Actualizado: 21/09/2018 11:18
cubaencuentro.com cuba encuentro
| Internacional

NRA, EEUU, Armas

La Asociación Nacional del Rifle: no solo cuenta el «cash»

Los que están a favor del control de las armas no tienen ni el dinero ni una maquinaria política similar a la NRA

Comentarios Enviar Imprimir

La cuestión no es solo de dinero para el financiamiento de las campañas, cuando se habla de la importancia y el poder político de la Asociación Nacional del Rifle (NRA), una organización tiene cientos de miles de activistas en cada estado, casi 5 millones de miembros y el respaldo de una industria que genera más de $11.700 millones anuales. Por su parte, las organizaciones a favor del control de las armas no cuentan con el dinero ni una maquinaria política similar.

“La NRA es muy eficaz a la hora de financiar campañas políticas y movilizar votantes el día de las elecciones. Llevan mucho tiempo demostrándole a los políticos de ambos partidos que oponerse a su agenda les puede costar dólares y votos”, explicó a la BBC Steve Billet, director del programa de estudios legislativos de la Universidad de George Washington,

Billet señala que la fuerza política de la NRA no es solo por el dinero, sino también debido a su capacidad de crear alarma y acción política entre su membresía, al pregonar que “el Gobierno les va a quitar las armas y dejarlos indefensos”.

“Vivimos en una era de peligro. Estados Unidos ha sido infiltrada por terroristas, narcotraficantes mexicanos y otros que están al acecho, conspirando para matarnos”, dijo el director ejecutivo y principal portavoz de la NRA, Wayne LaPierre (a quien saluda Donald Trump en la foto de arriba) durante la convención anual de la organización en 2013.

Tampoco el problema tiene solo que ver con el derecho a poseer un arma. Si se planteara en estos términos tan sencillos, desde hace décadas habría sido resuelto. No se trata simplemente de tener un revolver o una pistola para defensa personal, tampoco de contar con una escopeta e ir de cacería, mucho menos de practicar el tiro.

En la actualidad el postulado constitucional —“el derecho del pueblo a tener y portar armas no será vulnerado”— se utiliza tanto en favor de posiciones políticas e ideológicas como de gustos y vanidades. Están tras el mismo desde los que adquieren un verdadero arsenal durante toda su vida —por recreación o jactancia— hasta los que exhiben criterios extremistas en lo social y político.

En la práctica la NRA es una especie de ur-Falange americana —más pedestre, sin el elemento cultural que siempre acompañó a la Falange española—, que no llega a partido pero sí trasciende la función de grupo de influencia política para convertirse en una organización de choque (hasta ahora no violenta), con una perseverancia y una capacidad multiplicada de incidencia, que la ha convertido en una amenaza real al sistema democrático estadounidense.

En última instancia el tema de las armas es hasta cierto punto un pretexto para la NRA, al tratar de imponer un sistema de dominación cultural —por la penetración en los tres poderes— que se fundamenta en el miedo y la paranoia. Para ello toma como punto de partida el mito estadounidense de que uno debe defenderse por sí mismo y que el gobierno es una amenaza a la libertad individual. Dicho mito ha servido para la realización de excelentes películas —y en especial westerns— y para la creación de toda una mitología light —adaptada a la sociedad del espectáculo estadounidense— con la creación de héroes y superhéroes, desde Superman en adelante. Y también ha sido utilizado como de amparo por políticos y empresarios corruptos, descarados e inmorales. Sobre este último sentido, vivimos en un momento ejemplar en Estados Unidos.

Sin embargo, el ambiente de triunfalismo al respecto, que buscan trasmitir el Congreso y la Casa Blanca, es una falacia. Y en este sentido, la NRA es buen indicador de ello.

En realidad, tras el rostro desafiante e intransigente de dicha organización se oculta el miedo. Y es que las cifras de los últimos años no la benefician, aunque en este terreno las estadísticas en ocasiones no están lo suficientemente actualizadas y los datos son difíciles de obtener y verificar.

El número de personas con armas en Estados Unidos está disminuyendo. Mientras que en 1977 el 54 % de los hogares contaba con un arma de fuego, la cifra bajó al 32 % en 2010.

Los ciudadanos estadounidenses poseen 265 millones de armas, aproximadamente. Más de una por cada ciudadano adulto según la representación más acertada de la propiedad de armas de las dos últimas décadas. Los estadounidenses tienen el 48 % de los 650 millones de armas en poder de los civiles en el mundo. Pero un estudio realizado en 2015 estima que 130 millones de esas armas son propiedad de solo un 3 % de estadounidenses adultos, un grupo que ha acumulado una media de 17 armas por cabeza.

El estudio, realizado por las universidades de Harvard y Northeastern, y recogido en The Guardian y The Trace, estima que la cantidad de armas estadounidenses se ha incrementado en 70 millones desde 1994. Al mismo tiempo, el porcentaje de estadounidenses que posee armas se ha reducido levemente, desde el 25 hasta el 22 %.

El aumento en la compra de armas se debe a que los que ya tienen adquieren más, pero representan un porcentaje menor de la población.

Detrás de estas cifras hay indicadores de un cambio social, económico y demográfico que está ocurriendo en el mundo. Un cambio que no se refleja de inmediato, aunque es indetenible. Una transformación a la que, en el caso de Estados Unidos, el Gobierno de Donald Trump intenta poner freno —como pleno representante de la reacción—, pero que no podrá evitar incluso si llega a establecer una dictadura.

Un ejemplo de ello es el siguiente dato. Según esta encuesta, realizada por investigadores de salud pública de ambas universidades, la proporción de mujeres propietarias de armas aumenta, mientras que la de los hombres disminuye. Las mujeres tienden a poseer un arma para su defensa propia en mayor proporción que los hombres y suelen tener solo una.

Así que para las mujeres la cuestión no radica en poseer un fusil semiautomático o un arsenal en su casa. Bajo estos términos, el asunto del control de armamentos no parece tan difícil de resolver. ¿Llegará ese momento, o el control de las armas en manos de civiles continuará brindando municiones al aumento de las divisiones y el tribalismo en Estados Unidos?


Los comentarios son responsabilidad de quienes los envían. Con el fin de garantizar la calidad de los debates, Cubaencuentro se reserva el derecho a rechazar o eliminar la publicación de comentarios:

  • Que contengan llamados a la violencia.
  • Difamatorios, irrespetuosos, insultantes u obscenos.
  • Referentes a la vida privada de las personas.
  • Discriminatorios hacia cualquier creencia religiosa, raza u orientación sexual.
  • Excesivamente largos.
  • Ajenos al tema de discusión.
  • Que impliquen un intento de suplantación de identidad.
  • Que contengan material escrito por terceros sin el consentimiento de éstos.
  • Que contengan publicidad.

Cubaencuentro no puede mantener correspondencia sobre comentarios rechazados o eliminados debido a lo limitado de su personal.

Los comentarios de usuarios que validen su cuenta de Disqus o que usen una cuenta de Facebook, Twitter o Google para autenticarse, no serán pre-moderados.

Aquí (https://help.disqus.com/customer/portal/articles/960202-verifying-your-disqus-account) puede ver instrucciones para validar su cuenta de Disqus y aquí (https://disqus.com/forgot/) puede recuperar su cuenta de un registro anterior.