Actualizado: 06/12/2021 17:08
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Represión

El pan de cada día

Hace cuatro años trataron de enmascarar la represión con los tiros de Irak. Ahora lo intentan con el culebrón de la enfermedad de Castro.

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TEMA: Represión en presente

La carga cerrada que ordenó el régimen cubano en marzo de 2003, la llamada Primavera Negra, no cambia de color ni deja que entren las otras estaciones. A cuatro años de su llegada (los pícaros trataron de esconderla bajo el estruendo de los cañonazos en Irak), sigue instalada en la República y cada día renace, se intensifica y genera una variada categoría de tormentos para los presos políticos y la disidencia.

Eso es. Ahora mismo, después de ocho meses de poder provisional de Raúl Castro, conocido como el "compañero ministro" por la servidumbre criolla, el panorama para la oposición pacífica es de extrema crispación: lluvias de palizas en las cárceles, restricciones de visitas, prohibiciones de ingreso de medicinas, falta de agua potable y un hambre que es tan general como el nuevo jefe del gobierno.

Los maltratos físicos se producen de manera intermitente en cualquiera de los 200 centros penitenciarios de la Isla. Y la familia hace llamados urgentes y desesperados al exilio, a gobiernos y a instituciones humanitarias ante el maltrato y el estado grave o delicado de los presos políticos Oscar Elías Biscet, Víctor Rolando Arroyo, Normando Hernández, Juan Antonio Pulido, José Luis García Paneque y Arnaldo Lauzerique, entre otros.

En el último semestre de 2006 el gobierno puso en libertad a seis prisioneros políticos; pero en juicios controlados y, desde luego, sin público ni prensa, condenó a otros diez. De modo que el balance le favorece por cuatro. El método ha cambiado. No se hacen grandes redadas corales, se trata de fórmulas enmascaradas, vertiginosas, con mucha violencia para infundir miedo y que el hecho se conozca fuera del país mediante una denuncia demorada.

Parte del plano general es otro. Los grandes sectores de la población, entretanto, enfrentan los rigores de la vida cotidiana. Uno de ellos, el de la alimentación de la familia. El humor popular lo describe de esta manera reductora: "en Cuba nada más que hay dos problemas. Uno es el almuerzo, el otro, la comida". Algo tiene que andar especialmente mal en un país agrícola que tiene que comprar en el extranjero el 84% de los productos de su canasta básica. Una nación que tiene unos 13 millones de habitantes y 3,9 millones de cabezas de ganado. La antigua azucarera del mundo compra azúcar a Brasil y a Bielorrusia, y una agricultura que garantizaba antes el consumo nacional del café, distribuye hoy —mediante la cartilla de racionamiento inaugurada en 1962— cuatro onzas (115 gramos) por persona cada mes.

La sociedad cubana necesita renovarse y salir de la parálisis. No es un empecinamiento ni un capricho de los opositores y de los exiliados. La terquedad está en los grupos de poder. Hace cuatro años trataron de enmascarar la represión con los tiros de una guerra lejana y ahora con las hojas clínicas, los partes médicos y el culebrón jabonero de la enfermedad de Fidel Castro.

Eso lo podrán mantener como secreto de Estado. La realidad cubana no. Son los nuevos tiempos, las nuevas horas.