Opinión

Las tres cumbres

Castro regresa de Córdoba con los bolsillos cuasi vacíos: un magro acuerdo comercial y la nueva petición de Kirchner sobre el caso de la doctora Molina.

Hubo dos cumbres en Córdoba, Argentina. ¿O en realidad fueron tres? Una cumbre económica, otra política y la tercera mediática. La decisiva y de mayor alcance fue la primera, pero la segunda no carece de importancia. Queda para el final el espectáculo para periodistas y las actividades de los seguidores fieles de Fidel Castro, Hugo Chávez y Evo Morales. La reunión del Mercosur y la paralela Cumbre de los Pueblos. Ambas precedidas por una tensa espera que se mantuvo latente, cargada de incertidumbres y predicciones, hasta que se vio descender de su nuevo avión al gobernante de casi 80 años y se sintió la potencia de su limusina —traída expresamente en uno de los tres aviones cubanos— viajando apresurada por una ciudad cuyas calles un Che Guevara, joven y despreocupado, caminó en otra época.

Una cumbre de jefes de Estado latinoamericanos que sirvió para la ampliación de un Mercosur que ahora cuenta con Venezuela plenamente incorporada junto a Brasil, Argentina, Paraguay y Uruguay como país del bloque y a Chile y Bolivia en el papel de naciones asociadas.

El evento marcó las diferencias aún existentes dentro de esta unión creada en 1991, donde los miembros más pequeños (Paraguay y Uruguay) se quejan de que han obtenido poca o ninguna ganancia de esta integración, y puso de manifiesto que el bloque tendrá que enfrentar en los próximos meses no sólo los nuevos retos y la búsqueda de soluciones a las frustraciones acumuladas a lo largo de 15 años, sino que a partir de ahora contará con la presencia de un Chávez deseoso de imponer su proyecto de integración continental al precio que sea necesario, siempre con la ayuda de una billetera abundante y los beneficios obtenidos gracias a los precios exorbitantes del petróleo.

La primera cumbre

Un Mercosur que mira como modelo a la Unión Europea, pero donde ya están sentadas las bases para que se repitan las mismas diferencias que dilatan y complican la integración europea, con un Brasil desempeñando un papel similar al de Alemania y una Venezuela convertida en la Francia de la región, como se apresuró a declarar el presidente Luiz Inácio Lula da Silva.

Porque si Chávez llegó con paso arrollador y vocinglero al Mercosur, es Lula quien asume la presidencia del pacto hasta la próxima cumbre, y ya dejó claro que no le gustó el protagonismo adoptado por el mandatario venezolano, al punto que no fue a la cena de gala y canceló un almuerzo acordado con Chávez para el miércoles en Brasilia. Una de las diferencias fundamentales entre ambos presidentes es que si el venezolano ha llegado como paladín de los países más pequeños, el brasileño quiere lograr la integración de México al bloque.

Castro, por supuesto, se suma a la tendencia de favorecer a los países más pobres, pero aunque ovacionado y perseguido por la prensa como la principal atracción del encuentro, su poder de influencia es limitado tras las fronteras de Caracas y La Paz.

La Habana se benefició en esta cumbre con un acuerdo de complementación económica, pero éste es más un gesto político que una ampliación comercial efectiva. Se trata de una consolidación de cuatro acuerdos previos, que Cuba ya había firmado por separado con cada uno de los miembros plenos del Mercosur.

Según datos oficiales, sólo el 0,17 por ciento del intercambio comercial del Mercosur se realiza con Cuba. En el 2005, las importaciones de las naciones miembros hacia la Isla ascendieron a 364 millones de dólares, mientras que las exportaciones de ésta se limitaron a 41 millones de dólares.

De acuerdo con una información de la agencia Efe, ampliamente divulgada en los últimos días, diversos analistas coinciden en que el acuerdo es poco significativo desde el punto de vista comercial.

La segunda cumbre

Desde el punto de vista político, Castro logró poco fuera de este acuerdo y el encuentro con una multitud entusiasta durante la Cumbre de los Pueblos.

La cumbre paralela fue un evento privado, que no contó con la protección del gobierno argentino. El presidente Néstor Kirchner mantuvo un trato frío y distante, aunque cordial. No se reunió en privado con el gobernante cubano, aunque durmieron en el mismo hotel, y no mostró ningún interés por hacerlo. Las pocas veces que estuvo en su presencia siempre al menos estuvieron presentes otras cinco personas. Como anfitrión de la cumbre, Kirchner no sólo le dedicó la menor atención posible al mandatario cubano, sino le rectificó un dato tras el discurso de Castro, quien se extendió por 45 minutos, sin cumplir la brevedad que había prometido. Sonriendo, el presidente argentino le dijo: "Debo aclararle al señor presidente de Cuba que el índice de mortalidad infantil de la Argentina no es el que usted dijo; ahora estamos en 13,5 por mil". Castro, que había querido mostrar la superioridad de Cuba en índices sociales, levantó las manos: "Bueno, tú puedes bajarlo aún más, chico", según una información publicada en el diario La Nación de Buenos Aires.

La tercera cumbre

Antes del viaje del gobernante cubano, se especuló que llegaría a Córdoba sólo con la condición de que no sería "molestado" con exigencias o peticiones relativas a las violaciones de los derechos humanos en la Isla. Ocurrió lo contrario.

Kirchner le envió por escrito un pedido oficial para que deje salir a la médica disidente Hilda Molina. En tres párrafos "diplomáticos pero firmes", de acuerdo con La Nación, le señaló que espera "una pronta y positiva respuesta" al reclamo y dejó sentado que están en juego "razones humanitarias" de "una familia cubano-argentina". Aunque no hubo una referencia pública, para Kirchner resultaba imposible eludir el tema de la doctora Molina.

"Néstor Kirchner no tiene margen político para olvidarse de los derechos humanos. Si en sus conversaciones con el decano de los dictadores del mundo, Fidel Castro, el presidente argentino prefiriera no recordar a Hilda Molina, un gran vacío se colaría en sus convicciones. Y las convicciones vacías tienen mucho más de oportunismo que de convicciones", había escrito Joaquín Morales Solá en un artículo publicado el viernes en La Nación.

El mandatario argentino trató de introducir el caso de la doctora Molina mediante un encuentro de su canciller, Jorge Taiana, con su par cubano, Felipe Pérez Roque, la noche previa al encuentro en Córdoba. Pero Roque dijo que se trataba de un asunto interno de Cuba que no debía ser tratado en una cumbre multilateral. Entonces Kirchner envió un mensaje privado a Castro a través de uno de sus colaboradores: si no se aceptaba la misiva referente al caso, él plantearía el tema al inicio de la cumbre del Mercosur. Castro dio la orden de que la carta fuera aceptada y no dijo más.

En diciembre de 2004, Kirchner le envió una primera carta a Castro. La doctora Hilda Molina sigue esperando el poder reunirse con sus nietos y ver a su hijo y nuera.

La denuncia de los abusos de los derechos humanos en Cuba persiguen a Castro. Que pese a sus esfuerzos el régimen no logre atenuarlas o silenciarlas es la mayor esperanza para los cubanos. Más allá de los discursos y los gritos entusiastas de quienes sólo quieren ver en el mandatario una figura heroica que por años ha resistido al "imperialismo yanqui", la verdadera cara del régimen de La Habana ya no puede ser ocultada.

© cubaencuentro

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