Actualizado: 17/10/2017 10:31
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Brasil, Venezuela, Latinoamérica

Cambios en el mapa político de Latinoamérica

El resultado de la caída del precio de las materias primas, así como de males endémicos latinoamericanos como la corrupción y la mala administración pública

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Todo apunta a que el denominado ciclo de “gobiernos progresistas” en América Latina se encuentra en su etapa final. El proyecto de enfoque regional que tuvo tres grandes procesos, que le dieron forma e impulso —el chavismo en Venezuela, el petismo en Brasil y el kirchnerismo en Argentina— está a punto de concluir.

Fue el triunfo electoral de Hugo Chávez en Venezuela en 1998 lo que dio inicio a un ciclo marcado por el ascenso al poder de organizaciones ligadas a la izquierda.

En enero de 2003, Luiz Inácio Lula da Silva, un exlíder sindical, asumía la presidencia de Brasil y llevaba al poder por primera vez al Partido de los Trabajadores (PT), el mismo al que pertenece la actual mandataria brasileña, Dilma Rousseff, que enfrenta un proceso de impeachment.

Y ese mismo año, en mayo, el peronista Néstor Kirchner asumió la presidencia de Argentina.

Como resultado de la nueva correlación de fuerzas regional, en la IV Cumbre de las Américas, celebrada el 4 y el 5 de noviembre de 2005 en la ciudad argentina de Mar de Plata, se firmó el acta de defunción del Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA).

El proyecto, una extensión del Tratado de Libre Comercio de América del Norte, había sido promovido por EEUU y criticado con vehemencia por Lula, Kirchner y Chávez.

A punto de terminar ese año, el sindicalista cocalero y activista indígena Evo Morales fue elegido presidente de Bolivia.

En 2006, Michelle Bachelet llegó al poder en Chile, poniendo inmediatamente en marcha toda una serie de políticas sociales.

Y el eje se fue fortaleciendo en 2007, cuando Rafael Correa asumió el cargo en Ecuador —después ganaría otras dos elecciones de manera arrolladora—, y al suceder Cristina Fernández a su esposo Néstor Kirchner en la presidencia argentina.

“Pero ahora (ese panorama) se rompe por completo”, recalca el profesor Paulo Velasco, profesor de Relaciones Internacionales en la Universidad Estatal de Río de Janeiro, de acuerdo a una información de la BBC.

Para los expertos, el cambio arrancó en noviembre del año pasado, con la victoria de Mauricio Macri en Argentina y el fin de 12 años de poder del kirchnerismo.

De hecho, fue el gobierno argentino uno de los primeros en reconocer la sucesión presidencial brasileña.

“El Gobierno Argentino manifiesta que respeta el proceso institucional que se está desarrollando y confía en que el desenlace de la situación consolide la solidez de la democracia brasileña”, señala un corto comunicado divulgado por la cancillería argentina.

Mientras, el sucesor de Chávez —quien murió en 2013— en Venezuela, Nicolás Maduro, enfrenta una grave crisis económica y la oposición impulsa un referéndum revocatorio para adelantar el final de su gestión.

Además, este enero la oposición asumió el control del parlamento por primera vez en 17 años de hegemonía chavista.

Y en febrero, Evo Morales perdió una batalla electoral por primera vez en más de 10 años: el referendo con el que pretendía abrir la puerta de una reforma constitucional para poder volver a presentarse a las elecciones.

La derrota se produjo pese a que la gestión de Morales tiene, según las encuestas, altos índices de aprobación.

En junio, en la segunda vuelta de las elecciones generales de Perú, Keiko Fujimori podría superar la sombra de su padre —Alberto Fujimori, en la cárcel por asesinato con alevosía, secuestro agravado y lesiones graves— y ganar la presidencia, sacando de escena de Ollanta Humala.

Además, los escándalos de corrupción desgastaron el brillo de la que fuera una de las figuras políticas más respetadas del continente, la mandataria chilena Michelle Bachelet.

Razones del cambio

La crisis económica es clave en el cambio de gobiernos en la región, insisten los analistas.

Y es que, según los expertos, el fin de la década dorada de las materias primas tiene mucho que ver con el cambio de panorama.

Las economías latinoamericanas crecieron, entre 2003 y 2012, por encima del 4 % según datos de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), el organismo dependiente de la Organización de las Naciones Unidas responsable de promover el desarrollo económico y social de la región.

Desde la década de 1960 la región no había registrado un periodo de crecimiento tan intenso.

Para Joao Augusto de Castro Neves, experto en América Latina de la consultora política Eurasia Group, los cambios se deben a lo que llama un “imperativo económico”.

“(El fenómeno) tiene un componente sistémico, que es el freno de la economía”, asegura De Castro Neves a BBC Mundo.

Por ello, prefiere hablar de un movimiento hacia el “pragmatismo”, en vez de un giro a la derecha.

Ingrid Bleynat, del Instituto de Desarrollo Internacional del King's College de Londres, también insiste en lo de la economía como motor de cambio: “Lo más determinante es lo que pasa con la economía”.

“Está claro que para Venezuela más importante que lo que ocurre en Brasil es lo que pasa con el precio del petróleo”, añade.

Las previsiones del Fondo Monetario Internacional señalan que la economía latinoamericana acabará 2016 con una contracción del 0,3 %.

Y la principal causa es la caída de las materias primas.

Entre 2011 y 2015, la bajada de los precios de los metales, el petróleo, el gas y el carbón fue de casi un 50 % según la CEPAL.

En el caso concreto del precio del crudo, el barril venezolano tuvo un pico de $103,42 por barril en 2012, lo que significó para el país un ingreso de $48.000 millones. Pero en 2015 esos ingresos se desplomaron a $12.500 millones.

De la misma manera, hace menos de cuatro años Brasil era declarado la sexta mayor economía mundial y su ministro de Hacienda del momento decía que antes de 2015 desbancaría a Francia del quinto puesto. Pero la economía brasileña se estancó desde entonces.

Corrupción

Sin embargo, las “derrotas” de los gobiernos llamados progresistas no se deben exclusivamente a la realidad económica, cree Jorge G. Castañeda, el que fuera el secretario de Relaciones Exteriores de México entre 2000 y 2003 y hoy es profesor en la Universidad de Nueva York.

“Demasiados líderes de izquierda de América Latina cayeron por la corrupción endémica de la región y por subestimar la creciente tolerancia hacia ello”, escribió en un artículo publicado en The New York Times.

“Para cuando algunos de los gobiernos, como el de Chile y el de Bolivia, empezaron a centrarse en el problema era ya demasiado tarde”, añade.

En parte también es lo que ocurre en Brasil, porque aunque el juicio político a Rousseff no es por corrupción, su gobierno y el partido al que pertenece se ha visto salpicado por el enorme caso Petrobras.

Como consecuencia del cambio de gobiernos, América Latina “va a empezar a ser menos relevante en arenas internacionales, por ese mismo detrimento del proyecto de integración regional”, asegura Ingrid Bleynat, del King's College de Londres.

“La idea del Mercosur, la Unasur y todo eso va a cambiar sensiblemente”, añade Velasco, de la Universidad Estatal de Río.


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