Actualizado: 16/10/2017 9:39
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Venezuela, Cuba, Maduro

La cruda realidad (II)

Sin crudo para vender e importando petróleo de Estados Unidos, Venezuela tiene ahora menos que ofrecer a Cuba. Segunda y última parte del análisis

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El programa de Petrocaribe, creado en 2005, fue visto por muchos como un intento del expresidente Hugo Chávez para hacer de Venezuela una potencia dentro de la región latinoamericana. Pero las exportaciones a los miembros del grupo han disminuido con los años: Cuba, el principal comprador de Petrocaribe, importó de Venezuela un promedio de 83.500 barriles por día este año, cifra que representa un 20 % menos que el año pasado, según datos de BMI.

Por el contrario, los envíos a China, India y Estados Unidos, los tres principales compradores de crudo venezolano, aumentaron a 1,54 millones de barriles diarios hasta julio, un 2,7 % más que el promedio en 2015, de acuerdo con información oficial recogida por Bloomberg. Las exportaciones aumentaron a pesar de que la producción cayó a casi un mínimo en seis años, de 2,19 barriles diarios en agosto, según una encuesta que realizó Bloomberg entre compañías y contactos del mercado petrolero. Una cifra incluso inferior a los 2,4 millones de barriles al día señalados por The New York Times más arriba

Las exportaciones a Asia y Estados Unidos han estado avanzando a pesar de la disminución en la producción a expensas de Petrocaribe y también debido a un bajo consumo interno de gasolina y diésel, en tanto Venezuela lucha contra la recesión por tercer año, asegura Roberts.

“En febrero, Venezuela elevó los precios de la gasolina por primera vez desde 1996 lo cual, junto con un fuerte incremento en la inflación, de alguna forma ha liberado algunos suministros de crudo para su exportación”.

La producción de petróleo de Venezuela ha disminuido en medio de la caída en los precios del petróleo y de facturas impagadas a las compañías de perforación.

La disminución de los suministros de petróleo que Venezuela entrega a Cuba con facilidades de pago plantea la amenaza de una crisis energética en la isla, forzándola a buscar nuevas rutas de suministro, según la AFP.

Algunos economistas ya avizoran el espectro de la recesión en el horizonte 2017-2018, explicando que una factura petrolera en alza puede desequilibrar la balanza de pagos de la Isla. Además, temen al impacto de las restricciones en la productividad de la economía nacional y el turismo, nuevo motor de la economía cubana.

“El impacto que enfrentará la economía cubana a partir de 2016 será agudo, dilatado, y en cualquier escenario, parece que llevaría al país a una recesión”, dijo en un reciente estudio el economista cubano Pavel Vidal, de la Universidad Javeriana, Cali.

Sin embargo, diversos expertos señalan que Cuba es hoy menos dependiente de Caracas de lo que lo fue de Moscú. Además, el turismo cubano se ha disparado tras la reconciliación con Estados Unidos, iniciada a finales de 2014, y la Isla ha reordenado sus cuentas con la mayoría de sus acreedores, como muestran acuerdos recientes firmados con Japón y China.

Lo que está por verse es si el programa de cooperación económica e inversión, firmado en abril de este año por los gobernantes de Venezuela y Cuba, podrá sostenerse. El acuerdo incluye “una inversión de $1.428 millones de dólares y 6.954 millones de bolívares”, según declaró el mandatario venezolano, Nicolás Maduro en una alocución transmitida por la televisora gubernamental.

Cuba participa ampliamente en diversos sectores de la economía, el Gobierno e incluso en cuestiones de la vida cotidiana en Venezuela.

Desde que 29 agentes cubanos llegaron a Venezuela en 1997, para ayudar a Hugo Chávez, la participación cubana ha ido creciendo sin medida, al punto que miles de cubanos trabajan y controlan la Administración pública venezolana.

Para marzo de 2014, ya la presencia cubana era considerable en la presidencia, ministerios y empresas estatales. Había cubanos como burócratas, médicos, enfermeras, odontólogos, científicos, maestros, informáticos, analistas, técnicos agrícolas, de electricidad, obreros y cooperantes culturales. También en seguridad, inteligencia e, incluso, en las Fuerzas Armadas, según un artículo de la periodista venezolana Cristina Marcano en el diario español El País.

Para esa fecha los cubanos ya manejaban el sistema de identificación de los venezolanos, sus cédulas de identidad y pasaportes; sus registros mercantiles y notarías públicas. Sabían qué propiedades tenían y qué transacciones hacían los venezolanos. También estaban en sus manos la codirección de los puertos y mantenían una presencia visible en aeropuertos y puntos de control migratorio, donde actuaban a sus anchas.

La firma cubana Albet, SA, de la Universidad de Ciencias Informáticas (UCI), a cuyo cargo están los sistemas del Servicio Administrativo de Identificación, Migración y Extranjería (SAIME), tiene tanto poder que no permite el acceso de venezolanos al último piso de la sede central del servicio en Caracas. También son cubanos los sistemas informáticos de la presidencia, ministerios, programas sociales, servicios policiales y de PDVSA, mediante la empresa mixta Guardián del Alba.

¿Cómo cambiará todo ello, en la medida de que disminuya la entrega de crudo venezolano a Cuba? Si por un tiempo la economía cubana creció a costa de la venezolana, durante la crisis financiera global, y Cuba recibía créditos de Venezuela a tasas del 1 % cuando, en promedio, Venezuela se endeudaba con el resto del mundo a una tasa del 12 % anual, ¿qué ocurrirá ahora?

Si bien no hay señales que de momento indiquen, aunque sea una pequeña relajación en los lazos políticos entre Caracas y La Habana, en el sector económico ya se aprecian los cambios, en especial en el aspecto del envío de petróleo.

Una refinería cubano venezolana, que procesa un máximo de 65.000 barriles diarios de crudo (bpd), cerrará parcialmente durante 120 días este año por mantenimiento y solo operará con una capacidad mínima, de acuerdo a un alto funcionario de PDVSA.

La refinería de la era soviética está produciendo actualmente a una capacidad mínima de 50.000 barriles diarios, ha declarado Luis Morillo, gerente general de la división de PDVSA en Cuba.

Sus comentarios fueron dados a conocer días después de que Raúl Castro, dijo en un discurso que se había producido una contracción de los suministros de combustible pactados con Venezuela, creando más problemas a la economía nacional, que enfrenta una crisis de liquidez.

Nada hace esperar que el Gobierno de Raúl Castro no se mantendrá firme en su apoyo político al venezolano. Lo más probable es que incluso de momento no se producirán afectaciones que lleven a una disminución drástica de los cubanos en diversos servicios en Venezuela. Pero a la crisis económica venezolana, que de momento no parece tener límites, hay que verla desde dos ángulos con relación a Cuba. Uno ya se está experimentando, con la disminución de la entrega de petróleo barato. Pero hay otro más importante, y es el relacionado con los pagos por los servicios prestados por los cubanos.

Maduro tratará de preservar en lo posible los planes sociales con los que sustenta la poca popularidad que le queda. Pero qué ocurrirá cuando la economía le obligue a tomar una medida similar al aumento del precio de la gasolina (que, por otra parte, fue moderado) y se vea obligado a reducir algunos de estos planes. A diferencia de Fidel Castro, no cabe esperar que su hermano esté dispuesto a mantener, por razones ideológicas, igual nivel de cooperación a cambio de menos dinero. En la medida en que los factores políticos no resulten necesarios para la sobrevivencia, Raúl Castro no está interesado en la expansión a otros países, o la trascendencia del sistema imperante más allá de sus fronteras. Y su política exterior, que va más allá de los tradicionales aliados estratégicos de siempre, es un buen indicador de ello. Cuando llegue ese momento, que se avecina, podremos conocer mejor lo que quedará en pie de la alianza entre Cuba y Venezuela.


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