Actualizado: 19/10/2017 11:37
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El padre del “No” en Colombia

El expresidente colombiano Álvaro Uribe es en la actualidad una figura clave para el futuro de su país

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El rechazo a los acuerdos de paz con la guerrilla de las FARC en el plebiscito del domingo dejó a Colombia envuelta en la incertidumbre, informa BBC Mundo.

Pero también dejó dos grandes certezas.

La primera, que Colombia es un país dividido y cada vez más polarizado: un 49,78 % votó a favor y un 50,21 % en contra de los acuerdos negociados por el Gobierno de Juan Manuel Santos.

La segunda, que a más de seis años de haber abandonado la Casa de Nariño el expresidente Álvaro Uribe sigue siendo la principal fuerza de la política colombiana.

Fue él, después de todo, quien lideró desde el inicio la campaña en contra de los acuerdos.

Y su inmensa popularidad ciertamente fue clave para el triunfo del “No”, una victoria tan estrecha como inesperada.

El resultado tomó por sorpresa a muchos.

Efectivamente, todas las encuestas previas al voto del domingo auguraban una cómoda victoria del “sí”, y a favor de esa opción se volcaron tanto gobierno como comunidad internacional, incluso el Papa.

Pero la consulta se decidió en sentido contrario, con una diferencia de apenas el 0,43 % de los sufragios: menos de 60.000 votos en un país con casi 35 millones de electores.

Y si se considera que a las urnas no acudió ni la mitad de los colombianos convocados —la participación fue de apenas el 37 %—, la capacidad movilizadora de Uribe se confirma como determinante.

Uribe salió hace más de seis años de la presidencia de Colombia, pero su popularidad sigue siendo alta.

En menos de un año creo en torno suyo a la que ya es la segunda fuerza política en el senado colombiano, el partido Centro Democrático, y en 2014 también se convirtió en el senador más votado en la historia colombiana.

Y su influencia solamente aumentará con la victoria del “No”, que él mismo salió a celebrar una vez que se confirmó el resultado.

“Uribe sigue siendo el rey” fue, de hecho, el titular del análisis de La Silla Vacía, un galardonado portal que es, sin duda, uno de los mejores recursos para tratar de entender el a menudo surreal mundo de la política colombiana.

Y la prestigiosa revista Semana también ubica al exmandatario en el primer lugar de su lista de ganadores del plebiscito.

“El expresidente Uribe le asesta el más duro golpe al gobierno de Santos, redefine el futuro del país obligando a un viraje hacia un plan B (...). Ganó Uribe”, resume Semana.

El expresidente le habló a Colombia luego de que su sucesor, Juan Manuel Santos, le prometiera a los colombianos seguir buscando un acuerdo con las FARC y que el grupo guerrillero asegurara que “la palabra seguiría siendo su única arma”.

Según La Silla, en su breve discurso Uribe mostró varias cosas.

“La primera es que se puso como el líder del país”, explica el portal, al que no se puede acusar de indulgencia con el exmandatario.

“Planteó una agenda de Gobierno que va mucho más allá de la negociación con las FARC, arrancando por aportar a lo que llamó un pacto o un acuerdo nacional”, explicó el portal.

Y su directora, Juanita León, también destacó como se cuidó de agredir a las FARC y, antes bien, se apropió del discurso de la paz.

“El sentimiento de los colombianos que votaron por el ‘Sí’, de quienes se abstuvieron, y los sentimientos y razones de quienes votamos por el ‘No’, tienen un elemento común: todos queremos la paz, ninguno quiere la violencia”, fue, de hecho, lo primero que dijo el exmandatario.

Para el senador del Partido Verde Antonio Navarro-Wolf, el resultado del plebiscito demuestra que a Uribe hay que tenerlo muy en cuenta para lo que se viene.

“Uribe demostró ser indispensable en la toma de este tipo de decisiones que tienen que ver con el conflicto, y su candidato es hoy favorito para (las elecciones de) 2018”, le dijo Navarro a BBC Mundo.

Por lo pronto, Uribe se cuidó de no referirse directamente a la promesa de Santos de convocar “a todas las fuerzas del país” para escucharlas y a partir de ahí tratar de rescatar el proceso de La Habana.

Y así las cosas, no está claro que el expresidente esté dispuesto a ayudar a Santos, su sucesor y rival, en lugar de empujar por un proceso más amplio bajo su propio liderazgo.

Una vez colaboradores y aliados, Uribe y Santos se distanciaron por la decisión de este último de negociar con las FARC.

En su intervención, por ejemplo, Uribe hasta encontró espacio para criticar los planes gubernamentales de aprobar impuestos y referirse a “la necesidad de estimular los valores de la familia (…) defendidos por nuestros líderes religiosos y pastores morales”.

Y su propuesta de pacto nacional bien podría llevarlo a apostar por la Asamblea Constituyente que las mismas FARC habían sugerido como el mejor mecanismo para refrendar cualquier acuerdo alcanzado.

Esa coincidencia, sin embargo, no significa que unas negociaciones con las FARC protagonizadas por Uribe, o moldeadas a su semejanza, tendrían el éxito asegurado.

Una justicia más rigurosa como la que él propone podría terminar siendo inaceptable para las FARC, especialmente si el expresidente se resiste a aplicarle el mismo rasero a los diferentes bandos.

Y el exmandatario tampoco es un entusiasta de temas centrales del fallido acuerdo de La Habana, como la instalación de una Comisión de la Verdad y la propuesta de una reforma rural integral que transforme el régimen de propiedad en el campo colombiano.

Sin embargo, como se dijo en numerosas ocasiones a lo largo de las negociaciones, el fin de un conflicto no se negocia con la gente con la que uno está de acuerdo, sino con los adversarios.

Y el principal adversario de las FARC es Álvaro Uribe Vélez.


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