Sociedad

Cuestión de precios

Un negocio redondo: Como los particulares cobran tarifas altas, el gobierno aumentará el importe del transporte estatal.

En la ceremonia celebrada en la noche del pasado 16 de febrero, con motivo de la "entrega oficial de los nuevos ómnibus chinos" en el Ministerio de Transporte, Fidel Castro anunció un nuevo aumento del precio de los pasajes para los viajes interprovinciales, "pues los actuales resultan prácticamente gratuitos si se comparan con los costos del servicio". Así lo dijo el diario Granma el 17 de febrero.

Más adelante, se pretende justificar dicho aumento explicando que los nuevos precios serán "entre siete y ocho veces más baratos que los cobrados por los particulares". Según Castro, el Estado "subsidiará el 20% del valor de los pasajes", en tanto los ciudadanos asumirán el pago del 80% restante.

En la intervención referida, el gobernante señaló que debido al Período Especial, el transporte estatal había estado "muy deprimido", de lo que se han aprovechado los choferes particulares para cobrar elevados precios de transportación. Triunfalmente, el Comandante declaró: "hoy estamos en condiciones de cambiar viejos conceptos, de lograr una distribución más justa, y de hacer un mayor esfuerzo por quienes viven honradamente".

Magistral. Si los particulares cobran tarifas altas por el movimiento entre provincias, el Estado "ayudará" al ciudadano que vive de su trabajo honrado aumentando el precio del transporte estatal.

O sea, el gobierno que critica los precios de los choferes particulares —quienes deben cubrir absolutamente todos los gastos que acarrean el alto costo del combustible (sea gasolina o diesel), las reparaciones mecánicas y de otro tipo, la compra de piezas de repuesto, cuyos precios en las tiendas estatales son absurdos, entre otros rubros—, es el mismo que se reserva el derecho de elevar sus tarifas y presentar esto como un logro y un ejemplo de equidad y justicia.

¿Para cuándo lo quiere?

En el diario oficialista no se hace ni la menor alusión al servicio en pesos convertibles que ofrece la Terminal de Ómnibus Nacionales de La Habana, ni a los precios de dicho servicio. Lo cierto es que las tarifas asignadas al transporte estatal en esa moneda son similares, e incluso iguales en muchos casos, a las de los autos particulares cuya piquera se encuentra a un costado de la propia terminal.

Un viaje a Matanzas, por ejemplo, usted puede realizarlo con un particular por un valor de cinco pesos convertibles (120 pesos corrientes). Si opta por el servicio que ofrece el transporte estatal en esa misma moneda, viajará a Matanzas por cuatro pesos convertibles (96 pesos corrientes) si es servicio regular (es decir, sin aire acondicionado), o por cinco pesos convertibles si se trata de "servicio especial". En Cuba tenemos la manía de rebautizar las cosas, de ahí que al aire acondicionado le llamamos servicio especial.

Cualquier lector sagaz podrá apreciar el "ahorro" que supone para el ciudadano optar por el servicio estatal en pesos convertibles. Y para el suspicaz que esté pensando que quizás sea preferible entonces la opción de viajar a otras provincias mediante el pago en la moneda nacional en que cobramos los que "vivimos honradamente", sugiero (es más, lo reto) que haga la interminable cola para hacer la reserva de sus pasajes en esa modalidad y se entregue al azar de que consiga o no sus boletos para el día en que desea viajar. En cambio, si paga en pesos convertibles, podrá comprar sus boletos con toda seguridad: "¿para cuándo los quiere el señor?".

Según informa el referido artículo de Granma, actualmente hay en Cuba 800 ómnibus Yutong, una parte de los cuales ha sido ensamblada en la planta de Guanajay, la misma en la que no hace mucho se ensamblaban ómnibus Mercedes Benz procedentes de Brasil: los medios de difusión no han dado noticia de qué ocurrió para que no continuaran produciéndolos.

Esta planta trabaja hoy con la sorprendente productividad de tres ómnibus diarios, capacidad que será aumentada en el doble (o sea, se ensamblarán seis diarios).

Si descontamos el elevado número de estos ómnibus destinados al transporte de los extranjeros beneficiados por la llamada Operación Milagro —mediante la cual son tratados por cataratas y otros padecimientos oculares—, los asignados a los trabajadores sociales para sus movimientos por la ciudad —ya sea como cruzados de la campaña purificadora contra la corrupción o en función recreativa—, y los que transportan a todos los jóvenes estudiantes latinoamericanos que se privilegian con los "programas solidarios de la revolución cubana", podemos concluir que la merma sufrida del total de vehículos importados afecta significativamente el traslado de los ciudadanos cubanos comunes, por las provincias del país.

No obstante, se anunció oficialmente la incorporación en los meses venideros de "cerca de 600 ómnibus al servicio interprovincial y posteriormente reforzar las rutas intermunicipales".

Derecho de vía

Castro informó que los beneficios del transporte se harán extensivos a los ferrocarriles, con la compra de vagones (200 para transporte de combustible, 100 para transporte de alimentos y 200 para el traslado de personas); aunque en el caso del traslado de personas, estos vagones sólo se destinarán a largas distancias: entre la capital y las provincias orientales.

Las cifras oficiales hablan de un monto de 1.000 millones de dólares como total a gastar entre la compra de equipos nuevos y la "remotorización de guaguas y camiones", cifra en la que no se incluyen las locomotoras y los vagones de ferrocarril. Sin embargo, la información resulta muy ambigua, teniendo en cuenta que los cubanos más ignorantes somos incapaces de calcular cuánto cuesta un ómnibus Yutong, un motor para reparar un camión, etcétera.

De manera que tampoco podemos sopesar la magnitud de los beneficios de los que gozaremos ante esta generosidad del gobierno. Tampoco conocemos los plazos que cubrirá dicha inversión, es decir: ¿los 1.000 millones de dólares son para asegurarnos el transporte de los próximos 47 años?

Muchos cubanos son optimistas y tienen fe en que el transporte se multiplicará a semejanza de los panes y los peces. Si no, ¿cómo explicar el desfile de ómnibus chinos cargados de hermanos latinoamericanos por quienes hasta se interrumpe el tráfico de los nacionales?

Ese es un beneficio adicional para nosotros, que yo misma experimenté el sábado 18 de febrero en horas del mediodía, cuando circulaba por la avenida de Boyeros. Allí, a la altura de calle 100, fuimos detenidos por un agente de la policía motorizada para dar paso a una caravana de 27 de los célebres ómnibus, nuevos y flamantes, que transportaban a los más recientes objetos de la solidaridad, es decir, a jóvenes estudiantes latinoamericanos.

Ellos tienen derecho de vía. Para nosotros, los cubanos, este es un cuadro que se ha hecho natural: "total, ¿qué pérdida puede significar detenernos por 10 minutos, inmersos en una inmovilidad que se acerca al medio siglo?".

© cubaencuentro

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