Opinión

Retroceso a dos voces

Malos tiempos: La Habana vuelve a sus andadas con el centralismo y Miami alimenta el espíritu de intolerancia.

El reloj cubano tiene dos manecillas, una en La Habana y la otra en Miami. Ambas se empecinan en el mismo recorrido. Insisten en el avance en reversa, con una tenacidad que amarga al más optimista. Parece que hubiera un acuerdo tácito en este retroceso. Como si no bastara la inmovilidad, que por demasiado tiempo ha detenido la esperanza.

No se trata de una conspiración de los extremos. Más bien es la seducción de los caminos trillados y la comodidad de lograr el triunfo recorriendo una vía segura. Obedecer al Comandante en Jefe. Beneficiarse de un electorado que combate sus fracasos con la misma obstinación que repite sus errores. El poder absoluto de volver una y otra vez a remendar un modelo caduco. La inmunidad imprescindible para no escuchar las opiniones opuestas y profundizar en el alejamiento de la realidad. En la Calle Ocho y en la Plaza de la Revolución. Mantenerse en una lucha estéril, sin ceder un ápice.

El éxito acompaña a quienes no se apartan de esa vieja senda, que hace casi un lustro parecía comenzar a borrarse y cuyas ruinas hoy reverdecen.

En Cuba, Fidel Castro insiste en retroceder hacia la época de un mayor control ideológico, más centralismo económico y menos espacios donde moverse con independencia del Estado. En la capital del exilio se agudizan las restricciones de los viajes a la Isla, se alimenta el espíritu de intolerancia y se intensifican los intentos por brindar la imagen de un exilio monolítico, opuesto a cualquier alteración del rumbo de la política trazada por la actual administración norteamericana y los miembros del sector más reaccionario de la comunidad emigrada.

Ejemplos sobran. La resurrección del Secretariado del Comité Central del Partido Comunista de Cuba fue una muestra reciente de esa marcha hacia atrás del reloj en la Isla. Ahora las informaciones no vienen desde La Habana, sino son noticias de Miami.

Un libro 'diabólico'

La queja de un padre sobre un libro infantil, titulado Vamos a Cuba, ha desatado una controversia desproporcionada en esta ciudad, que ya dura varias semanas. La obra de 32 páginas —con breves textos y fotografías— está destinada a ser leída por niños de cinco años. Hay 33 bibliotecas de las escuelas públicas del condado Miami-Dade que tienen 49 copias y otros 20 ejemplares se encuentran en las bibliotecas públicas. No se trata de un libro de texto, lo que indica que su lectura no es obligatoria para los escolares.

Algunos exiliados califican el libro de "insultante", por mostrar en su cubierta una fotografía de un niño cubano vestido de pionero y oraciones como la que aparece en la página cinco: "La gente de Cuba come, estudia y trabaja como tú. Pero en Cuba hay cosas únicas".

No hay desacuerdo en que el libro presenta una imagen distorsionada de la realidad cubana. Resulta válida la preocupación de que las bibliotecas escolares cuenten con los mejores materiales, que ofrezcan una panorámica veraz de las realidades de dos países distintos. Hay procedimientos establecidos para considerar el retiro de una obra que no cumpla los objetivos propios de una biblioteca escolar pública.

La controversia radica en el hecho de que algunas personas —incluidos tres miembros de la Junta Escolar— quieren que la obra sea removida de inmediato de las bibliotecas, sin seguir el método rutinario. De un día para otro. La Unión de Libertades Civiles (ACLU) considera que en lugar de prohibir el libro, se deben añadir otros que ofrezcan diferentes puntos de vista sobre la realidad cubana, así como alienta a los padres para que conversen con sus hijos sobre la realidad política de la Isla.

Ante la posibilidad de explicarle a los pequeños cosas tan elementales como el racionamiento de la comida y la falta de juguetes, para ciertos exiliados el expediente más fácil es apelar a la censura. Tras la declarada preocupación, hay un interés evidente en hacer una demostración de fuerza. Para lograrlo, no hay pudor alguno a la hora de lanzar argumentos.

Un miembro de la Junta Escolar, Marta Pérez, igualó Vamos a Cuba con una obra "pornográfica" y con "libros sobre cultos satánicos", materiales que enfatizó no deben encontrarse disponibles en los estantes de una biblioteca escolar.

La exageración, que parece innata al cubano, aquí alcanza el esperpento: no hay mejor antídoto frente a la tragedia que la parodia, pero resulta trágico cuando se parodia por ignorancia o demagogia y sin que falten argumentos para defender un punto de vista.

Otro miembro de la Junta, Frank Bolaños, dice: el "libro desorienta y confunde a nuestros hijos más pequeños, que no han adquirido los elementos de juicio y análisis crítico para distinguir entre la mentira y la verdad".

El educador no parece preocupado en desarrollar estos "elementos de juicio" en los niños, sino en oponerse a la "injuria", ya que de esta forma, expresa, "cumplimos con una promesa sagrada ante nuestros padres, presos políticos, mártires y muertos".

Palabras tan solemnes no fueron suficientes para justificar una violación de la Primera Enmienda de la Constitución, que defiende la libertad de expresión, pero indudablemente cuentan con simpatizantes deseosos de convertir Miami en una región inmune a las leyes vigentes en Estados Unidos. En hacer de esta ciudad un territorio con procedimientos similares a los practicados en La Habana. Con aparentes fines opuestos, pero en última instancia con iguales objetivos de manipulación y control del pensamiento y la vida de los ciudadanos.

Una prohibición de última hora

En una de las sesiones finales del período legislativo de la Florida, ambas cámaras aprobaron una prohibición para las universidades y colleges del estado, destinada a impedir que éstas puedan utilizar fondos estatales para financiar viajes a países incluidos en la lista federal de naciones promotoras del terrorismo.

El proyecto de ley hace que sea ilegal no sólo la financiación directa de los viajes, sino también el uso de empleados e infraestructuras de los centros de educación pública para organizarlos. Al mismo tiempo, queda también prohibido emplear con iguales fines las subvenciones estatales que reciben los centros de educación privados.

La medida, que se convertirá en ley cuando la firme el gobernador Jeb Bush —quien ya ha prometido hacerlo—, está destinada fundamentalmente contra los viajes académicos a Cuba.

Los abogados de la Junta de Gobernadores de la Florida —el órgano rector de las universidades estatales— considera que el proyecto de ley, "además de infringir la libertad académica y la libertad de expresión (…) sería inconstitucional debido a que trata de regular asuntos de política exterior, una competencia exclusiva del gobierno federal", según reportó El Nuevo Herald.

Se trata de otra muestra de un interés creciente en lograr que Miami —o incluso todo el estado de la Florida, como en este caso— mantenga una política hacia la Isla mucho más rígida que la acordada en todo el país. La meta no es sólo ir un paso más allá de las normas establecidas por el gobierno del presidente George W. Bush —quien precisamente se ha caracterizado por favorecer una estrategia afín al llamado "exilio histórico"—, sino convertir la política estatal en una avanzada de los objetivos nacionales, en lo que respecta al tratamiento del caso cubano.

Esta medida es sólo un ejemplo de un fin primordial de mucho mayor alcance: consolidar el poder político en uno de los estados más importantes para las elecciones presidenciales, de forma tal que la política norteamericana hacia Cuba no esté influida sólo por la labor de cabildeo y los poderosos contribuyentes cubanoamericanos del sur de la Florida, sino por una maquinaria republicana que puede resultar clave a la hora de elegir al próximo mandatario de la nación más poderosa del planeta.

El promotor de la prohibición de fondos estatales para viajes académicos, el representante por Miami David Rivera, es un buen ejemplo dentro de un nuevo grupo de legisladores cubanoamericanos que, en parte, ha ocupado el vacío ocurrido tras la muerte de Jorge Mas Canosa y la pérdida de poder de la Fundación Cubano-Americana.

Este legislador fue uno de los redactores en 2003 de una carta —firmada por un grupo de representantes estatales republicanos de la Florida— que urgió al presidente Bush para que actuara con mayor firmeza respecto a Castro, o de lo contrario podría perder su apoyo para las elecciones de 2004. Meses más tarde, el mandatario aprobó la serie de restricciones a las remesas y los viajes a la Isla. Este político republicano incluso ha propugnado el reducir los beneficios sociales a quienes viajan a Cuba e imponer impuestos a los empresarios floridanos que negocian con La Habana.

'Talibanes' aquí y allá

Rivera, de 40 años, forma parte de un grupo de legisladores con algunas características similares y opuestas a los llamados "talibanes" del gobierno de Castro. La prensa internacional cataloga de "talibanes" —una denominación errónea al concederle celo ideológico a lo que es simplemente sumisión oportunista— al grupo de jóvenes que pasaron de su militancia en la Unión de Jóvenes Comunista y la Federación Estudiantil Universitaria al Grupo de Coordinación y Apoyo del Comandante en Jefe.

Más allá de los encasillamientos generacionales y las divisiones por edades, en un sentido amplio se trata de un grupo que aquí en Miami forma parte de una generación de relevo: hombres y mujeres que por fecha y lugar de origen —varios de ellos nacieron en este país— no comparten una historia común con los residentes de la Isla, pero se consideran depositarios de la Cuba que dejó de ser, hijos del anhelo de darle marcha atrás al reloj histórico y político en Cuba, para borrar todo vestigio del proceso revolucionario, y herederos del llamado "exilio histórico".

Gracias a su participación en los triunfos electorales de los hermanos Bush, este grupo desempeña un importante papel en la confección de la política norteamericana hacia la Isla. Hasta el momento, dos factores han contribuido a su éxito político.

El primero es la posibilidad de continuar ampliando una política que es afín a una buena parte de los votantes cubanoamericanos. En última instancia, lo importante para estos votantes no es la efectividad de la medida, sino que ésta ejemplifica su influencia política.

No se sabe en resumidas cuentas el alcance del voto cubanoamericano tradicional —en un condado que el presidente perdió en las últimas elecciones—, pero no hay duda del poderío de un grupo que contribuye fuertemente a las campañas electorales y que tiene un gran dominio e influencia no sólo en los gobiernos local, estatal e incluso federal, sino también en los medios informativos. Un grupo que además mantiene una relación con la Isla que es fundamentalmente política y afectiva, pero sin contactos con la población, salvo en los casos de afinidades ideológicas con ciertos grupos disidentes.

Como el objetivo de incrementar esa política —de poco éxito con respecto a Castro, pero la justificación perfecta de que se "está haciendo algo" para derrocarlo— las restricciones a los viajes han ido en aumento. En abril de este año, el gobierno norteamericano desautorizó a una veintena de agencias proveedoras de pasajes, suspendió al menos seis licencias por motivos religiosos y emitió un estricto reglamento para todas las operaciones relacionadas con la Isla, informó El Nuevo Herald.

Buena parte de los que realizan viajes familiares a Cuba no son ciudadanos norteamericanos. Las demoras en el procedimiento para adquirir la ciudadanía —a consecuencia de las nuevas verificaciones de seguridad establecidas como efecto de las medidas antiterroristas— dificultan el convertirse en votantes a residentes que se ven afectados por estas restricciones. Por lo tanto, es posible que éstas continúen ofreciendo dividendos electorales para los republicanos.

El segundo aspecto es la creciente frustración del exilio ante la ausencia de cambios en la Isla. Pese al fracaso de medidas como el embargo y el poco impacto que han tenido las restricciones a los viajes, otras alternativas —como el cambio de política de la Unión Europea— han brindado también resultados nulos.

Pocas alternativas

El hecho de que Castro permanezca en el poder —gracias a su sagacidad política, la fidelidad de sus seguidores más cercanos, las crecientes dificultades del movimiento disidente y el apoyo en aumento de los petrodólares de Hugo Chávez— convierte a las alternativas opositoras en instrumentos cada vez más dependientes de las fuentes que les permiten sobrevivir.

Quienes critican el fin de las sanciones por parte de Europa olvidan que la posible presión sobre el régimen no es igual ahora que hace dos años. Pero igual argumento puede aplicarse a quienes favorecen un levantamiento del embargo. No tiene sentido apostar a las supuestas ventajas políticas de un incremento del turismo.

La realidad es que el dictador cubano tiene ahora mayor capacidad de maniobra. Desconocer este hecho es equivocar de sentido el apoyo al fin de las restricciones a los viajes a la Isla: no hay que arrebatarle a Castro el papel de fuerza represiva, contraria al libre movimiento ciudadano.

La política cubana es al menos consecuente con los objetivos de quien la traza. Castro no ha vacilado nunca en permitir ciertos espacios controlados —de relativa independencia— cuando han resultado necesarios para que su régimen sobreviva. Superada esa situación, vuelve al control más absoluto. Es lo que está haciendo ahora. Nunca se ha proclamado paladín del libre pensamiento. Siempre ha apoyado la censura y criticado el concepto de libertad que rige en los países democráticos.

Washington dice apoyar a la disidencia, contribuir al aceleramiento del cambio pacífico para lograr la transformación política y económica de la Isla y aumentar el nivel de información de los cubanos. Pero en la práctica no contribuye en nada a este objetivo.

Hace todo lo posible por impedir los contactos entre cubanos de ambos lados, mientras destina fondos millonarios a una estación de radio que pocos oyen y a una planta de televisión que nadie ve. Reduce las visitas familiares y el envío de remesas. Afirma que quiere que se acabe la censura a 90 millas de sus costas, mientras intenta restringir la libertad académica en las universidades norteamericanas. Critica la ausencia de libertad de movimientos imperante en la sociedad cubana y al mismo tiempo considera que hay demasiadas personas viajando libremente hacia esa nación cerrada. Persigue a quienes lucran con la separación de familias e intensifica las medidas para mantener separadas las familias.

Un reloj marcha hacia atrás a ambos lados del Estrecho de la Florida: minuto a minuto retrocede en Miami, mientras da la hora en La Habana.

© cubaencuentro

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