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| Opinión

Maduro, Chávez, Venezuela

¿Precipitando el regreso de Chávez?

Ahora parece más probable el regreso a Venezuela

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Varios “expertos” en temas venezolanos radicados en Miami se apresuraron a matar a Hugo Chávez antes de tiempo. Ya esa historia se ha vivido muchas veces con la “muerte” de Fidel Castro. Después los “expertos” reaparecen, mondos y lirondos, como si nada, a repetir lo mismo o cualquier otra cosa.

Yo, simple mortal que no dispongo de fuentes de inteligencia dentro del equipo médico que atiende al caudillo venezolano en La Habana, ni tampoco en el séquito que acompaña a la presidenta argentina en su periplo cubano-asiático, me tengo que conformar con lo que se pueda inferir de las limitadas informaciones públicas sobre la salud de Hugo Chávez, así como de lo que se pueda intuir de la falta de información alrededor del tema.

Por eso, de la gravedad del presidente venezolano tras su operación del 11 de diciembre, más que por altisonantes declaraciones de quienes dicen disponer de fuentes primigenias de la verdad minutos después de que se producen los acontecimientos, tengo constancia por el hecho claro y preciso, al que todos tenemos el mismo nivel de acceso, de que durante casi cuarenta días después de la operación no había trascendido una sola palabra en vivo ni una sola fotografía del ilustre paciente.

También contribuye a reforzar ese criterio de la gravedad de Chávez el hecho de que Jefes de Estado amigos, como el boliviano Evo Morales, la argentina Cristina Fernández, el peruano Ollanta Humala y el nicaragüense Daniel Ortega pasaron por La Habana sin llegar a verlo, y que al presidente uruguayo José Mujica le informaran que no le garantizaban que pudiera visitarlo si viajaba a Cuba. Solamente el presidente ecuatoriano y eventual “delfín” del socialismo del siglo XXI en América Latina, Rafael Correa, pudo verlo antes de la operación.

El cantinfleo de los dirigentes venezolanos al referirse a la salud de Chávez es la fuente más segura para convencerse de que se puede dudar de todo lo que han dicho. Que la prensa y el gobierno cubano, con cara de jugador de póker, se limiten a reproducir las informaciones oficiales venezolanas, refuerza este criterio. Utilizar términos como “estable”, “remontando”, “resistiendo”, “luchando por la vida”, son intentos de desinformar más que de informar: no son conceptos médicos específicos ni mucho menos, y pueden ser interpretados de muy diferentes maneras.

Que Nicolás Maduro, Diosdado Cabello, Elías Jaua o cualquier otro cortesano dijeran que lo vieron, hablaron, conversaron, bromearon o rieron, nunca dejó de ser una versión de los hechos que no se podía comprobar. Y las supuestas “reuniones de trabajo” de sus canchanchanes con el comandante-presidente en el hospital son difíciles de creer en medio de las circunstancias anteriormente señaladas. Quizás lo más real de todo lo dicho durante un mes correspondió a Nicolás Maduro cuando señaló que Chávez le apretó la mano con fuerza: esa es precisamente la acción más común de un enfermo débil para comunicarse con alguien, y el comentario más optimista que realiza cualquiera para referirse a que un paciente sigue consciente, más que cualquier otra cosa.

En la medida que la presencia de Hugo Chávez en hospitales de La Habana se prolongue en medio de tanto secretismo, las tensiones en Venezuela se incrementarán. Pero ahora, en los últimos días, se produjo un significativo cambio en el patrón de comportamiento del gobierno venezolano y sus aliados latinoamericanos, aunque no del gobierno cubano, sin dudas el más profesional y experimentado en el arte de retener secretos y desinformar. Ese cambio parece sugerir que Chávez ha comenzado a rebasar las complicaciones post-operatorias y mostrar un cuadro clínico más optimista, y que se estaría propiciando fuertemente su regreso a Venezuela.

Tales señales han venido desde varias direcciones diferentes: Jorge Arreaza, casado con una hija de Chávez y Ministro de Ciencia y Tecnología, después de más de un mes en La Habana, presentó al Consejo de Ministros en Caracas un informe “muy alentador” sobre la salud del mandatario. Argenis, hermano menor de Chávez, declaró que el presidente regresaría a Venezuela “en los próximos días”. Pocas horas después tuvo que desmentirse, asegurar que el regreso depende de los médicos, y que los únicos voceros son Nicolás Maduro y Ernesto Villegas, Ministro de Comunicación e Información, pero el mensaje no pasó inadvertido.

Posteriormente, el presidente boliviano Evo Morales, dijo el martes en La Paz: “Anteayer y ayer me comuniqué con Cuba, hermanas y hermanos tenemos una buena información, el hermano Comandante Presidente Hugo Chávez ya está en fisioterapia para volver a su país”. No hay que inferir de las palabras de Evo que el caudillo venezolano esté corriendo o nadando en Cuba, pero parece evidente, uniendo todas las informaciones anteriores, que puede haber sobrepasado la etapa más crítica de su convalecencia y encontrarse en un proceso de recuperación.

Finalmente, el miércoles comenzó a circular por las redes sociales una fotografía de un deteriorado Hugo Chávez caminando entre dos personas, mientras se apoya en una de ellas. Se afirma que la foto, sin fecha señalada, es la primera del mandatario en 2013. Imaginamos que pronto surgirán acusaciones de trucaje, Photoshop, la presencia de “un doble”, y fantasías de ese tipo.

De ser ciertas las informaciones anteriores, a pesar de que se mantenga en estado delicado, un eventual regreso de Hugo Chávez a Caracas resultaría más probable, aunque solo fuera para finalmente morir en su patria y no en el extranjero. Determinados preparativos de urgencia en el Hospital Militar de Caracas apuntarían en esa dirección.

Para la dictadura cubana ese regreso a Caracas es de extraordinaria importancia, y no sería nada extraño que lo estuviera apremiando, pues permitiría que Chávez juramentara el nuevo período presidencial en territorio venezolano, ante el Tribunal Supremo, aunque fuera en una sala de cuidados intensivos de un hospital, y designara a Nicolás Maduro como Vicepresidente, con lo cual se formalizaría el requisito constitucional pendiente y se “legitimaría” la sucesión, restando argumentos a los opositores. Después, ya se verá.

Para los hermanos Castro las aventuras electorales competitivas no son nada atractivas, ni siquiera contando con una poderosa maquinaria chavista funcionando contra una oposición dispersa y confundida, que deberá enfrentar, además del cilindro oficialista sobrecargado de ventajismos, el tema altamente emocional que supone enfrentarse a un caudillo “vencedor de la muerte”.

Para quienes creen que un viaje aéreo a Caracas puede ser imposible o muy peligroso por los cambios de presión, sería bueno que se preguntaran cuántos oficiales cubanos en grave estado de salud fueron trasladados desde Angola hasta Cuba sin que se produjera ninguna tragedia. Y un vuelo Habana-Caracas es mucho más corto y no requeriría alturas que implicaran cambios de presión significativos, según señalan experimentados pilotos. O, en última instancia, podrían averiguar si existen o no existen buques-hospitales que puedan llevar al ilustre paciente desde La Habana hasta Caracas en un caso extremo.

Y, finalmente, habría que preguntarse seriamente si el gobierno cubano estaría dispuesto a hacer lo que fuera necesario para asegurar una sucesión “ordenada y tranquila” en Venezuela, de acuerdo a sus propios intereses.

Las respuestas son obvias.


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