Actualizado: 26/06/2017 9:21
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Cuba, Mariela, La denuncia de hoy

El cinismo, el despotismo como divisa

“No vamos a virar hacia el capitalismo, el pueblo no quiere virar, como quedó claro en una consulta popular”, afirma Mariela Castro

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Si Mariela Castro no fuese hija del gobernante cubano Raúl Castro, nada sería. Lo afirmo porque ha demostrado en sus declaraciones en una y otra latitud —pensemos que el costo de tantos viajes lo sufrague con su fortuna personal, no con el sudor del pueblo cubano— suma banalidad, así como buena cuota de puerilidad, sin dejar de lado ese afán de hacerse la inocente o la simpática cuando miente a sangre fría sobre la realidad de su —nuestro— país.

O sea, resulta una embustera de talla la Mariela. Y últimamente, además, déspota, o cínica; condiciones que, ya lo sabemos, se parecen.

Para argumentar lo anterior me remito a la entrevista que la Castro, de visita en México, le concediera al diario azteca La Jornada —una especie de Granma mexicano, si bien un poco más decoroso: admite ciertas réplicas y existe o subsiste gracias a los anuncios comerciales—, aparecida en su edición del pasado 11 de marzo.

“No vamos a virar hacia el capitalismo, el pueblo no quiere virar, como quedó claro en una consulta popular”. Es este uno de los embustes de la señora Mariela, que ¿acaso lo creerá cierto el entrevistador, los lectores de La Jornada?

Bien sabe la potentada Castro que en Cuba hace 58 años que rige un Gobierno que no ha convocado a elecciones libres.

Pérfido entonces resulta afirmar que “el pueblo no quiere virar, como quedó claro en una consulta popular”. Pérfido sobre todo porque cualquier hijo de vecino en Cuba está consciente de que la mayoría de la población cubana, a ojos vista, está en contra de continuar por el camino del pánico y la miseria que ha impuesto el régimen sobre todo en las dos últimas décadas.

¿Tendría valor el castrismo para convocar a elecciones libres? Ella, la Mariela, sabe que no.

¿Permitiría el Gobierno cubano la proliferación de partidos políticos, una prensa independiente, etcétera? Ella sabe que no.

Igualmente sabe que quienes se han opuesto y se oponen pacíficamente al régimen, son golpeados —y golpeadas— y encarcelados —y encarceladas— por las autoridades gubernamentales.

En la entrevista aludida, la acaudalada psicóloga llama, de modo festinado, como es su estilo, “vendepatrias” al expresidente mexicano Felipe Calderón, quien, ya ven, durante su mandato ofreció una actitud respetuosa para con el Gobierno cubano.

Al respecto, afirma la Castro: “Nosotros no le abrimos la puerta a los vendepatrias”. Esto se halla totalmente fuera de contexto en lo que a calificar a Felipe Calderón se refiere. Mariela Castro lo expresa más bien para realizar un guiño a La Jornada, diario de izquierda que en ocasiones, lamentablemente, se sumerge en la pútrida izquierda sesentera.

Por otra parte, ¿quiénes son “nosotros”? ¿Quién, quienes en la tierra, que no sean dioses, están capacitados para determinar cuáles hombres son “vendepatrias” y cuáles lo contrario? Debemos considerar, naturalmente, excluir de ese “nosotros” a quienes en la Isla no tienen voz ni voto —o sea, el pueblo en general— así como aquellos que, lejos de la Isla, hemos visto aniquilada nuestra condición de cubanos por un régimen autocrático, discriminatorio.

Si bien este “nosotros” se vincula con la definición que realiza la hija pródiga acerca del expresidente mexicano, resulta —este “nosotros”— uno de los modos más siniestros, sobre todo por lo impreciso, de las expresiones públicas de la cúpula que ostenta y detenta el poder en la Isla.

Asimismo, afirma Mariela Castro en la entrevista dicha, “con un par de agentes que la cuidan a distancia”, que “En Cuba se garantiza la salud, la cultura, el deporte y la producción de alimentos”.

Embustera, como apuntaba en los inicios de estas líneas.

“La cultura” está condicionada a una ideología; de modo que resultan censuradas aquellas expresiones que no le convengan al dogma impuesto por el régimen.

Del mismo modo está condicionado el “deporte”. Y “la producción de alimentos”, aun si estuviese “garantizada”, tiene como resultado una inopia que nunca jamás antes había padecido el pueblo de Cuba, no solo por la intensa escasez de alimentos, sino asimismo por la poca calidad y la falta de una oferta variada, humanizada por tanto.

En cuanto a la atención a la “salud”, no miento si digo que en la Ciudad de México existe un sistema de salud muy superior al de Cuba, sin que resulte necesario que el Gobierno lo esté presumiendo constantemente y mucho menos sacándoselo en cara al ciudadano.

Y concluyo con esta muestra del despotismo, el cinismo al que hacía mención en líneas anteriores: “Seguimos inventando el socialismo”, anuncia la Mariela así, sin que le tiemble la voz. Y, debemos suponer, sin que por su mente pasen las ya tres generaciones de cubanos que han perdido sus sueños y sus realidades víctimas de ese “invento”, que, según ella, debe continuar.

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