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Actualizado: 31/07/2014 19:21
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| Opinión

Unión Europea, Cambios

¿Hacia la normalización de las relaciones con la Unión Europea?

Los cambios ocurridos en Cuba no significan el fin del totalitarismo, pero sí que ante la presión interna e internacional el régimen ha tenido que permitir espacios, que poco a poco han ido creciendo

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La Posición Común de la Unión Europea cumplirá 16 años el próximo 2 de diciembre. Constituyó una iniciativa propulsada por el Gobierno de España que, entonces como ahora, se encontraba conducido por el Partido Popular. Es tiempo suficiente 16 años para valorar los efectos de una política, y ajustarla a las nuevas realidades. Quizás por ello, la UE acordó el 19 de noviembre iniciar los trámites para la negociación de un acuerdo de cooperación con el Gobierno cubano.

En el Punto 4 de la Posición Común se prevé adaptar la política hacia Cuba: “A medida en que las autoridades cubanas avancen hacia la democracia, la Unión Europea prestará su apoyo al proceso y estudiará el uso adecuado de los medios a su disposición con este fin, incluidos: la intensificación de un diálogo político fluido orientado hacia resultados concretos entre la Unión Europea y Cuba; la intensificación de la cooperación, y en particular, la cooperación económica; el reforzamiento del diálogo con las autoridades cubanas, a través de las instancias adecuadas, con el fin de explorar mayores posibilidades para la futura negociación de un acuerdo de cooperación con Cuba basado en las conclusiones correspondientes de los Consejos de Madrid y Florencia”.

Quien escribe este artículo ha criticado desde su inicio la llamada actualización aplicada por el Gobierno cubano durante los últimos años por ser insuficiente para sacar a Cuba de la crisis. Sin embargo, indudablemente la situación económica, política y social en el país ha variado desde el ascenso del general Raúl Castro a la presidencia. Hoy la gestión privada, aunque muy controlada por el Gobierno ha florecido, no obstante las múltiples restricciones diseñadas para evitar el crecimiento de los negocios. Actualmente existen alrededor de 400.000 personas dedicadas al cuentapropismo y se ha entregado tierras a 172.000 usufructuarios, según datos oficiales. Una dinámica que apunta a un continuado crecimiento del trabajo privado, que se acelerará en los próximos meses con el arrendamiento de locales para la gastronomía y la anunciada creación de cooperativas no agrícolas. Por lo tanto, la iniciativa privada podría dar empleo a más de un millón de personas, quienes aún bajo un control estatal severo, de todas formas incrementarán, junto a sus familias, el rango de libertad económica, fortaleciéndose las concepciones favorables a la iniciativa individual.

En el terreno político, también han ocurrido transformaciones. En primer lugar la mentalidad del pueblo ha cambiado, sobre todo en los jóvenes. Las mayorías, agobiadas por tantos años de penurias y engaños, comprenden que el modelo actual ha fracasado. Los sectores populares, que fueron la base de sostenimiento del régimen, han sido muy golpeados por las medidas de ajuste económico emprendidas por el gobierno, sin que hubiera compensación alguna para disminuir sus efectos negativos. El escenario también se ha complicado por la creciente desigualdad, que si bien ya existía debido esencialmente a los privilegios promovidos por el clientelismo político y la corrupción, así como a causa de la incidencia de las remesas, se incrementa por el avance de la iniciativa privada. A pesar de los altos impuestos, restricciones, limitaciones de los oficios permitidos y la inexistencia de un mercado mayorista, los ingresos de las personas que laboran en el sector privado en general son notablemente superiores a los recibidos por quienes trabajan para el Estado. A todo esto se añade la creciente inflación, sin que salarios y pensiones aumenten en forma proporcional.

Actualmente, destacados escritores, economistas, académicos, artistas, cantautores, músicos y otros intelectuales se han procurado espacios para dar a conocer sus opiniones sobre la realidad nacional. Al mismo tiempo otros sectores de la sociedad civil tienen publicaciones independientes, que con apreciable calidad se han convertido en foros de debate. Paralelamente, se nota el crecimiento de la disidencia pacífica, en especial de blogueros y jóvenes profesionales, que a pesar de la represión se mantienen firmes en su búsqueda de la democracia y el respeto de los derechos. Incluso entre los cubanos residentes en el exterior se observan cambios, estimulados fundamentalmente por la impronta de nuevas generaciones con una visión más amplia. Las elecciones efectuadas en Estados Unidos el 6 de noviembre, evidenciaron en la Florida un considerable incremento de los votos favorables al presidente Obama y su política de acercamiento al pueblo cubano, así como la elección de un representante federal del Partido Demócrata, Joe García, con una posición más flexible y razonable respecto a los vínculos con la Isla.

Está claro que los cambios apuntados no significan el fin del totalitarismo en Cuba, pero sí que ante la presión interna e internacional el régimen ha tenido que permitir espacios, que poco a poco han ido creciendo, y paralelamente se han eliminado muchos dogmas y extremismos de la época de Fidel Castro. Hoy prácticamente todos los funcionarios afines al líder histórico han desaparecido del escenario político; se acabó la batalla de ideas; y se ha reducido considerablemente la agitación política y las marchas compulsadas, hasta en la televisión se presentan programas donde los artistas consiguen sutil, y a veces no tan sutilmente, deslizar críticas a la situación imperante.

Cuba se encuentra en una etapa compleja y contradictoria, inmersa en reformas insuficientes, lentas y zigzagueantes, sin descartar momentáneos retrocesos, quizás en parte como consecuencia de pugnas en el poder, entre reformistas y conservadores. No obstante, el terreno perdido por el régimen es irrecuperable. El trabajo privado crecerá en importancia, por muchas limitaciones que se le pongan. Incluso si el gobierno insiste en mantener las absurdas restricciones para impedir el crecimiento de los negocios, serán mayores las contradicciones en la sociedad. Así solo se alentará la violación de las leyes y se ampliarán los niveles de la corrupción imperante, ya de por si altos.

Con este complejo escenario, quien aspire a ayudar a Cuba en su tránsito a la democracia no puede promover la exclusión, sino promover puentes hacia el pueblo cubano en todos los campos posibles, tal como se hizo en Europa del Este. Por otra parte, la Unión Europea tiene sólidas credenciales democráticas. Fue un factor importante en los cambios en los llamados países socialistas, y más recientemente su contribución al avance de la democracia en el Medio Oriente es notable. En cuanto a Cuba, su apoyo al pueblo ha sido destacado desde hace muchos años. Su posición en los foros internacionales se ha situado en defensa de los derechos humanos, al igual que ha efectuado muchas acciones solidarias, que han provocado la ira de La Habana. No puede olvidarse su digna condena a la gran represión de la Primavera Negra de 2003, así como el otorgamiento de tres premios Sajarov a dos personalidades y una agrupación opositora por el Parlamento Europeo, siendo Cuba uno de los países que más distinciones ha recibido.

Por tanto debería acogerse positivamente la gestión iniciada por la Unión Europea, sin abandono de la Posición Común y su reclamo de libertades y apertura económica para los cubanos, mientras duren las conversaciones para el establecimiento del acuerdo de cooperación. Las negociones no serán fáciles, pues es de esperar los obstáculos que seguramente intentará crear la facción más reaccionaria e intolerante del régimen.


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