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Actualizado: 18/04/2024 23:36

Cuba, Independencia, EEUU

Estados Unidos, los mambises y la guerra en Cuba

Sobre un artículo del historiador Eduardo Torres Cuevas, dedicado a la primera intervención militar estadounidense en Cuba

Cubadebate, el portal web fundado por Fidel Castro, totalmente bajo el patrocinio del estado cubano, publicó este 24 de julio el artículo titulado “Los días en que se nublaron los sueños. La primera intervención norteamericana”, firmado por el Dr. en Ciencias Históricas Eduardo Torres Cuevas.

Lo primero es lo primero, por tanto, vamos a centrarnos en los preámbulos de esa intervención, asunto que el Dr. Torres Cuevas soslaya, tal vez porque implica abordar verdades incómodas, igual a desmentir falsedades que entrañan inconvenientes para un intelectual probadamente fiel al Partido Comunista de Cuba (PCC), y por supuesto, al omnipresente Comandante en Jefe de la Revolución Cubana, Fidel Castro Ruz.

El profesor que escribe en Cubadebate es uno de los autores de los libros de texto de la asignatura Historia de Cuba en la enseñanza media. De los programas rectores para maestros y alumnos, tengo a mano el de 11no grado, donde se dictamina:

“En la labor de auto preparación para las clases de Historia, además de la bibliografía que se recomienda en cada una de las unidades, constituyen fuentes fundamentales 5 textos de Fidel Castro muy valiosos por los aportes que hacen al análisis de nuestra historia, son ellos:

  • El análisis histórico de la Revolución contenido en el Informe Central al Primer Congreso del Partido Comunista de Cuba.” (Siguen otros 4 discursos en la lista)

Este documento, hecho público al leerlo su autor en la sesión inaugural del 1er Congreso del PCC, 17 de diciembre de 1975, nos dice:

“España era entonces una de las primeras potencias militares de Europa. Ningún pueblo de América luchó en condiciones tan duras y difíciles por su independencia. Cuba fue el Vietnam de fines del siglo pasado.”

Después de subirle la parada a quien luego va a “derrotar”, el Comandante cuyas propias “batallas” no pasaron de 300 hombres bajo su mando directo, continúa comentando contradictoriamente:

“España estaba exhausta, sin recursos ni energía para continuar la guerra. El ejército español ya sólo controlaba las grandes plazas. Los revolucionarios dominaban todo el campo y las comunicaciones interiores. Muchos prestigiosos generales españoles habían sido derrotados a lo largo de la contienda.”

Los hechos no se ajustan a esta última evaluación, y por supuesto, la alusión a Vietnam está fuera de tiempo y espacio.

Para mejor comprensión del lector, los cubanos alzados contra la monarquía colonialista, crearon de inmediato una República en Armas, autoridad civil suprema, itinerante por los campos del país, porque jamás tuvieron una población donde plantar de forma estable sus oficinas.

La jefatura del ejército libertador estuvo siempre sometida a este poder civil, sujeto a una Carta Magna, de las que hubo cuatro, la última, conocida como Constitución de La Yaya, regía en abril 24 de 1898, cuando España le declara la guerra a Estados Unidos, recibiendo al día siguiente igual respuesta estadounidense.

Intentando acomodar su relato, sin desentonar, cauteloso, Torres Cuevas explica que:

“Una vez concluida la contienda con el triunfo del Ejército Libertador y pactadas las condiciones de paz con España, se convocaría, según sus artículos 40 y 41, a una nueva Asamblea Constituyente que elaboraría la definitiva carta magna para la República de Cuba, independiente, democrática, laica y soberana. No fue lo que ocurrió.”

SI y NO; hubo Asamblea Constituyente, formada por 31 prestigiosos legisladores cubanos; y NO, verdad incómoda, el ejército libertador cubano NO ganó la guerra y tampoco la guerra estaba ganada.

Al iniciarse las operaciones militares entre Estados Unidos y España, comenzó “una nueva guerra superpuesta” a la que ya libraban los patriotas independentistas, la situación militar antes de esa intervención pudiera describirse con la frase un equilibrio en precario.

(Las comillas porque se trata de una opinión de Torres Cuevas, tomada de otros escritos suyos y la comparto. Las negritas porque es mi propia opinión.)

Se trata de una situación típica de las guerras irregulares, donde el bando refugiado en los campos no puede ser desalojado por el ejército gubernamental, sin embargo, tampoco los insurrectos, en Cuba les llamaron mambises, conseguían batallas decisivas frente a su enemigo y mucho menos ocupar las ciudades.

Las columnas españolas, al moverse de un lugar a otro, eran emboscadas con frecuencia, sufriendo importantes bajas, nutriendo a los rebeldes de municiones y otras vituallas.

Es intencionalmente desmedido decir que “el ejército español solo controlaba las grandes plazas”, porque durante los tres años de guerra, en una ocasión, por apenas seis días, los independentistas tomaron una ciudad de relativa importancia, sucedió el 30 de agosto de 1897, cuando unos 1.200 mambises, al mando del mayor general Calixto García, asediaron y ocuparon Victoria de Las Tunas*, retirándose seis días después, no sin antes reducirla a escombros por las llamas.

¿Cuál era el tamaño real de esta ciudad?

Fundada en 1796, el censo de población de 1887 indica 12.049 habitantes para el ayuntamiento de Las Tunas, cifra que incluye a la mayoritaria población rural, en tanto el censo de 1899 contabilizó 19.984 pobladores en el Municipio de Puerto Padre, al cual pertenecía Victoria de Las Tunas.

La pequeña villa tomada por los libertadores no aparece en el listado de las ciudades con más de 10 mil habitantes en los censos citados. La urbanización de la región oriental no superaba el 20 % según la estadística de 1899.

Sin embargo, este hecho de armas tuvo una notable repercusión mediática, tanto en España como en la joven potencia al Norte de Cuba, porque el genocida gobernador de la colonia, Valeriano Weyler, había proclamado con soberbia triunfalista, la pacificación del territorio bajo su omnímodo mando, como resultado de la llamada “reconcentración”, consistente en obligar a la población rural a trasladarse hacia los poblados, con el objetivo de privar a los rebeldes de recursos alimenticios y humanos.

La tragedia recurrente aumentaba porque el fuego destructor se convirtió en un arma de guerra para los cubanos alzados contra España. El General en Jefe Máximo Gómez ejecutaba con esmero “La Tea Incendiaria”, es decir, una antorcha vegetal aplicada a los campos de caña de azúcar, fábricas, y en general a toda instalación capaz de proporcionar ingresos a la monarquía ibérica.

Este último factor es omitido por Torres Cuevas al valorar las causas del calamitoso estado de la isla antillana al iniciarse la dominación de Estados Unidos.

La dimensión de los combates ha de tenerse en cuenta al valorar las derrotas encajadas a prestigiosos generales, porque durante los tres años de guerra, los cubanos juntaron más de mil hombres en un combate solamente en dos ocasiones. La primera en Mal Tiempo, 17 de diciembre de 1895, durante la invasión de oriente a occidente, en las cercanías de Cienfuegos, donde pelearon unos 2.500 hombres del bando libertador frente a una cifra indeterminada, superior al millar, por la parte española.

El encuentro resultó una breve escaramuza porque el objetivo estratégico de los rebeldes era continuar hacia Matanzas y La Habana, provincias ricas y pobladas, aún no incorporadas a la guerra.

La inferioridad numérica de los españoles destaca, incorporando al análisis bélico un factor poco comentado, pero frecuente en las campañas militares caracterizadas por enfrentamientos repetidos a lo largo del tiempo, casi siempre con la victoria de uno de ellos, sin llegar al aniquilamiento del otro.

Sucede que el bando en desventaja va acostumbrándose, por así decirlo, a las cargas del enemigo y cada nuevo encuentro será más reñido. Los testimonios de Mal Tiempo apuntan en esa dirección. Otras evaluaciones militares, lejos del apasionamiento, lo confirman.

José Miró Argenter, catalán de nacimiento, jefe del estado mayor del titán de piel oscura Antonio Maceo, al mando de la caballería en Mal Tiempo, dejó en su diario de guerra un breve recuento del combate:

“Firme aún, la infantería española, rodilla en tierra, resistió con un fuego mortífero y las puntas de las bayonetas, para que nadie pasara. Al grito de “arriba Oriente, al machete, viva Maceo”, abren brecha los orientales y acuchillan sin piedad durante quince minutos. No duró más tiempo el drama.”

Otro general cubano presente, Enrique Loynaz del Castillo, padre de la célebre poetiza, premio Cervantes, Dulce María Loynaz, evaluó así los hechos:

“La jornada de Mal Tiempo probó una vez más la capacidad del soldado español, mucho mejor armado como estaba, y más disciplinado para vencer en el campo abierto a tropas sin ninguna experiencia previa en combate.”

El propio Miró Argenter comentó que Maceo se quejaba de la imposibilidad de una batalla decisiva que jamás llegó a producirse, llamándola “el Ayacucho cubano”.

Un factor no menos importante al caracterizar esta guerra es que los mambises carecían de artillería, el Mayor General Calixto García, al tomar Las Tunas el 30 de agosto de 1897, utiliza por vez primera varios cañones de mediano calibre. El ejército mambí empleó esta vez unos 1.200 soldados.

Tampoco los cubanos contaban con fuerzas navales, únicamente algunas expediciones con refuerzos en armas y hombres, llegadas desde el vecino norteño, lograron burlar la vigilancia de la armada peninsular.

No menos significativo es el hecho igualmente probado por la historiografía militar, de la presencia activa de un número de cubanos cifrado en 30 mil según datos conservadores, combatiendo en calidad de voluntarios y guerrilleros, alzando la bandera española.

La guerra de Cuba, como se le llamó en la península, era de hecho una guerra civil.

Al momento de licenciarse, el ejército libertador contaba con 59.104 combatientes, según el registro oficial a cargo del mayor general Carlos Roloff, inspector principal.

Solo unos 25 mil del total estaban realmente armados, listos para entrar en combate, divididos en 6 cuerpos de ejército, a su vez formando concentraciones menores, debido a razones elementales de subsistencia dado el dominio español de las ciudades, puertos y centros de abastecimiento en general, conjugado con la ruina prevaleciente en los campos.

John Lawrence Tone, autor de Guerra y genocidio en Cuba, 1895-1898 y Fernando J. Padilla en su tesis Volunteers of the Spanish Empire (1855-1898), coinciden en que del total de combatientes registrados en el bando insurrecto, como mínimo el 25 %, se incorporó al final de la contienda, cuando la intervención de Estados Unidos hizo predecible la segura derrota española.

Por si fuera poco, la fiebre amarilla, por entonces una pandemia equivalente al Covid-19 de hoy, diezmaba a la población. La conjunción de los factores antes citados, determinó la muerte de unas 200 mil personas en menos de dos años.

La hazaña militar de conducir un ejército guerrillero del oriente al occidente de una isla estrecha, atravesando 1.200 kilómetros, combatiendo y evadiendo a decenas de miles de soldados enemigos, y sobre todo la tragedia humanitaria prevaleciente, fueron ampliamente divulgadas por la prensa norteamericana.

El hecho de llamársele prensa amarilla a la cadena del magnate Hearst, un pro imperialista declarado, no cambiaba la dramática situación en la Isla, que originó una creciente solidaridad del pueblo estadounidense hacia los desvalidos cubanos.

Los Estados Unidos fueron desde antes de estallar la guerra, el refugio principal de los cubanos perseguidos por el despotismo monárquico, a la vez que destino mayoritario de una emigración patriótica, base social del movimiento independentista fuera de Cuba.

En tierras norteamericanas vivió y predicó durante una década el bien llamado Apóstol de nuestra independencia, José Martí, fundando el Partido Revolucionario Cubano (PRC), la organización unificadora de los patriotas, responsable de la guerra del 95, bajo el ideal de fundar una república democrática.

Tampoco el Congreso de Washington podía eludir su compromiso con el sistema político imperante en su país, expresado en el preámbulo de la célebre Joint Resolution, firmada en vísperas de la intervención:

“El pueblo cubano es, y de derecho debe ser libre e independiente.”

Al paso de un siglo y cuarto, del cual llevamos ya 71 años de dictadura continuada entre Fulgencio Batista, Fidel Castro, su hermano Raúl y el designado de hoy, la tragedia ha crecido exponencialmente desde aquel 10 de octubre de 1868, cuando Carlos Manuel de Céspedes inició nuestras guerras por la independencia, alzándose en armas al conocer una orden de detención contra su persona por “infidelidad” a los gobernantes.


Nota:

*Victoria de Las Tunas era el nombre dado por los españoles en 1869 a la villa, fundada en 1796. Estuvo dos veces en manos cubanas, en 1876 y en 1897. En ambas ocasiones incendiada antes de ser abandonada por los patriotas. Los españoles se atribuyeron una “victoria” cuando en 1869, fuerzas libertadoras se retiraron a las puertas de la ciudad, desestimando la posibilidad de tomarla.

© cubaencuentro

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