Costumbres, Día de los Difuntos
Campesinos cubanos acuden por las noches al cementerio
Con motivo del día de los fieles difuntos las familias de Melena del Sur se volcaron masivamente la noche del miércoles al cementerio municipal para cumplir un ritual que ya existía cuando sus abuelos eran niños
El sol acaba de ponerse por el oeste cuando la gente comienza a copar un pequeño cementerio de un pueblo cubano para depositar flores y encender velas sobre las grises lápidas de las tumbas de sus seres queridos, en una tradición que ha desafiado al paso del tiempo, reportó la AFP.
Con motivo del día de los fieles difuntos y desafiando a los mosquitos, las familias de Melena del Sur, un pueblo agrícola situado a 50 km al sur de La Habana, se volcaron masivamente la noche del miércoles al cementerio municipal establecido en 1841 para cumplir un ritual que ya existía cuando sus abuelos eran niños.
“Yo vengo siempre, todos los años, mi papá está aquí y también mi esposa”, relata Tomás Lagomasino a la AFP, mientras deposita gladiolos sobre el sepulcro de cemento donde su difunta mujer fue enterrada hace tres años.
“El viento apaga las velas, pero las vuelvo a encender”, agrega Lagomasino, quien sigue trabajando en el campo, pese a estar jubilado, en esta fértil zona donde se cultiva caña de azúcar, papa, boniato (camote) y otras “viandas” (tubérculos).
A pocos metros de él, un fornido mulato con una desteñida camiseta roja, con la consigna “justicia para los mártires” en su pecho, coloca solitariamente unas rosas sobre una lápida, mientras más allá, cuatro hermanas de apellido Druget conversan animadamente sentadas en una banca de cemento junto a una tumba familiar.
“Tenemos a nuestra madre aquí”, señala Marquis Druget, la hermana mayor, mientras enciende 18 velas en torno a la tumba, sobre la que colocaron girasoles amarillos, y que es compartida con parientes muertos de su vecina Julia Navarro.
Las familias de Melena del Sur, donde en el pasado funcionó un próspero central azucarero que fue cerrado por el Gobierno hace una década en medio de la aguda crisis de esa industria, permanecen durante horas acompañando las tumbas de sus seres queridos.
“Una se queda hasta que se acaba la vela, porque la gente tiene la mala costumbre de llevarse las velas” que quedan solas, explica Navarro a la AFP.
También hay gente colocando velas en las tumbas del mausoleo de la logia masónica “Decidida Unión”, el más grande dentro de este cementerio que sirve a un apacible municipio de 20.000 habitantes, donde el principal ruido que se oye de noche en el campo lo producen los grillos.
Nadie recuerda cuándo comenzó la costumbre de acudir de noche al cementerio, con motivo del día de los difuntos.
“Esta tradición existe en los pueblos de ‘La Habana campo’ desde antes de nuestros abuelos”, expresa María Teresa Reyes, una profesora de física jubilada, mientras espera pacientemente que su marido llegue del trabajo al cementerio.
Uno que cumple esta tradición solitariamente es Jerónimo Falcón, de 79 años, quien cuenta que acude cada 2 de noviembre en la noche al cementerio “desde que era muchacho”.
Algunos visitantes admiten que no les gusta ir a ese lugar, pero lo hacen por amor a los familiares que han partido.
“Esto (el cementerio) es como un hospital, a nadie le gusta venir, pero uno viene porque están sus seres queridos”, dice el ingeniero Carlos Pérez, quien niega sentir temor por estar de noche rodeado de difuntos.
“¿Miedo? No, a los vivos les tengo miedo, a los muertos no”, explica.
© cubaencuentro
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