Casa de las Américas, Teatro
Olga Andreu
A la memoria de Olga Andreu (20 de febrero de 1930 - 9 de mayo de 1988), en el vigésimo quinto aniversario de su muerte
Cuando en 1979 viajé a Cuba, Olga fue uno de los encuentros más entrañables. La invité a cenar en el Habana Hilton, donde se asombró ante las bien surtidas mesas de los turistas. “Juan, hace quince años que no veía una piña”. Después, fuimos caminando hasta su casa. Cuando llegamos, cubrió el teléfono con una frazada. Y a medida que las confidencias se iban haciendo más comprometedoras, me sugirió que fuéramos a sentarnos en un banco de la Avenida de los Presidentes, donde seguimos conversando: yo, de los trece años de exilio, ella, de su calvario en Cuba. Olga ya había sido cesanteada de su puesto de directora de la biblioteca de la Casa de las Américas, por su digna y valiente actitud frente a los jerarcas de la cultura oficial. Se había atrevido a exhibir en la vitrina de libros notables Tres tristes tigres, la novela de Guillermo Cabrera Infante, el escritor cubano exiliado en Londres, cuyo nombre y obra estaban prohibidos en Cuba.
Gracias a Raquel Revuelta, que le ofreció trabajo en Teatro Estudio, pudo seguir subsistiendo.
En 1988, desencantada de todo, Olga se suicidó saltando al vacío desde el balcón de su apartamento en el sexto piso del Edificio Chibás, en la Avenida de los Presidentes y la Calle 25 del Vedado. Trágico destino de un lugar donde reinó siempre la paz, la cultura, la amistad y el cariño: un lugar mágico, como lo definió Reinaldo Arenas.
Tres comentarios sobre Olga Andreu
Irreverente, antisolemne, irónica y juvenil… al margen de toda crítica implacable o de todo elogio oportunista... dotada de una sensibilidad especial, de una enorme bondad… siempre dispuesta a compartir la poca belleza que nos rodeaba …la casa de Olga Andreu seguía siendo uno de los pocos lugares mágicos que aún quedaban en La Habana.
Reinaldo Arenas
No creo que exagero si expreso aquí esto: en La Habana, en el séptimo piso [Guillermo Cabrera Infante en su libro Mea Cuba dice que era el 6to.] del número 573 de la Avenida de los Presidentes, funcionó durante más de tres décadas, de facto aunque informalmente, un ateneo. Olga Andreu, contra viento y marea, avant et après la révolution, supo mantener un verdadero “salón literario” con igual o mayor mérito que una Mme. De Deffand en la Francia del siglo XVIII.
Néstor Almendros
Su extraña fascinación iba más allá de su belleza y fue mentora de escritores y de cineastas por más de una generación. Su agudo sentido crítico y su afabilidad se escondían tras un acento amable. Olga nunca aceptó a los mediocres aun a costa de su soledad. Cuando todo se hizo más que mediocre anodino, decidió acabar con lo que quedaba de su vida y se arrojó del balcón del sexto piso en que vivió casi toda su vida… Olga, hay que decirlo, era el encanto: pocas mujeres he conocido tan encantadoras y a la vez menos conscientes de su influjo.
Guillermo Cabrera Infante
© cubaencuentro
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