Actualizado: 29/11/2022 11:37
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CON OJOS DE LECTOR

Una novela que suscitó polémicas (II)

Aunque tuvo una recepción favorable, no faltó quien calificara 'Paradiso' como una exhibición circense de erudición y una obra que se regodea en desviaciones y vicios.

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Una lectura que se hace desesperante

Admite que es una obra muy bien meditada y producida en plena madurez literaria. Señala los puntos de contacto que posee con En busca del tiempo perdido, y afirma que en ella Lezama Lima "quiso crear un cosmos, y no pudo obtener sino el caos". De acuerdo a su criterio, los valores de la poesía del autor no aparecen en Paradiso, lo cual lo lleva a expresar que "esta creación habrá que restársela a la hora del recuento final. Thomas Mann tuvo también su momento desafortunado cuando escribió Muerte en Venecia". Insiste más adelante sobre este punto, y estima que Paradiso es "un lastre dentro de la obra literaria de Lezama Lima".

Pasa entonces a ocuparse de los defectos, y sostiene que en la novela "se pierde el hilo de la narración por los laberintos inhóspitos de la anfibología del lenguaje, haciendo de Paradiso una lectura desesperante". Reconoce, no obstante, que "a ratos nos encontramos con un oasis de calma en la lectura, cuando el autor se decide a narrar con soltura e indiscutible maestría algunas partes de la novela, como la muerte de Andresito y la enfermedad del Coronel; pero esto no dura mucho, pues no tarda en volver a seguir atosigando al lector con un vocabulario ingrato". Alude a la "insultante cultura" que el autor demuestra a lo largo del libro, pero comenta que se olvida de que "en literatura es tan malo no llegar como pasarse".

Juliosvaldo dedica buena parte del espacio al tratamiento del tema sexual que se hace en la novela. Se detiene, como era de esperar, en el capítulo VIII y, también, en personajes como Farraluque, Leregas, Daisy y su hermano George, el Padre Eufrasio, Fileba y su madre, quienes "constituyen los integrantes de esta Corte de los Milagros de homosexuales". Todos son, opina, "los personajes más repulsivos de toda la literatura contemporánea, como creaciones antiestéticas". Expresa asimismo que al describir detalladamente "sus desviaciones y vicios, comete Paradiso una de sus faltas más graves, pues el regodeo deliberado y descarnado de los hechos que todos protagonizan, hiere a fondo al más impávido, y todos ellos no aportan nada a la cristalización de la novela como obra de arte".

Menciona a Foción y Fronesis, como otros dos personajes que Lezama Lima emplea "maquiavélicamente para las disquisiciones a favor del amor griego". Se refiere también a la angustia de José Cemí, que "late a todo lo largo de Paradiso, rebasando los límites del libro para enterrarse como dardo candente en la sensibilidad del lector". Sostiene Juliosvaldo que el autor usa "su genio creador, que es sagrado, en defender una causa que de antemano está perdida, porque aunque recorra todo el curso del río de la historia de la humanidad, rebuscando ejemplos de homosexualismo para demostrar de dónde arrancan sus raíces, ha olvidado que las costumbres practicadas como normales en otros tiempos y en otras latitudes, la civilización ha ido marginándolas y las execra como un verdadero crimen contra natura. Inclusive entre los animales, de la escala inferior, existe cierta disciplina en este sentido, pues cuando un macho acepta los favores del líder del grupo, es repudiado por el resto de la manada".

Escribe después algo que muchos lectores no deben haber comprendido muy bien, pues alude a algo que no figura en la novela. Tiene que ver con la afirmación de Havelock Ellis de que el 75% de los ingleses han tenido prácticas con personas de su mismo sexo. Eso lleva a Juliosvaldo a decir: "Podría el ilustre sexólogo llegar al ciento por ciento de sus averiguaciones, y no por esta razón dejarían de ser sus entrevistados los habitantes de un mundo sórdido y sucio". Havelock Ellis (1859-1939) fue un doctor y psicólogo sexual inglés que escribió, junto con John Addington Symmonds, el libro Sexual Inversion (1897), el primer estudio médico publicado en ese idioma sobre el homosexualismo. Allí, entre otras cuestiones, se niega que ésta sea una enfermedad, y se afirma que tampoco debe considerarse un crimen o algo inmoral.

Juliosvaldo apela a José Antonio Portuondo, para quien someter una obra a la confrontación con el pueblo es la prueba de fuego. Y afirma que no cree que Paradiso pudiera pasarla. Agrega que, para defender este hijo suyo, Lezama Lima tiene como escudo su poesía y su nombre; y anota que "ha hecho gala de un gran valor para publicar una obra de poco valer". Considera, finalmente, que Paradiso es un intento de escribir "una novela nueva, pero glorificando costumbres viejas". Un libro que "trata de incorporarse en medio de los estertores de las costumbres de un pasado, que ha evolucionado biológicamente en una forma normal, de una manera feliz, por el buen sentido de la civilización moderna".

Hasta aquí esta revisión de las primeras reacciones críticas que tuvo Paradiso entre los compatriotas de su autor. Hubo otras, pero aparecieron más tarde. Como me he limitado a los cubanos, no me referí al ensayo de Julio Cortázar Para llegar a Lezama Lima, que se publicó por primera vez en la revista Unión (octubre-diciembre 1966) y que tanto contribuyó a la proyección internacional de Lezama Lima. Después fueron sumándose en los años inmediatos otros trabajos, entre los cuales es de rigor mencionar los de Emir Rodríguez Monegal ( Mundo Nuevo), Luis Cardoza y Aragón ( Marcha), Jorge Edwars ( Ercilla), Juan Carlos Ghiano ( Sur), Carlos Monsiváis ( Revista Universitaria de México), Francisco Urondo ( Índice) y Mario Vargas Llosa ( Amaru). Pero ése es ya otro capítulo del eco que tuvo la novela, y corresponde a otro escribirlo.


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