Actualizado: 29/11/2022 11:37
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Con perdón de los lezamianos

¿Es 'Paradiso' una novela cursi y mal escrita? ¿Han sobredimensionado los críticos la obra de Lezama Lima?

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Así es que Paradiso puede parecer tan original como extemporáneo. Que está escrito fuera de la tradición narrativa ya ha sido señalado por los críticos: caemos inevitablemente en el tema de la ingenuidad, que, desde Cortázar, ha sido uno de los tópicos centrales de la legión de comentaristas y exegetas de Lezama.

Pienso que es justo esta ingenuidad lo que hace de Lezama un gran escritor. Conte dice que Lezama es "de la raza de los ingenuos cósmicos", y apunta que su obra es inexplicable si no se tiene en cuenta su confesión cristiana; yo añadiría que esa confesión es indisociable de aquella ingenuidad.

Si es cierto, como señala Julio Ortega, que el gran tema de Lezama es la "historia universal de la poesía como Naturaleza", me pregunto si ello no implica una sacralización de la poesía que, por decirlo rápido, evita el kitsch del esteticismo decimonónico sin llegar a trascenderlo del todo, proyectándolo sobre un fondo anterior a las escisiones del romanticismo y la ilustración: el de los misterios católicos, sobre todo el de la resurrección.

Un manjar para la crítica literaria

Saúl Yurkievich habla así de la "originalidad anacrónica" de Lezama: "Históricamente, Lezama Lima resulta un simbolista rezagado. Integrante de una promoción postvanguardista, conoce las manifestaciones estéticas de su época, pero no afinca mentalmente en lo contemporáneo (...) Su poética es regresiva, es ajena a la noción de crisis, de colapso, de corte epistémico. Su escritura inocente, su versión beatífica, permanecen inmunes a la óptica desintegradora de la vanguardia y a toda carencia óntica. No hay en Lezama Lima ni atisbos de conciencia escindida o conciencia fáustica. No hay en Lezama Lima ni atisbos de historicismo".

Es justo el habitar esa suerte de "milenio de la poesía", como ha dicho Rubén Ríos Ávila, lo que en mi opinión conduce a Lezama a un kitsch que encarna en esa novela donde todos los personajes hablan igual y los valores se ubican en una escala medieval. No se trata del esquema moderno de la aventura, propio de la novela moderna y renacentista, donde el héroe abandona el espacio del hogar para hacerse a sí mismo afuera; en Paradiso, el Bildung no pasa por esa fractura: el hogar es el axis que va integrando el mundo, algo que no se comprende fuera del profundo aunque heterodoxo catolicismo de Lezama.

Es justo el reconocimiento del medievalismo de Lezama lo que hizo a Emir Rodríguez Monegal afirmar que Paradiso necesitaba una lectura anagógica que hiciera honor a la profundidad del autor. Ciertamente, con su novela Lezama ha ofrecido, en forma de reto, un manjar para la crítica literaria con vocación interpretativa. Todo se ha ensayado en Paradiso: la deconstrucción, el psicoanálisis, las teorías de Bajtín. Y ello nos ha dejado una gran cantidad de comentarios, desde los muy sugerentes de Arnaldo Cruz Malavé, Gustavo Pellón y Enrico Mario Santí hasta otros mucho menos lúcidos, como no pocos de los publicados en Cuba.

"Escribir sobre Paradiso es una empresa condenada de antemano a la insuficiencia porque esta enorme novela es prácticamente irreductible a la imagen de un proceso o una estructura que la crítica presume revelar en los textos", afirma Ortega al comienzo de uno de sus escritos sobre Paradiso. Esta novela sería, al tiempo que una invitación a la interpretación, una obra inabarcable. En esa paradoja radicaría, al menos en parte, su appeal.

Yo, sin embargo, sigo insensible a él. Pero, no sé si lógica o paradójicamente, esto me ha hecho aficionarme a ese otro proceso, casi tan inabarcable como la propia novela, que conforman las aproximaciones y los comentarios.


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