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Actualizado: 01/09/2014 11:14
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| Opinión

Seguridad del Estado, Represión

El nuevo método de reclutamiento de la Seguridad del Estado

Ante la falta de una cantera de jóvenes que deseen ser agentes de contrainteligencia, el régimen ha recurrido al chantaje

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En la década de los 80 se pusieron de moda los seriales de televisión hechos por el Gobierno cubano donde los agentes de la Seguridad del Estado (G2) eran héroes que defendían a la patria del “Imperialismo Yanqui”, infiltrándose exitosamente en las filas de la CIA. El primero de estos seriales, que fue el mejor y estuvo muy bien hecho por cierto, se llamó En silencio ha tenido que ser. Luego hicieron la segunda parte y le siguieron otros como Julito el pescador y Para empezar a vivir.

Para los que en aquellos tiempos empezábamos a tener uso de razón, sus protagonistas fueron nuestros héroes, a falta de otras opciones televisivas y de otros puntos de vista que no fuera la maquinaria de lavado de cerebro del Gobierno de Cuba.

Por aquellos años la Seguridad del Estado Cubana podía darse el lujo de escoger entre los jóvenes a quienes reclutarían para sus filas. Pero los tiempos fueron cambiando, el “fervor revolucionario” se fue perdiendo, la gente se fue dando cuenta poco a poco del verdadero rostro del Castrismo y al caer el Campo Socialista empeoró dramáticamente la situación económica.

Llegar a ser un agente del G2, como “David” (Sergio Corrieri), e infiltrarse en las filas enemigas dejó de ser algo meritorio o patriótico y la juventud empezó a soñar con irse al “Imperio”, pero no para espiarlo, sino para buscar libertad o mejoras económicas. Lo que agravó esa situación fue la captura de 12 espías de la “Red Avispa” en 1998. Siete de ellos colaboraron con el FBI y los otros cinco se declararon fieles a la dictadura y fueron condenados a largas penas de prisión, lo que ha servido de ejemplo para que otros agentes del G2 se lo piensen mejor antes de seguir los pasos de “David” o de “Julito el Pescador”.

Conozco el caso de una persona que después de tener problemas legales en Cuba e ir a prisión, siendo viceministro del Gobierno, logró irse a vivir a los Estados Unidos cuando el éxodo por el puerto del Mariel. Estando trabajando en un restaurante de Miami un día se le apareció un agente del G2 para reclutarlo. Se sentó con él en una mesa y le dijo, en voz baja pero solemnemente:

— La Revolución y Fidel todavía confían en ti...

A lo que el mesero le respondió:

— Pero yo no confío en la Revolución ni en Fidel, piérdete de aquí antes de que llame al FBI.

El espía castrista lo amenazó con que si lo denunciaba era hombre muerto y desapareció rápidamente de la escena. Dice esta persona, que ahora vive en México, que nunca más lo volvió a ver. Hoy en día ya no se arriesgan a ese tipo de acciones.

Posteriormente, en la pasada década, hubo un incremento sustancial de ciudadanos que se declararon abiertamente como disidentes u opositores al Gobierno, incluso agrupándose en organizaciones ilegales a las que la Seguridad del Estado necesitaba penetrar para anticipar sus movimientos y neutralizarlos.

Pero ante la falta de una cantera de jóvenes que desearan ser agentes de Contrainteligencia, estudiaran y se prepararan para este fin, tuvieron que echar mano a un nuevo método de reclutamiento: el chantaje.

¿Cómo funciona este sistema? Es muy simple en un país donde casi todo es ilegal: cuando le echan el ojo a alguien para que trabaje con ellos solo tienen que vigilarlo y esperar a que cometa un delito, o incluso propiciarlo; atraparlo con las manos en la masa y durante el proceso de instrucción darle dos opciones: que sea condenado en un juicio a varios años de prisión o que pase a trabajar encubierto (o al descubierto) para la Seguridad del Estado, con la garantía de que puede seguir delinquiendo como fachada para su trabajo.

Por supuesto que entre ir a prisión o continuar libre y ganando dinero, ahora con una patente de corso o respaldo gubernamental, la mayoría eligen la segunda opción. Este sistema aplica tanto para delincuentes comunes como para los de cuello blanco. Ladrones, corruptos, semi analfabetos, inmorales y desvergonzados han pasado a engrosar las filas de la Contrainteligencia (CI, Sección 21). Y no podía ser de otra forma, se necesita tener esas características para prestarse a vigilar, reprimir, golpear y abusar de mujeres indefensas y hombres que protestan pacíficamente porque se respeten los derechos humanos y civiles de la población.


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