Actualizado: 23/08/2019 21:21
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Cuba, Colombia, FARC

Cuba, anfitrión de la paz colombiana

De llegar a un feliz término, tras el plebiscito en Colombia, de los acuerdos de paz, se abre la interrogante de si los participantes terminarán recibiendo el Premio Nobel

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Las negociaciones de paz entre el Gobierno de Colombia y la guerrilla de las FARC en La Habana llegaron a su fin tras casi cuatro años en los que Cuba desempeñó con éxito su papel como anfitrión, garante y vigilante neutral de una paz que ha demorado más de medio siglo, informa la agencia Efe.

Fue en Cuba donde se llevaron a cabo las conversaciones secretas y exploratorias, previas a la apertura del proceso en noviembre de 2012: un lugar tranquilo y alejado de las tensiones del conflicto que gustó a las delegaciones para iniciar oficialmente el diálogo.

Los valores socialistas de la nación caribeña sedujeron a las FARC, aliada de una Cuba revolucionaria que les daba garantías de seguridad; mientras que el Gobierno colombiano ha alabado la profesionalidad e imparcialidad de la diplomacia cubana.

Los dos bandos han agradecido en múltiples ocasiones la hospitalidad de Cuba y las facilidades brindadas a la paz, de la que es país garante junto con Noruega, dos naciones que se han ocupado de velar por la buena marcha del proceso, mediar en momentos de crisis y apoyar los esfuerzos de reconciliar Colombia.

Pare revestir de imparcialidad el proceso, han sido los representantes de los países garantes, el cubano Rodolfo Benítez y el noruego Dag Nylander, los encargados de dar lectura ante la prensa a los acuerdos de las partes, encabezadas por Humberto de la Calle en representación del Gobierno e “Iván Márquez”, alias de Luciano Marín Arango, por la insurgencia.

“Hay que destacar el extraordinario empeño que ha puesto el Gobierno de Cuba para que este proceso salga adelante, han facilitado una logística brutal que ha funcionado como un reloj”, aseveró a Efe el Alto Comisionado de la Paz, Sergio Jaramillo, miembro plenipotenciario de la delegación del Gobierno.

En la exclusiva zona de El Laguito, las delegaciones negociadoras viven en casas de protocolo ofrecidas por Cuba.

La guerrilla aloja allí de forma permanente desde el inicio del proceso a una amplia delegación de varias decenas de miembros, mientras que el equipo del Gobierno, a caballo entre la isla y Colombia, se hospeda allí en sus estancias en La Habana.

“Nos han brindado una casa cómoda, absolutamente adecuada. Cerca de donde están instaladas las FARC, a cinco minutos del Palacio de Convenciones donde transcurren las negociaciones y próxima a la residencia del embajador de Colombia, donde también nos reunimos”, explicó Jaramillo.

En agradecimiento al apoyo de Cuba, las partes decidieron que las armas que entreguen las FARC se emplearán en la construcción de tres monumentos, uno en Colombia, otro en la sede de la ONU en Nueva York y otro en La Habana, que alberga las conversaciones desde noviembre de 2012.

Convertirse en sede de los diálogos de paz fue el primero de los tantos diplomáticos que Cuba se ha anotado en su apertura internacional, que ha permitido el inicio de un diálogo político con la Unión Europea y el restablecimiento de relaciones con EEUU, su histórico enemigo con el que mantuvo un enfrentamiento de décadas.

Dio la vuelta al mundo la imagen de Raúl Castro estrechando a la vez la mano del presidente Juan Manuel Santos y el líder de las FARC, Rodrigo Londoño, alias “Timochenko”, el pasado 23 de septiembre cuando se anunció en La Habana un trascendental acuerdo sobre justicia transicional.

La primera fotografía juntos de Santos y Timochenko se repitió nueve meses después, también en la capital cubana, cuando las partes lograron un acuerdo para un cese el fuego bilateral y definitivo que entrará en vigor con la firma de la paz, un acto que tendrá lugar en Colombia en una fecha aún por concretar.

No es la primera vez que Cuba es escenario de un proceso de paz para Colombia. El Gobierno de Álvaro Uribe (2002-2010) lo intentó con unas negociaciones con el Ejército de Liberación Nacional (ELN), segunda guerrilla del país, en 2005, que no dieron resultados.

De resultar exitoso este acuerdo, los firmantes se convierten en fuertes candidatos para un próximo Premio Nobel de la Paz, lo que abre la conjetura de si el gobernante Raúl Castro sería incluido en esa distinción. Algo que no dejaría de ser irónico en varias sentidos, entre ellos que Fidel Castro siempre la deseó, y ésta permanentemente lo ha eludido.


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