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Actualizado: 19/09/2014 17:11
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| Opinión

Cambios, China

Relevo generacional

Cada vez es menor la esperanza de que la crisis general en Cuba llevará a adoptar medidas económicas de calado, al menos basadas en las experiencias chinas, e incluso vietnamitas

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¿En qué se parecen Cuba y China? En que ambas están gobernadas por el Partido Comunista, asentado sobre un fuerte aparato represivo. El XVIII Congreso del PCCH atrajo la atención en los medios políticos, económicos, académicos y de difusión antes, durante y después de su realización en todo el mundo. Del 8 al 14 de noviembre en la prensa amiga cubana solo se publicaron escuetas informaciones. No es una animosidad similar al virulento rechazo a la perestroika y el glasnost soviético de la segunda mitad de los años 1980. Se trata de la dosificación del acceso de los cubanos al conocimiento sobre los cambios ocurridos en el gigante asiático.

Está feneciendo la esperanza de que la crisis general en la Isla llevará a adoptar medidas económicas de calado, al menos basadas en las experiencias chinas, e incluso vietnamitas, teniendo en cuenta el presunto pragmatismo de Raúl Castro, su reconocimiento de la necesidad de cambios estructurales y de concepto, así como sus viajes a esos países.

Deng Xiaoping impuso la reforma económica que en treinta años ha convertido China en la segunda economía mundial, mientras en Cuba se mutaron los términos cambios y reformas por “actualización” del modelo económico, con renovada planificación centralizada, rechazo al libre mercado, atadura a la iniciativa privada permitida y los beneficios económicos resultantes.

Posiblemente la copia ha sido fijar dos mandatos para los dirigentes, coincidiendo con que los históricos prácticamente ya habrían cumplido su ciclo vital, y se habría creado la conveniente cantera de sustitutos… herederos por vínculos de sangre o consenso de intereses.

En el congreso del PCCH ascendió la quinta generación tras Mao Tsetung, Deng Xiaoping, Jiang Zemin y Hu Jintao. Se trata de los llamados príncipes rojos y los tuanpai o hijos del pueblo, procedentes de la juventud comunista. Xi Jinping, apoyado por Jiang, se convirtió en secretario general y Hu Jintao le entregó la presidencia de la Comisión Militar Central, que usualmente era mantenida durante un tiempo por el máximo dirigente partidista saliente; en marzo del próximo año deberá ser elegido jefe de Estado por la Asamblea Popular Nacional. En el Comité Permanente del Buró Político de 7 miembros, en lugar de 9 hasta el presente, trabajará con el tuanpai Li Keqiang, candidato de Hu para su cargo, quien se espera que en esa fecha sea nombrado primer ministro. Ambos son los más jóvenes con 59 años de edad, los otros 5 oscilan entre los 64 a 67 años.

En el complejo entramado de intereses que se han movido para la sucesión, Xi Jinping no ha sido el fácil heredero. Su padre, Xi Zhongxun fue compañero de armas de Mao, sin embargo sufrió castigo por no favorecer la Revolución Cultural, con consecuencia para toda la familia enviada a su natal pueblo Shaanxi. Xi Jinping pasó la adolescencia trabajando la tierra en una comuna popular, y se dice que luego tuvo que presentar 9 veces la solicitud para ser admitido en el Partido, ya que le era rechazada por su pasado. Se considera que el padre Xi ideó la primera zona económica especial en Shenzhen, dentro del partido apoyó al defenestrado Hu Yaobang y condenó la represión de la Plaza de Tiananmen en 1989.

El nuevo máximo dirigente chino es considerado pragmático, buen negociador de consensos, decidido a preservar el poder del Partido, cumplir el compromiso de redoblar la economía hasta 2020 —enfatizando el incremento el consumo interno y la propiedad privada—, disminuir las desigualdades sociales —retado por la necesidad de procurar solución a las crecientes exigencias de la población en asuntos laborales, salariales y de mayores libertades personales—, los problemas medioambientales y la corrupción rampante, también entronizada en los estamentos del Partido y los familiares de los dirigentes.

Entre sus peculiaridades se encuentran estar casado con la famosa cantante Peng Liyung, generala del Ejército Popular, tener a su hija estudiando en Harvard y él mismo haber pasado un entrenamiento en Estados Unidos. Visitó La Habana en junio de 2011 y ha conversado con Raúl Castro y otros dirigentes cubanos en muchas ocasiones durante sus visitas a Pekín.

No obstante, en Cuba parecen no haber calado los consejos chinos de abrir la economía, y mucho menos los criterios del iniciador de la gran reforma, Deng Xiaoping, de facilitar la riqueza personal en el marco del incremento de la nacional. Por tanto, los malos ejemplos mucho menos deberán asumirse, fundamentalmente la herencia generacional. No hemos tenido milenios de dinastías, aunque las aspiraciones de los seres humanos no pueden menospreciarse.

Desafortunadamente la corrupción en la Isla aumenta a todos los niveles a medida en que crecen las diferencias sociales, muchas veces basadas en el robo y la simulación para compensar los míseros salarios, la falta de oportunidades y la represión que ha desarrollado la doble moral y la pérdida de valores. Las medidas adoptadas en los últimos años han sido muy limitadas, sin oportunidades para complementar la economía nacional y brindar fuentes de trabajo compensatorias de la gran eliminación de empleos estatales, decididas por el Gobierno y necesarias para desinflar las plantillas.

Cuando se ha destruido todo, incluida la industria azucarera y los servicios vitrina de la salud y la educación, y el huracán Sandy devastó la zona oriental cubana con repercusiones nefastas para toda la economía nacional, se requieren cambios fundamentales.

No se trata de copiar el modelo chino, o la sorprendente apertura de los 50 años de dictadura en Myanmar-Birmania, sino de acometer una solución a la cubana, con oportunidades de participación para todos los ciudadanos, antes de haber convertido a Cuba en el país más miserable de América Latina y el Caribe.


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