Represión
Tras la pesadilla...
El calvario del opositor Alexis Pérez Ricardo, apaleado hasta la saciedad por tres 'cederistas' una noche de carnaval del año 2004.
Inutilizada la hélice del bote que para escapar de Cuba construyeron con bidones laminados, y tras ser socorridos por el Freedom II veinte millas al sur de la isla de Andros, Stephenlee era un milagro de Dios. A punto de convulsionar debido a su hipertensión, a Dayamí le practicaron cesárea el 13 de noviembre de 1995. El niño nació pesando 1.325 gramos, en la ciudad de Nassau, Bahamas, y salvó la vida gracias a los cuidados especiales del Princess Margaret Hospital.
Cinco meses después, Steve Thompson y Al Lee, padrinos del pequeño bahamense, lo vieron partir de Nassau en brazos de sus progenitores repatriados. Estaba llamado a ser el relator de la emboscada que dejaría tullido por el resto de sus días a su padre, el opositor Alexis Pérez Ricardo.
Antecedentes
Emboscados en la oscuridad, Rafael Guerrero Cera, José Pino Pupo y Luis Romero Cruz, activistas de los Comités de Defensa de la Revolución (CDR), permanecían ajenos al carnaval, que a esa hora fulguraba multicolor.
Según reconocieron ante la jueza que absolvió al primero de un delito de lesiones graves, la noche antes habían tachado un muro con símbolos de la revolución. Su tarea como "cederistas" era impedir otro desacato, cuando vieron entrar a dos personas en la calle.
En la oscuridad de sus pesadillas, Stephenlee ve monstruos que traspasan los sueños. En escena entra una figura de cabezota aplastada, un hombre rechoncho apodado Tostón, su vecino. Stephenlee lo recuerda con una carabina en las manos, apuntándole a su papá. Cuando el cabezudo se difumina, en su lugar aparece un perfil lloroso y reprobador, el de su madre.
"¡Por favor, Stephe… pórtate bien! Tu papá no está en el campo. Mientras dormías vinieron cinco policías en un carro y dos más en motocicletas y se lo llevaron. Hoy hace seis días que tu padre está en huelga de hambre. Stephe, estoy a punto de enloquecer", lo reprende Dayamí.
La historia clínica ambulatoria del chico es una libreta escolar de hojas amarillentas. Con letra apretada, un psiquiatra ha escrito profusamente desde el 28 de abril de 2001. Describe a un niño bueno, obediente, con buena dinámica familiar, y buen aprendizaje y disciplina.
Stephenlee es un niño blanco, espigado. El psiquiatra lo llama el Inglesito.
"Stephenlee…, pero ese Pérez te mata", bromea el especialista con el chico, añorante de su tierra, a donde no podrá regresar hasta cumplir dieciocho años.
"¡Estirpe, Estirpe, Estirpe!", lo llaman profesores y alumnos en la escuela donde cursa el séptimo grado.
"¿Por qué lo llaman así?".
"Es difícil pronunciar su nombre".
"¿Quién fue el líder de la revolución vietnamita?".
"Humm… Ho, Chi, Minh… ¡Jochimín!".
El 5 de noviembre de 2004, dos días antes de ser reprimidos Pérez Ricardo y su hijo, el psiquiatra reseñó en la historia clínica del niño: pesadillas, escenas de terror, necesidad de dormir con la luz encendida, así como la preocupación del padre ante la inseguridad del hijo, y una remisión a la consulta del psicólogo, a quien Stephenlee confesaría: "Yo de noche veo monstruos y tengo miedo".
Los hechos
Los monstruos aparecerían en la calle pasadas las diez de la noche del 7 de noviembre de 2004. Luego del chico divertirse con el desfile de carrozas, los fuegos artificiales y el juego de azar, donde la suerte le sonrió, una ficha le proporcionó un caramelo y otra ¡un jabón de tocador!, bromistas padre e hijo regresaban a casa tomados de la mano, cuando observaron a sus tres vecinos acuartelados en la noche. Ellos dicen que él los ofendió primero, Pérez Ricardo señala que les escuchó y ripostó:
"Por ahí viene el gusano".
"¡Gusano…! ¡Yo lo que me c… en Fidel Castro y en todos los comunistas!", dijo Pérez Ricardo.
Stephenlee comenzó a vivir una de aquellas pesadillas, pero sin el amparo de su madre. En la oscuridad de la calle el padre era acorralado. El niño vio situarse delante al tal Pino, a la derecha, el cochero Luis Romero, y a la izquierda quedó Rafael Guerrero, el jefe del Comité, que hablaba de gusanos. "Gusanoooooo", dijo Guerrero, y Stephenlee vio a su papá impactar un puñetazo en la cara de Pino, que se volvió y lo golpeó con un palo. En el instante en que Pérez Ricardo caía, Stephenlee vio un movimiento raro: un hombre se volvió y arrojó la estaca al otro lado del cercado.
Fufufufufuuuuu, aleteó el garrote, aterrizando en el patio de Pino. Cuando Stephenlee apartó la vista, su papá estaba tirado en el suelo, sujetándose la cabeza con las manos para evitar los golpes.
Stephenlee agarró una piedra, arrojándosela a Pino, pero el hombre dio un empellón al chico, que fue a dar contra un poste. Sujetándose, Stephenlee se incorporó, echando a correr hacia su casa, a donde llegó en un soplo gritando a su madre: "¡Corre, están matando a papá!". Dayamí sintió como si las palabras de su hijo brotaran de las olas.
Demasiadas casualidades en una misma noche: asesinatos, robos, hurtos y hasta el asalto a la sucursal de la Wester Union, ocurrido a media mañana en pleno carnaval. Los ladrones arrebañaron miles de dólares, dejando al cajero amordazado entre cristales ahumados frente a las narices de los policías. Un caso que todavía dormita impunidad en los archivos de las autoridades. Según vox pópuli, la policía es morosa cuando no inepta.
Pero la noche del 7 de noviembre de 2004 la policía actuó con desacostumbrada prontitud: a escasos cincuenta metros, tras los gritos de su hijo, Dayamí corrió junto a su esposo, que permanecía solo, tirado en la calle, con los brazos sangrantes y la pierna derecha fracturada.
A la sazón, el teléfono más cercano distaba unos 150 metros, tres veces la distancia que separaba a la mujer de la escena del crimen. Cuando Dayamí volvió junto a Pérez Ricardo, ya Rafael Guerrero Cera había retornado al lugar con un carro patrullero y dos policías.
La interpretación
La estación policial dista un kilómetro de donde Pérez Ricardo fue atacado. En función del orden público del carnaval, celebrado en el extremo opuesto de la ciudad, la unidad policial sólo contaba esa noche con una guardia operativa. Generalmente, acantonada la fuerza, no disponen el desplazamiento de patrullas sin antes corroborar las llamadas telefónicas de denuncias, según estipula una orden del ministro del Interior.
Rafael Guerrero Cera debió desplazarse más de un centenar de metros, efectuar la denuncia, aguardar su verificación y retornar. Sin explicación plausible, la esposa del opositor lesionado, que sólo debió salvar tres casas contiguas a la suya, llegó al lugar del suceso al mismo tiempo que los policías, quienes debieron esperar la orden de su superior antes de actuar, cosa de no ser el hazmerreír de un piquete de noctámbulos, supuestamente lejos de allí.
"Este hombre está desbaratado", dijo un gendarme al otro la noche del 7 de noviembre, cuando pretendían detener al opositor en lugar de llevarlo al hospital. En el servicio de urgencias prestaron los primeros auxilios a Pérez Ricardo, quien en el "encuentro fortuito" con los tres integrantes del CDR recibió lesiones en el brazo derecho y una fractura de tibia. Para reducirla 17 días después, precisaría una operación de 18 centímetros de longitud y 20 puntadas de sutura, y luego instalar nueve tornillos en el hueso fragmentado de un hombre de estatura pequeña, delgado, frágil. Negado a los arrestos, los policías sólo pudieron acarrearlo como un tronco aserrado, pues, tirándose en el suelo, Pérez Ricardo permanecía plantado, y ya dentro de la celda, pasó días en calzoncillos, sin probar bocado.
Tal era el hombre que enfrentaron los tres "cederistas". Pasada la una de la madrugada del 8 de noviembre de 2004, los policías insistieron en llevárselo, pero fueron impedidos por el doctor Borges, que argumentó la gravedad del herido.
El chivo expiatorio fue Rafael Guerrero Cera. Según el dictamen médico-legal, la fractura de tibia sufrida por Alexis Pérez Ricardo le produjo una tendinitis crónica, limitándole la marcha y la extensión de la pierna derecha. Y aunque fue radicado el Expediente 247 de 2004 contra el acusado Guerrero Cera por un delito de lesiones graves, a solicitud del fiscal, la jueza Yanetsy Abraham González archivó el expediente.
Según las declaraciones de los tres actuantes por el CDR, bajo la ingestión de bebidas alcohólicas, Alexis Pérez Ricardo expresó que se cagaba en la madre de Fidel Castro, y al ellos intervenir, el opositor trató de agredirlos, según uno, con un madero, según otro, con una piedra, por lo que Guerrero Cera lo tomó por el cuello de la camisa, halándolo, y Pérez Ricardo cayó al suelo, fracturándose la tibia.
Es poco probable que una caída estando de pie produzca una fractura de tibia. Generalmente, provoca rotura de muñeca o de cráneo. Las fracturas de tibia son ocasionadas, de forma general, por traumatismos directos a ese nivel, por un agente contundente o el impacto de un vehículo en movimiento, o por un mecanismo de torción. Eso dice la literatura médico-forense.
De víctima a inculpado, transitaría el proceso judicial del opositor apaleado. En estado convaleciente, tras ser sometido a una intervención quirúrgica el 24 de noviembre, Pérez Ricardo recibió la visita de dos policías el 10 de diciembre de 2004: el puñetazo a José Pino Pupo le costó una multa de 30 pesos.
Este fue el primer anillo del cerco punitivo: el día 29 llamó el alguacil a la puerta de Pérez Ricardo, a quien acusaron de desacato al Dr. Fidel Castro en la Causa 71 de 2004. Compareció ante los jueces a las nueve de la mañana del 5 de enero de 2005. Tres brigadistas de los CDR fueron testigos de cargo, y la palabra de Stephenlee, la única salida que tenía el opositor, fue desestimada por la jueza a cargo del caso.
El juicio
"Claridad meridiana" apreciaría el psicólogo en Stephenlee a la hora de reseñar un suceso. El 21 de diciembre de 2004, sólo quince días antes de la comparecencia del chico como testigo, el psicólogo escribió: "Veo paciente que con claridad meridiana explica su historia clínica", e incluía tratamiento con medicamentos y sus respectivas dosis.
Precisamente, en esta consulta fue que el niño confesó: "Yo de noche veo monstruos y tengo miedo".
Pretendía Stephenlee relatar al psicólogo la situación en que estaban implicados su papá y él, cuando la abuela terció, aduciendo que Pérez Ricardo se había fracturado la pierna en un accidente.
El testigo Stephenlee sostuvo ante los jueces cómo su papá y él fueron interceptados por los tres vecinos la noche del 7 de noviembre de 2004. Declaró cómo la pierna fracturada del padre se debía al golpe propinado con un palo por José Pino Pupo, y no causa de una caída, como decía Rafael Guerrero; incluso, manifestó cómo Pino le dio un empellón, acotando su declaración con una frase lapidaria: "Martí dijo que los niños nacen para ser felices, pero a mi me maltrataron".
La frase, que podía explicar al psicólogo y al psiquiatra el origen de los monstruos en las pesadillas de Stephenlee, distanciada de las películas de horror y presente en la cotidianidad del chico, bastó para que la jueza Ivett desestimara al testigo por considerarlo autopreparado.
Sin asidero, Alexis Pérez Ricardo fue sancionado a un año de privación de libertad. El precario estado de salud del convicto haría al tribunal subsidiar la sanción por limitación de libertad.
La ley de Dios
Un represor arrepentido es hoy Rafael Guerrero Cera. Desde la posición de mediar en defensa de un tercero —José Pino Pupo—, y sólo con el empleo de sus manos, Guerrero Cera se responsabilizó de las lesiones sufridas por Pérez Ricardo. La jueza estimó la defensa de un tercero, sustanciada por el fiscal, desestimando la incoación del delito de lesiones graves en la persona de Guerrero Cera, quien hoy está libre de culpa ante las leyes cubanas.
Pero otro ha sido el veredicto de Dios sobre la conciencia de Rafael Guerrero Cera.
Pasadas las seis de la tarde de un día de este noviembre, a casa del opositor Alexis Pérez Ricardo llegó Annier Guerrero, hijo de Rafael: "Nosotros no vivimos tranquilos, yo me arrodillo ante usted, mi papá ha renunciado, mi papá quiere que usted lo perdone; mi abuela, mi mamá, todos estamos sufriendo. Yo quisiera que mi papá viniera a hablar con usted, que haya reconciliación". Annier va y Rafael viene.
Pérez Ricardo lo ha pensado. "Consúltelo con la almohada", le dije. "Está bien, venga", dijo con reticencia. Esta noche desandamos la calle donde hubo gritos y golpes, frenazos de carros patrulleros, botas de policías y la puta madre. No sé cómo, pero en la memoria de la cámara fotográfica están los tres: el represor y los reprimidos.
"¿Qué dice José Pino de esto?"
"Que lo dejé solo".
"¿Y qué le contestó usted?".
"Que no está solo, que puede hacer lo mismo que yo: venir donde Alexis y tratar de reconciliarse".
Y ahora… ¿qué?, parece preguntarse Dayamí. Este 30 de mayo Alexis está tirado en la cama, rabia de cólera y de dolor. Parece una obra de teatro, pero en la cazuela (sic) no hay espectadores.
Temprano en la mañana en casa de Alexis:
Policía: "¿Por dónde se fue su hijo?".
Alexis: "La última noticia es que vino un avión de Estados Unidos y cargó con todo el que alcanzó asiento. Hay una cola esperando por si regresa otro avión".
Policía: "¡Oiga…!".
Alexis: "¡Oiga qué…! ¡Me tienen harto! Pero ya uno de los que me golpeó claudicó y dijo que ustedes lo mandaron". (El de la policía política anota, pero Alexis va para el hospital dejándolo con su cuaderno.)
En el hospital:
Alexis: "Doctor, ya no puedo soportar el dolor" (dice sujetándose la pierna supuestamente sana).
Dr. Soto: "Es una sinovitis. Es el resultado de recargar todo el peso en la pierna sana".
Alexis: "Doctor, creo que me estoy quedando inválido".
Dr. Soto: "No se está quedando inválido. ¡Está inválido!".
Alexis, de regreso en casa:
Profesor Nelson: "Su hijo está entre los siete peores alumnos…".
Alexis: "¡Y a fin de curso es que viene con eso! ¿Quieren hacerle la vida imposible a Stephenlee, igual que se la hicieron al hermano que tuvo que irse? ¡Igual que a mí, sí señor!".
Profesor Nelson: "No, no, usted verá, no habrá problemas, eh… tiene dificultades en lectura y en…".
De noche, en casa de Alexis, 9 de junio de 2008:
Periodista: "Stephenlee… trae tu libro de lectura y léeme algo".
Stephenlee comienza a leer, se equivoca, reinicia y lee, respetuoso de la puntuación. Mientras lo escucha, el periodista imagina escena por escena la odisea, desde el Centro de Detención Michael Rock, donde Dayamí y Alexis concibieron a su hijo, hasta lo qué sucederá con esta familia si una mano piadosa no intercede por ellos.
© cubaencuentro
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7 Comentarios
7 by EL PEOR DE LOS MALES.... (Usuario no autenticado) 30/07/2008 9:00
ES TRATAR CON ANIMALES.... ESOS POLICIAS GUACHOS Y PALESTIOS, SON TODOS UOS SALVAJES..IGNORANTES, Y ANIMALES DOMESTICADOS POR EL SALVAJISMO FIDELISTA...ADEMAS SON COBARDES, Y PADECEN COMPLEJO DE INFERIORIDAD...TIENEN UN EGO MUY BAJO, ES POR ESO QUE SE COMPORTAN DE ESA FORMA TAN BRUTAL... AHI SE VE QUE FIDEL CASTRO RUZ, ACABO CON LA DELINCUENCIA EN CUBA,HACIENDOLOS POLICIAS...
6 by SON UNOS SANGUINARIOS...YA LAS PAGARN... (Usuario no autenticado) 29/07/2008 9:40
Y DE HECHO ME RECUERDO QUE AQUELLOS CARNAVALES FUERON FEROZMENTE REPRESIVO, PUES A MI HIJO DE 21 AÑOS, LO APALEARON, POR QUE ME LO CONFUNDIERON CON ALGUIEN... Y ERA UN JOVEN INOCENTE...LO ESPOSARON Y LO LLEVARON A MALECON Y L... AHORA EL ESTA FUERA DE CUBA...Y ES UN HOMBRE DE MUCHO FUTURO...GRACIAS A DIOS QUE YA PASO TODO PARA UESTRA FAMILIA...PERO PIEENSO EN LOS JOVENES DE HOY QUE ESTAN EN CUBA...Y ME ATTERRORIZO DE PENSAR....
5 by El Mayor (Usuario no autenticado) 29/07/2008 9:40
No se si esto se puede hacer en este comentario, pero nada se me parece mas a esta etapa de cuba a el manifiesto de Carlos Manuel de Cespedes y cito:«... Nadie ignora que España gobierna a la Isla de Cuba con un brazo de hierro ensangrentado... que teniéndola privada de toda libertad política, civil y religiosa, sus desgraciados hijos se ven expulsados de su suelo a remotos climas o ejecutados sin formación de proceso por comisiones militares en plena paz... la tiene privada del derecho de reunión como no sea bajo la presidencia de un jefe militar, no puede pedir remedio a sus males sin que se la trate como rebelde y no se le concede otro recurso que callar y obedecer...» . Triste historia la de nuestro pais, la historia se repite. Gracias.
4 by Los Castro solo entienden un lenguaje. (Usuario no autenticado) 29/07/2008 9:40
La oposicion pacifica tiene que aprender a defenderse de estos bandidos. En los ultimos dias los esbirros castristas invadieron la vivienda de un opositor en Oriente, le lanzaron objetos de una libra de peso por las ventanas, dentro habian niños y mujeres. En un acto de valentia los opositores avisaron a los delincuentes estatales que si traspasaban la frontera del umbral de la puerta de su casa defenderian su espacio con toda las opciones que se puede defender una morada, domicilio o patria. Los comunistas castro-fascistas, solo entienden un lenguaje.
3 by Juan Martin Lorenzo (Usuario no autenticado) 29/07/2008 9:40
La violencia no tiene defensa imaginable posible. El que acude a la violencia refleja falta de iniciativa moral, ética, falta de una inteligencia detrás de cualquier posible argumento. Cuba ha estado plagada de este tipo de violencia por mas de 60 años, primero con Batista, y después con Castro. Lo mas ignominioso de todo es que esa violencia ha calado en la espiritualidad cubana. Y asi podemos verla, no solo en las golpizas que reciben los que se oponen (de alguna forma) a Castro en la isla, sino también en el lenguaje de vulgaridad y jerga delincuencial que los principales voceros del régimen exhiben. Hay violencia física, y violencia verbal. No se puede olvidar las recientes declaraciones del moribundo Castro cuando nos llamaba a todos los emigrados “despreciables”. En realidad, entonces lo que existe es una Cuba de “DESPRECIABLES” atendiendose al continuo e indetenible flujo de cubanos a cualquier punto de este planeta. Y es asi entonces, que no es de extrañar, viniendo del “cerebro” de la fallecida revolución cubana (en minúsculas, nunca la hubo en mayúsculas), que la violencia sea el arma que esa cúpula de menesterosos usan contra cualquiera que pinte otro color en el espectro gris de ese gobierno. Golpes contra cualquiera, no importa la edad, sexo o raza. Es una cuestión de supervivencia en una Cuba que fallece, con Castro a la cabeza de su propio entierro.
2 by julián fernández (Usuario no autenticado) 28/07/2008 16:40
abusadores criminales algún día tendrán que dar cuentas
1 by Talión (Usuario no autenticado) 28/07/2008 15:40
Esta gente no puede quedar impune. Ninguno de los esbirros matones castristas. El dia que Cuba sea un pais libre deberá haber un juicio en el que se decanten responsabilidades y se sancionen todos sus crímenes. No hay derecho, nunca lo hubo. Si se juzgo a los fascistas en Nuremberg, hay que juzgar también a los comunistas. Eso sí, según las leyes de hoy según la constitución cubana del 1972