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Opinión

La discordia de 'Vamos a Cuba'

Lo que dice la ley: ¿Puede censurarse un libro por razones ideológicas o por las 'mentiras' que contiene?

Este lunes 22 de mayo, un comité de revisión del sistema escolar Miami-Dade examinará la queja de Juan Amador Rodríguez contra el libro Cuba (2000), escrito en inglés por Alta Schreier para la serie educativa de la editorial Heinemann "A Visit to" [Una visita a].

La tángana por removerlo de las bibliotecas pretende cumplir lo que da título al mismo libro en español: Vamos a Cuba, pero sin salir de Estados Unidos.

En Cuba se censuran libros por cualquier motivo; en EE UU conservan su vigencia las palabras del presidente Dwight Eisenhower: "No teman ir a la biblioteca y leer libros, siempre que no ofendan nuestras propias nociones de decencia. Esta debe ser la única censura (…) Todos somos parte de América. Incluso aquellos con ideas contrarias a las nuestras gozan del derecho a expresarlas verbalmente o por escrito, así como a ponerlas a disposición de los demás. Este derecho es incuestionable, o esto no es América" (Dartmouth College, junio 14, 1953).

La isla que se repite

Tras detectar un ejemplar en manos de su hija de diez años, Juan Amador Rodríguez dejó a un lado la coacción del mejor argumento e instó a retirar Vamos a Cuba de las bibliotecas escolares. Alegó que su hija no tiene por qué leer un libro "lleno de mentiras", entre ellas imágenes de un plato con abundante comida y niños cubanos sonrientes, así como textos de esta índole: "La gente de Cuba come, estudia y trabaja como tú. Pero en Cuba hay cosas únicas"; "Todos los estudiantes hacen algún trabajo durante el día escolar. Unos trabajan en huertos, los mayores trabajan en fábricas"; "La mayor celebración de Cuba es el Carnaval. Se celebra el 26 de julio".

En la Junta Escolar, Frank Bolaños, Marta Pérez y Perla Tabares abogaron por remover los 49 ejemplares de Vamos a Cuba repartidos en 34 bibliotecas. A este reclamo se sumaron activistas como David Rosenthal, quien arremetió de paso contra el libro Cuban Kids (Marshall Cavendish, 2000), del fotógrafo George Ancona, porque "trata de adoctrinar a nuestros estudiantes y debe ser retirado también".

La psiquiatra infantil Lydia Usategui agregó que estos libros "violan los códigos que el sistema establece para escoger material [de] bibliotecas". Y Osvaldo Soto (Liga Hispano Americana contra la Discriminación) remachó el clavo censor: "la primera enmienda no es para proteger libros llenos de mentiras y distorsiones [que] causan mucho daño".

Al norte del infierno

El Tribunal Supremo de Estados Unidos (TSE) reconoce que hasta quemar la bandera nacional goza del amparo de la primera enmienda: no se puede "prohibir expresiones de cualquier idea simplemente porque la sociedad considera esta idea como inaceptable u ofensiva" ( Texas contra Johnson, 1989).

Los estudiantes "no se despojan de sus derechos constitucionales a la entrada de la escuela" ( Tinker contra Distrito Escolar de Des Moines, 1969) y la primera enmienda viene en derechura al cuento: "Las juntas escolares no pueden remover un libro de la biblioteca simplemente porque repudien las ideas contenidas en él o pretendan prescribir ortodoxia en política, nacionalismo, religión u otras materias de opinión" ( Junta de Educación, Distrito Escolar 26 Island Trees, contra Pico, 1982).

Las mentiras y distorsiones de Vamos a Cuba se cobijan también, como muchas otras, bajo la primera enmienda. Fuera de ella quedan sólo la obscenidad, la difamación, la incitación, las llamadas fighting words [insultos que quiebran de inmediato la paz] y la pornografía infantil ( Nueva York contra Ferber, 1982).

Al enfocar el papel de la biblioteca escolar, el finado juez Joseph Tauro (Tribunal Supremo de Massachussets) previno que no se corre riesgo alguno por exponerse a diversas ideas: "el peligro radica en el control del pensamiento" ( Comité de Defensa del Derecho a Leer contra Comité Escolar de Chelsea, 1978).

Tal y como falló el Tribunal de Apelaciones del Séptimo Circuito (Chicago), controlar el pensamiento equivale a "declarar verdadera o correcta determinada perspectiva, y reducir las demás al silencio" ( Asociación Americana de Libreros contra Hudnut, 1985).

La regla jurídica para encarar libros como Vamos a Cuba quedó fijada hace mucho rato por otro juez del TSE, Louis Brandeis, quien dispuso: "Si hay tiempo para develar las falsedades y falacias mediante la libre discusión, para conjurar el mal por medio del proceso educativo, el remedio aplicable es más libertad de expresión y no imponer el silencio" ( Whitney contra California, 1927).

Un tribunal en Arkansas admitió que las juntas escolares tienen amplia potestad discrecional para encauzar las funciones educativas, pero no pueden desligarse de la primera enmienda para restringir el derecho de los estudiantes a leer determinado libro, ni siquiera por repudiar las ideas expresadas en él o por temor a conmociones ( Counts contra Distrito Escolar de Cedarville, 2003).

Según el Tribunal de Apelación del Undécimo Circuito (Atlanta), remover libros de las bibliotecas escolares tiene que obedecer racionalmente a preocupaciones pedagógicas legítimas ( Virgil contra Junta Escolar de Columbia, 1989). En este sentido es preocupación primordial, como enfatizó el Tribunal de Apelaciones del Quinto Circuito (Nueva Orleans), que no se "estrangule el libre pensamiento en su propia fuente" ( Campbell contra Tammany, 1995).

Aparte de que el Tribunal de Apelaciones del Sexto Circuito (Cincinnati) estimó ya la censura de libros como gravamen a la libertad de discusión en clase ( Minarcini contra Strongsville, 1976), los estudiantes pueden hacer con Vamos a Cuba en Miami-Dade lo mismo que autorizó el tribunal de apelaciones en Michigan con respecto a la polémica obra Matadero 5 (1969): "lo que les venga en ganas".

Tanto el autor de este libro, Kurt Vonnegut, como la autora de aquel deben "recibir igual bienvenida en las escuelas públicas que Maquiavelo, Chaucer, Shakespeare, Melville, Lenin, Joseph McCarthy o Walt Disney" ( Todd contra Rochester, 1972).

Coda

Al estilo de los manejos ideológicos del castrismo, la rebambaramba contra Vamos a Cuba intenta pasar el gato de remoción política e ideológicamente motivada por la liebre de obra "inadecuada desde el punto de vista educativo".

Un padre quejoso, tres miembros de la junta escolar y varios activistas pretenden insuflar en Miami aires de censura a lo Castro, pasando por alto valores ético-jurídicos de la Unión Americana que al menos tres jueces del TSE han dejado bien claros.

Potter Stewart apuntó que "la censura refleja la falta de confianza de la sociedad en sí misma y caracteriza al régimen autoritario" ( Ginzberg contra EE UU, 1966). Anthony M. Kennedy postuló: "El derecho a pensar es el principio de la libertad" ( Fiscal General y otros contra Coalición de la Libertad de Palabra y otros, 2002). Y William O. Douglas precisó ante la Liga Nacional de Autores que restringir las libertades de pensamiento y expresión constituye "la subversión más peligrosa", es decir: "la ley antinorteamericana que puede derrotarnos más fácilmente" (Nueva York, diciembre 3, 1952).

© cubaencuentro

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