Actualizado: 18/06/2024 0:16
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Represión

Cuatro primaveras negras para los 75

A pesar del inmovilismo, los presos políticos siguen convencidos de que la razón está de su parte.

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TEMA: Represión en presente

Las condenas impuestas en 2003 contra 75 opositores pacíficos y periodistas independientes, suman 1.500 años en las inhóspitas y crueles cárceles de Cuba.

Cuando los agentes de la Seguridad del Estado y los miembros de la Policía Nacional Revolucionaria cerraron calles y realizaron minuciosos y prolongados registros en los hogares, ya se habían dictado las sentencias. Sabían que no encontrarían armas de fuego ni papeles sobre acciones armadas para derrocar al gobierno. Sus rostros amenazantes y las voces rudas chocaban con la tranquilidad de espíritu de las pacíficas personas represaliadas. No faltó algún acto de fuerza en medio de tanta injusticia.

Han pasado cuatro años desde los días 18, 19 y 20 de marzo. Cincuenta y nueve de los prisioneros de conciencia de esa Primavera Negra de 2003 continúan hacinados en inhumanas condiciones junto a presos comunes de alta peligrosidad, y con quebranto permanente de su salud.

Distantes de sus hogares, con visitas muy espaciadas, todos enfrentan la violación de la correspondencia, la censura de su lectura, las celdas de castigo por el más mínimo pretexto, las requisas con falsas acusaciones de posesión de objetos prohibidos; deben realizar huelgas de hambre como último recurso para que se escuchen sus reclamos.

Sobre los 11 con licencia extrapenal por enfermedad pende la amenaza de retorno a prisión en cualquier momento. Miguel Valdés Tamayo, quien falleció en un hospital de La Habana, se ha convertido en el primer mártir de los 75. Todos son estrechamente vigilados por los agentes de la Seguridad del Estado pertenecientes a la sección 21 de la Contrainteligencia, mandados desde la más alta esfera del gobierno.

La injusticia cometida contra los 75 fue reconocida por el Grupo de Trabajo de Detenciones Arbitrarias de Naciones Unidas. Amnistía Internacional los declaró prisioneros de conciencia en junio de 2003.

Familias condenadas

Sus familias han sido igualmente condenadas y la tortura psicológica es aún más cruel para con ellas, porque hasta los niños pequeños han vivido el rigor de un sistema basado en el terror y la represión. Han tenido que soportar el traslado de los presos a cientos de kilómetros de sus residencias, en un país donde el transporte prácticamente no existe; también horas de espera para que saquen al preso a la visita, registros corporales, requisas; peso de alimentos, libros, materiales de aseo, para que todo no sobrepase las 30 libras o 12 kilos aproximadamente, para un período de 3 a 5 meses. Padres ancianos no han visto más a sus hijos, y algunos han fallecido sumidos en la tristeza.

Las mujeres, esposas, madres, hermanas y tías se convirtieron en las voces de los 75. Ante los desmanes de las autoridades, reclaman que se apliquen las Normas Mínimas de Tratamiento a los Prisioneros de la ONU, y se permita la visita de la Cruz Roja Internacional. Pero, sobre todo, exigen su libertad inmediata e incondicional porque son inocentes. Unidas en el movimiento de las Damas de Blanco, son permanentemente amenazadas y asediadas.

Hoy, cuando Cuba vive un momento particularmente incierto debido a la enfermedad de Fidel Castro, y pasados ocho meses de la instauración del gobierno provisional de Raúl Castro, no puede descartarse una nueva ola represiva, en lugar de los urgentes cambios que requiere la crítica situación política, económica y social que afronta el pueblo.

En primer lugar, debería producirse la liberación de los prisioneros de conciencia y políticos pacíficos. No obstante el actual inmovilismo, ellos mantienen su posición firme, convencidos de que la razón está de su parte.