CON OJOS DE LECTOR
La mujer de la cual Martí debió haberse enamorado (II)
A través de María de las Nieves, Francisco Goldman recrea en su novela la figura de María García Granados.
Acerca de la estancia de Martí en Guatemala, Rafael Spínola escribió: "Aquí, en Guatemala, le tuvimos por el año de 1877; vino, subió a la cátedra, y desde allí se puso a derramar luz; pero como esa luz venía de un apóstol de la libertad, no faltaron labios conservadores que trataron de satirizar al maestro ilustre, buscando un apodo en lo que precisamente constituía uno de los méritos de su elocuencia. Y lo bautizaron en su pila de malos nombres con el de Doctor Torrente".
Por otro lado, el escritor y diplomático guatemalteco Máximo Soto-Hall dejó este testimonio que tiene mucho que ver con los hechos ficcionalizados en The Divine Husband: "En uno de los bailes de fantasía que se daba en la casa de Miguel García Granados, Martí conoció a María. El viajero cubano que acababa de llegar a la capital se presentó en la fiesta acompañado de los hermanos Izaguirre, don José María y don José Manuel, que a su vez lo iban de sus sobrinas Clemencia y Catalina. Esta última con su irreprochable perfil clásico, con su blancura alabastrina, con su porte severo y altivo, iluminada por la estrella solitaria, representaba a Cuba. Martí al ver a María, que iba trajeada de egipcia tuvo un estremecimiento de extraña sorpresa; ella experimentó el placer que produce la cristalización de un sueño".
Una aclaración pertinente. El José María Izaguirre que se menciona era cubano y dirigía la Escuela Normal, a cuyo claustro se incorporó Martí. Y tras este paréntesis, retomo el diálogo con Francisco Goldman.
Has comentado que más que una novela histórica, 'The Divine Husband' es tu interpretación poética de Martí.
Exactamente. Yo juego en la novela con esta concepción apostólica de Martí. No se puede escribir un libro sobre un santo y tratarlo como tal. ¿Qué quería buscar yo? Obviamente, necesitaba entender quién fue el Martí público, el Martí político, el Martí escritor, pero más misteriosa me pareció su vida sentimental. Y ese aspecto fue mucho más difícil de investigar, pues casi no hay nada sobre ello. Todos los libros que existen sobre Martí son hagiografías. Se puede aprender mucho en los cuadernos de apuntes, pero tienes que saber cómo leerlos, conocer en qué contexto fueron escritos para ser capaz de descifrarlos. Igual ocurre con su poesía más autobiográfica.
Hablando concretamente sobre la etapa de Martí en Guatemala, me pregunté qué pasó realmente. Pero, ¿cómo puedes encontrar la verdad? Y en definitiva, ¿qué importa la verdad? Decidí entonces buscar la verdad, pero una verdad novelística, que tiene que ver con una realidad abierta, enigmática, que busca un autor de obras de ficción. Lo que más me conmovió después de años y años de investigación fue cómo las mujeres de Martí se fueron a sus tumbas guardando sus secretos. Me impresionó esa obligación que sentían de no dañar su imagen, de protegerla. Eso, me dije, es la verdad, eso es lo que hay que recrear. De ahí nace María de las Nieves, pues en verdad la novela no es sobre Martí. Martí es la figura que inspira el libro, el sol alrededor del cual giran como planetas los otros personajes.
Tu novela pudo haberse titulado entonces 'The Divine Wife'.
Así es. María García Granados era la esposa perfecta para Martí. Hija de un revolucionario que llevó a cabo la revolución liberal en Guatemala, una revolución que después Rufino Barrios se borró, como siempre pasa, para convertirla en una tiranía total. Su tía fue la poetisa más famosa de Centroamérica. Era además hermosa, educada, con una extraordinaria sensibilidad, y había crecido en el que posiblemente era el ambiente familiar más literario de la ciudad en esa época. Era la mujer ideal para él, y Martí lo sabía. Cuando tú aprendes a leer en sus textos, puedes darte cuenta de la manera codificada en que esa obsesión que tuvo por María García Granados va apareciendo una y otra vez.
Básicamente, Martí se enamoró de ella porque nunca había encontrado una mujer de su nivel. El problema para él fue, por supuesto, que se hallaba comprometido para casarse con Carmen Zayas Bazán, que lo esperaba en México. Una mujer con quien, en el fondo, no quería casarse, y que nunca lo iba a comprender bien. En María de las Nieves, la protagonista de The Divine Husband, yo traté de imaginar una mujer al nivel de Martí, una mujer de la cual él debía haberse enamorado.
A propósito, recuerdo este apunte suyo: "Y pensar que sacrifiqué a la pobrecita de María, por Carmen, que ha subido las escaleras del consulado español para pedir protección contra mí". ¿Se recuerda hoy a Martí en Guatemala?
Años después de haber hecho mi investigación en la biblioteca de Guatemala, descubrí que Martí sigue muy vivo en las leyendas domésticas. Allá conocí a una cubana experta en fotografía del siglo XIX, a quien el gobierno de su país había enviado a colaborar en la organización de un archivo de fotos. Me contó que había conocido a una mujer guatemalteca que le dijo que era hija ilegítima de la niña de Guatemala. Yo no me lo creí ni por un segundo, pues en estos casos tú necesitas saber intuir qué es cuento y qué es verdad. Pero me fascinó que la gente siga inventando cosas como ésa.
En una ocasión escuché hablar a Mario Monteforte Toledo, uno de los escritores más importantes de Guatemala. Alguien me comentó que le había oído contar en una cena que su abuela conoció a Martí. Mario tenía entonces unos noventa y tres años, así que era muy posible que su abuela hubiera conocido a Martí. Logré ir a su casa y hablamos por varias horas. Para mí aquél fue el acercamiento más real que tuve con Martí. En todos los años que duró mi investigación, fue la única vez que encontré a alguien que podía contar esas historias que provenían de su abuela.
Imaginar mi propia idea de cómo era Martí
Hay que recordar que en el siglo XIX Guatemala era una ciudad muy provinciana y muy conservadora, con esa mezcla tan extraña que no es la de una sociedad mestiza: allí la gente es muy indígena o muy española. A aquella ciudad llegó en 1877 Martí y, según me dijo Mario, las mujeres nunca habían conocido a un hombre como él, con tanta chispa, con toda su educación, con todos esos modales antillanos que él tenía. Martí electrizó a la sociedad guatemalteca, y todas las mujeres se enamoraron de él. De acuerdo a la abuela de Mario, Martí lo aprovechó y la pasó super bien. (Se ríe) Cuando yo escuché esas historias me dije: ah, ya entiendo. Esto me da la libertad para imaginar mi propia idea de cómo era Martí. Aquella conversación con Mario fue como una ventana que se abrió ante mí. Pero al mismo tiempo no quería que cuando se publicara la novela aparecieran personas que dijesen: eso no fue así. Era algo que me daba terror, que un experto en Martí comentara que tal suceso está muy documentado y que no ocurrió de ese modo. Uno tiene que investigar todo para evitar esto, para quedarse muy cerca de lo que se conoce y no falsificar nada.
Tú has reivindicado a Martí como neoyorquino y lo consideras el mayor escritor que vivió en esa ciudad después que Walt Whitman se mudó.
Sin duda alguna. ¿Quién estaba a su nivel como para ser su rival? En esa época, ¿qué escritores importantes vivían aquí? Stephen Crane, quien escribió muy poco. Lo siento por William Dean Howells, pero no me parece un rival para Martí. Después que Whitman dejó Nueva York, un año antes de que Martí llegara, indiscutiblemente el escritor más grande que residía en la ciudad era Martí. Y no sólo el escritor más grande, sino además el hombre más grande. En este aspecto, su único rival posible era Thomas Edison, que vivía al otro lado del río, en Nueva Jersey.
Lo increíble es que en todos esos años que Martí vivió aquí ningún norteamericano lo conoció. Eso dice mucho de cómo es esta sociedad tan monolingüe y ensimismada. Tú lees a los grandes historiadores norteamericanos que escriben libros sobre el siglo XIX y ves que están empobrecidos, porque no pueden leer a Martí. Te doy un ejemplo concreto. Acaba de publicarse un estudio muy elogiado sobre los sucesos de Haymarket Square. Allí se habla de Lucy Parsons y se comenta sobre ella que se dice que era chicana, pero que en verdad nadie sabe si lo era o no. ¡Carajo! Si el autor hubiera podido leer a Martí, habría encontrado toda una crónica que él le dedica cuando la escuchó hablar. Pero como estas gentes no son capaces de investigar en fuentes que no estén escritas en inglés, no tienen manera de enterarse y pierden muchísimo.
Igual cuando tú lees la famosa crónica sobre Chinatown, te das cuenta de que Martí se podía acercar a esos barrios como un marginado más, y por eso se mete allí sin problemas. En cambio, cuando lees a los escritores anglosajones, siempre escriben de esos lugares como si estuviesen en un zoológico, y lo hacen desde muchísima distancia. ¿Quiénes son estas gentes tan raras?, parecen decirse. El único escritor de esa época que yo he leído que se mete en esos lugares y escribe sobre ellos desde dentro es Martí.
De acuerdo a las numerosas críticas y reseñas publicadas sobre tu novela, ¿crees que actualmente se conoce a Martí en los Estados Unidos?
Eso fue algo que me sorprendió: se conoce muy poco. A muy pocos críticos les interesó investigar para saber quién fue Martí. Si uno va a escribir una reseña y quiere realizar un trabajo serio, lo menos que debe hacer es leer un poco sobre la época y sobre los personajes históricos. Pero no, son muy haraganes, y mucho más cuando se trata de escribir sobre un tema que tiene que ver con América Latina. Yo estoy feliz de que a muchas personas les haya gustado mi novela, pero siento mucho que sean incapaces de entrar en su mundo intelectual. Por eso tengo muchas esperanzas de que cuando salga la edición en español se escriban comentarios más inteligentes.
¿Se está preparando ya la traducción de 'The Divine Husband'?
Ah, sí. La está haciendo una excelente traductora, alguien que por su trabajo ha ganado premios y todo. Es Laura, la hija del poeta mexicano José Emilio Pacheco. Y lo que es un reconocimiento para ella y para mí es que por primera vez Jorge Herralde, el director de Anagrama, va a publicar una novela extranjera traducida en el español de las Américas (en poesía hay un antecedente, el libro de Derek Walcott Omeros).
Para mí es algo muy importante, pues la traducción de mis otras novelas, La larga noche de los pollos blancos y Marinero raso, fueron un desastre. La segunda yo la concebí como un coro de voces, un aspecto que trabajé mucho. El guatemalteco suena como guatemalteco, el mexicano suena como mexicano, los dominicanos suenan como dominicanos. En la versión española eso se perdió, pues todos hablan como si fueran de Madrid. En un barco lleno de centroamericanos, los marineros cuando hablan dicen gilipollas, follar. Da náusea. Laura y yo estamos trabajando mucho para lograr que por lo menos esta novela salga bien traducida.
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