Actualizado: 19/08/2022 18:27
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Japón, Tsunami, Terremoto

Desalojan por breve tiempo la planta de Fukushima

Los trabajadores tuvieron que salir de la central tras elevarse los niveles de radiación

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Los trabajadores tuvieron que abandonar el miércoles brevemente la planta nuclear de Fukushima, gravemente afectada por el terremoto de Japón, tras elevarse los niveles de radiación, un hecho que sugería que la crisis estaba fuera de control.

Apenas unas horas antes, se desató otro incendio en estas instalaciones, cuya situación ha elevado los niveles de radiación en las últimas 24 horas, desatando el temor en la capital y la alarma internacional.

Los trabajadores estaban intentando construir una carretera para que los camiones de bomberos puedan llegar al reactor 4. Las llamas ya no se veían en el edificio que alberga el reactor, pero las imágenes de televisión mostraron humo o vapor. Un helicóptero también se preparaba para arrojar agua en el reactor 3 —cuyo tejado resultó dañado por una explosión anterior— para intentar enfriar las barras de combustible, informó la cadena NHK.

Los expertos nucleares dijeron que las soluciones propuestas para acabar con la fuga de radiación en el complejo de Fukushima, a 240 km al norte de Tokio, eran el último esfuerzo para atajar lo que bien podría ser recordado como uno de los peores desastres industriales del mundo.

“Es una pesadilla a cámara lenta”, dijo el Dr. Thomas Neff, del Centro de Estudios Internacionales, que forma parte del Instituto de Tecnología Massachusetts.

El pánico por el impacto económico del terremoto y posterior tsunami del viernes golpeó al mercado japonés con unas pérdidas de 620.000 millones de dólares en los dos primeros días de la semana, pero el índice Nikkei rebotó el miércoles con una subida del 5,68 %.

No obstante, las estimaciones de pérdidas para la economía japonesa por los daños a los edificios, la producción y la actividad del consumidor iban de los 10 a los 16 billones de yenes, aproximadamente una vez y media más que los daños económicos del devastador terremoto de Kobe en 1995.

El daño a la base manufacturera y a la infraestructura de Japón está amenazando también con una interrupción significativa de la cadena de suministros, particularmente en los sectores de tecnología y componentes de automóviles.

Decenas de vuelos a Japón han sido cancelados o desviados, los viajeros aéreos están evitando Tokio por miedo a la radiación y el miércoles Francia instó a sus ciudadanos a dejar Japón o dirigirse hacia el sur.

La difícil situación de centenares de miles de personas que se han quedado sin hogar por el terremoto y el devastador tsunami empeoró durante la noche ante las bajas temperaturas que llevaron nieve a algunas de las zonas más afectadas.

Aunque la cifra oficial de muertos sigue en torno a las 4.000, más de 7.000 están en la lista de desaparecidos y las cifras previsiblemente crecerán.

En la planta de Fukushima, las autoridades han pasado días desesperadamente intentando impedir que el agua que hace enfriar los reactores se evapore, lo que llevaría a un sobrecalentamiento y posiblemente a una fusión peligrosa.

Las preocupaciones se centran ahora en los daños a una parte del edificio del reactor 4, donde las barras estaban siendo almacenadas en piscinas de agua, y también en parte del reactor 2, que ayuda a enfriar y atrapa la mayoría de cesio, yodo y estroncio en su agua.

Las autoridades japonesas dijeron que estaban hablando con el Ejército estadounidense para una posible ayuda en la planta.

También surgieron preocupaciones sobre si la plantilla que brega con la crisis desde hace días podría no ser suficiente dado el cansancio acumulado. Las autoridades retiraron a 750 trabajadores el martes, dejando solo 50.

Los restantes fueron sacados de las instalaciones durante casi una hora el miércoles porque los niveles de radiación eran demasiado altos, pero posteriormente pudieron volver.

Arnie Gundersen, un veterano de 39 años de la industria nuclear, en la actualidad ingeniero jefe en Fairwinds Associates y que trabajó en diseños de reactores similares al de la planta de Daiichi, dijo que 50 personas no podían cuidar de seis plantas nucleares.

“Esa evacuación (de 750 trabajadores) es una muestra de que pueden estar arrojando la toalla”, dijo Gundersen.

En la primera muestra de frustración internacional por la información que llega desde Japón, Yukiya Amano, director general de la Agencia Internacional de la Energía Atómica, dijo que quería más datos detallados y con más premura.

“No tenemos todos los detalles, así que lo que podemos hacer es limitado”, dijo Amano en rueda de prensa en Viena. “Estoy intentando mejorar la comunicación”.

Varios expertos indicaron que las autoridades japonesas están minimizando la gravedad del incidente, particularmente en lo que se refiere a la escala INES que se usa para medir los incidentes nucleares. Japón la ha cifrado en cuatro de una escala de uno a siete, pero esa alerta fue el sábado y desde entonces la situación ha empeorado drásticamente.

La autoridad de seguridad nuclear francesa ASN dijo el martes que debería ser clasificado en un incidente de nivel 6.

El primer ministro de Japón, Naoto Kan, instó el martes a la población que vive a 30 kilómetros de las instalaciones —unas 140.000 personas— a que permanezcan a cubierto, mientras las autoridades lidiaban con el peor accidente nuclear desde Chernóbil en 1986.

Las autoridades de Tokio dijeron que la radiación en la capital fue en un momento 10 veces superior a lo normal pero que no suponía una amenaza para la salud humana en esta ciudad de 13 millones de personas.

Los niveles cayeron a mínimos el miércoles, pero los nervios estaban a flor de piel tras un nuevo terremoto de magnitud 6 que sacudió edificios.

Los medios japoneses se han ido volviendo más críticos con el manejo de Kan del desastre y han criticado al Gobierno y al operador de la planta, Tokyo Electric Power Co., por no proporcionar información sobre el incidente.

“Este gobierno es inútil”, dijo Masako Kitajima, oficinista de Tokio de unos 50 años.

El propio Kan arremetió contra el operador por tardar tanto en informar a su oficina sobre una de las explosiones del martes. Un trabajador de la agencia de noticias Kyodo citó al Primer Ministro preguntando a los ejecutivos de la compañía “¿Qué diablos está ocurriendo?”.


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