene mucho de la gestualidad de mi pintura inicial. Aquí, como puedes ver, hay una gestualidad que proviene de un mundo más orientalista. A mí me apetecía aprovecharme de él como expresión. O sea, es una influencia que yo manifiesto de una manera muy evidente. Me gusta sentirla en mi obra.

Si bien en todas el formato es igual, hay obras que yo veo muy horizontales, como paisajes. Y hay otras, por el contrario, que son más verticales. Son piezas que se producen sin una preparación previa. Yo solo hago un boceto pequeñito de lo que quiero hacer, que me sirve como referencia. Pero ya después me olvido de él y me lanzo a trabajar, sin preocuparme más que de crear un mundo cósmico. No sé si tú lo percibes, pero es un mundo muy libre.

¿Cómo ha sido tu experiencia al trabajar con el acrílico?

Me ha gustado mucho trabajar con el acrílico, cosa que descubrí hace unos años. En Cuba no lo trabajé, porque yo creo que no se vendía pintura acrílica. En mi época, como elemento pictórico no existía. Existía lo que se llama la plaka, un producto que producía la Pelikan. Producía estos colores planos que después se podían lavar, porque la plaka era lavable. También debes recordar que en Cuba yo pinté del 60 al 70, después ya no lo hice más hasta 2008, o sea, por más de tres décadas. En ese período se usaron nuevos colores, nuevos pigmentos, nuevas técnicas, pero por supuesto yo ya no los ensayé.

Cuando yo empecé a pintar de nuevo aquí en España, comencé a usar el óleo, que era lo que yo conocía y con el cual me sentía más a gusto. Las obras de las exposiciones que hice en Caja España-Duero y luego en Ibiza estaban todas hechas al óleo. Después me tomé un receso para adquirir distancia de lo que había hecho. Me dije: voy a empezar a hacer algo nuevo, en un formato más pequeño y con otro material. Decidí entonces usar el papel y el acrílico, y el resultado logrado me ha gustado mucho. El acrílico te permite pintar, dejar que seque, volver a poner y volver a poner, sin que lo que tienes ya hecho participe de nuevas texturas o de nuevos valores plásticos.

Además, en el acrílico hay una riqueza que no se puede lograr con el óleo, y que son las transparencias. Bueno, en el óleo también se pueden hacer, pero no tan bien como en el acrílico. Aquí, por ejemplo, hay una variedad de transparencias azules que yo no hubiera podido lograr con el óleo y que, sin embargo, el acrílico sí me permite lograrlo.

Pues sí que has estado productivo en todos estos últimos años.

No creas. Esto que has visto es la obra de seis meses de trabajo. Yo además tengo mucha obra. Lo que te he enseñado es solo una parte. Tengo tres o cuatro veces más de lo que tú has visto. Hay mucha obra menor, dibujos, tintas, dibujos en blanco y negro. Yo solo te he mostrado las más grandes.

© cubaencuentro

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