Actualizado: 24/02/2018 12:28
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El periodismo guerrillero y la ultraderecha británica

La primera ministra, Theresa May, califica de error el reenvío, por parte de Trump, de mensajes de un grupo de odio “que vende mentiras y alimenta tensiones”

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A veces en serio, otra en broma. El desprecio por la prensa del presidente Donald Trump alcanzó un nuevo récord el 5 de octubre de 2017, cuando le pidió a la comisión de inteligencia del Senado que investigara a los grandes medios de comunicación por publicar historias “falsas” o fake news. Pero el lunes 27 de noviembre prefirió tomar el asunto en broma, y propuso crear un concurso para premiar lo que él denominó como la mejor cadena de “noticias falsas”.

“Deberíamos tener un concurso para [determinar] cuál de las [grandes] cadenas, más CNN y sin incluir a Fox, es más deshonesta, corrupta y/o distorsionada en su cobertura política de vuestro presidente favorito (yo)”, escribió Trump a las nueve de la mañana en Twitter.

Para Trump una “noticia falsa”, término que repite hasta la saciedad, es cualquier información que le sea crítica.

Sin embargo, Trump no ha sido el primero en hablar de “noticias falsas” y a la hora de las atribuciones, mucho de sus partidarios y él mismo incurren con frecuencia en aquello de lo que intentan culpar a otros: son unos poderosos creadores e impulsores de informaciones falsas, rumores y recurren a cualquier villanía posible para lograr sus objetivos. Sus acciones están más que desenmascaradas, tanto en Estados Unidos como en el resto del mundo.

“La prensa es mentirosa, está ahí para manipular a la gente y a eso se dedican”, dijo Donald Trump en 1981, mucho antes de lanzar su aspiración a la presidencia por el Partido Republicano. Uno de los problemas con tal declaración es que no es original, antes la usó el nazismo.

Los nazis utilizaron el término de “prensa mentirosa” para lanzarlo contra sus enemigos en la Alemania de entreguerras. Tacharon de mentirosos a todos los medios que disentían de sus premisas, acusándolos de estar en manos de judíos o bolcheviques. Cuando el nazismo llegó al poder, su ministro de Propaganda, Joseph Goebbels, utilizaba tal calificación para dirigirse a los medios noticiosos extranjeros con una cobertura crítica sobre lo que estaba sucediendo en Alemania.

Pero ellos tampoco fueron originales.

El término Lügenpresse fue empleado por primera vez tras las fallidas revoluciones de 1848. Entonces los grupos conservadores católicos empezaron a denominar así a los medios impresos de corte burgués liberal que habían defendido las revueltas. Además de mentirosos, sus creadores insinuaban que esos periódicos estaban controlados por judíos y masones. Posteriormente la palabra se empleó contra la prensa gala por su cobertura de la guerra franco-prusiana y, en la I Guerra Mundial, para designar a la prensa aliada, especialmente a la británica, después de que estos hablasen de “la violación de Bélgica” tras la invasión alemana de este país.

En Alemania ha renacido el empleo de la palabra Lügenpresse, por parte del grupo Pegida (siglas en alemán para “Patriotas Europeos contra la Islamización de Occidente”). “Lügenpresse, Lügenpresse, Lügenpresse…!” (“¡Prensa mentirosa, prensa mentirosa...!”).

Alternativa para Alemania (AfD), el emergente partido alemán de ultraderecha que ha ido aumentando sus cifras en las encuestas de intención de voto, es un movimiento con fuerte similitud al estadounidense Alternative right.

Steve Bannon, por unos meses principal estratega y asesor de Trump, es el jefe ejecutivo de Breitbart News, el sitio en internet asociado a alt-right, y ha adoptado el vocablo para referirse, de forma genérica, a todos los medios, públicos o privados, que en su opinión forman parte del establishment. Pero Bannon y sus acólitos no solo intentan demostrar que los principales órganos de prensa de Estados Unidos divulgan “noticias falsas”, sino que se muestran dispuestos a forzar la realidad en favor de sus objetivos. Es decir, no se limitan a intentar ser simplemente periodistas, sino que también quieren ser combatientes, guerreros, o mejor aún: “guerrilleros”.

Nada parece frenar a James O’Keefe en su inquina contra el mundo progresista. O’Keefe, de 33 años, se presenta como un “periodista de guerrilla”. Encarna el principio de que todo vale para atacar a los círculos progresistas. El medio –la mentira— justifica ese fin, que él llama destapar la “corrupción y la deshonestidad”. Es una figura emergente en el desacomplejado mundo de la derecha estadounidense más rupturista y antiestablishment, cercana al presidente Trump. No sorprende, por tanto, que su mentor fuera Andrew Breitbart, fundador de la web ultraconservadora que lleva su apellido y que ahora dirige Bannon.

Project Veritas, la organización conservadora que fundó O’Keefe en 2010, se ha lanzado al ataque de la radio pública estadounidense (NPR), la cadena CNN y los diarios The Washington Post y The New York Times.

El último ataque a O’Keefe le salió mal. Estuvo dirigido contra The Washington Post y buscaba ayudar al exjuez Roy Moore, aspirante republicano al Senado, al que Trump ha apoyado pese a las acusaciones sexuales en su contra. El “guerrillero” quería deslegitimar al Post, que ha destapado las acusaciones que han puesto contra las cuerdas al político. Una mujer contactó a ese diario alegando que tuvo una relación sexual con Moore en 1992, que se quedó embarazada y que abortó con 15 años.

Sin embargo, el rotativo descubrió que la mujer les había mentido sobre su identidad y la vio entrando el lunes en la sede de Project Veritas, en Nueva York. En paralelo, el Post difundió un vídeo, con cámara oculta, del encuentro que mantuvo la semana pasada esa mujer con una periodista del diario, que la presionó por las inconsistencias de su relato y le preguntó qué la había llevado a contar su presunta historia.

O’Keefe se ha negado a confirmar si la mujer trabajaba para su organización, pero eso no es algo nuevo en él. O’Keefe vive inmerso en la polémica, acusado siempre de engañar y exagerar sus hallazgos. En 2010, O’Keefe fue detenido por entrar con una identidad falsa en la oficina de una senadora demócrata y condenado a tres años de libertad condicional junto a una multa. Aunque el dinero no parece preocuparle a su organización. Todo lo contrario. En 2016, Project Veritas recibió 4,8 millones de dólares en donaciones y tenía 38 trabajadores. En una oferta de trabajo en su página web, se buscan periodistas dispuestos a trabajar encubiertos. Al ser una organización sin ánimo de lucro, no tiene que difundir con detalle la identidad de sus donantes. Según el Post, uno de los donantes en 2015 fue la fundación de Trump, que destinó $10.000.

A otro que parece no preocuparle mucho la verdad es al presidente Trump. Acaba de crear otra polémica, en esta ocasión el Reino Unido, al retuitear unos vídeos de un grupo de extrema derecha de contenido antimusulmán.

El primero —publicado originalmente por Jayda Fransen, vicepresidenta del grupo Gran Bretaña Primero (Britain First)— muestra a quien se supone es un migrante musulmán atacando a un hombre en muletas. A este le siguieron otros dos vídeos de gente que, según Fransen, también es musulmana.

Los mensajes de Trump causaron una gran polémica en Reino Unido y un portavoz de la primera ministra, Theresa May, los calificó de “error”.

“(El grupo) Gran Bretaña Primero busca dividir comunidades a través de su discurso de odio que vende mentiras y alimenta tensiones”, señaló.

“El pueblo británico rechaza abrumadoramente la retórica prejuiciosa de la extrema derecha que constituye la antítesis de los valores que este país representa: decencia, tolerancia y respeto”.

La respuesta del Gobierno de Londres parece que no le sentó bien al mandatario estadounidense, quien en la tarde del miércoles escribió un tuit dirigido a la primera ministra británica.

“Theresa, no te centres en mí, enfócate en el terrorismo radical islámico que tiene lugar en Reino Unido. ¡Nosotros estamos bien!”, escribió Trump.

Britain First fue fundado en 2011 por exmiembros del ultraderechista Partido Nacionalista Británico (BNP, por sus siglas en inglés).

El grupo ha conseguido la atención de las redes sociales con provocadoras publicaciones sobre lo que califican “islamización” de Reino Unido.

Ha presentado candidatos a las elecciones europeas con políticas antiaborto y antiinmigración, pero no ha conseguido ningún escaño.

Jayda Fransen, que tiene más de 52.000 seguidores en Twitter, reaccionó entusiasmada a las acciones del presidente estadounidense.

A inicios de mes, Fransen fue imputada por usar “palabras o comportamiento amenazantes, abusivos o insultantes” durante unos discursos pronunciados en Belfast. Está citada a comparecer en la Corte de Magistrados de la capital norirlandesa el próximo 14 de diciembre.

La decisión de Trump de compartir los videos de Fransen fue duramente criticada por algunos medios británicos y en las redes sociales.

Brendan Cox, cuya esposa, Jo Cox, fue asesinada por un extremista de derecha que gritó “¡Gran Bretaña Primero!” antes de apuñalarla, condenó la acción del mandatario.

“Trump legitimó a la extrema derecha de su país, ahora está tratando de hacerlo en el nuestro. Esparcir odio tiene consecuencias y el presidente debería estar avergonzado de sí mismo”, dijo vía Twitter.


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